sábado, 31 de enero de 2015

Podemos elogia a los Botín por su contribución "al bienestar social"

Jesús Montero, a la derecha
"No todos los empresarios son iguales". La frase es de Jesús Montero, miembro del Consejo Ciudadano de Podemos y secretario general del partido en Madrid, que en una entrevista en El País ha diferenciado entre "dos culturas empresariales", a la vez que  ha elogiado a la familia Botín y al Banco Santander.
"Hay dos culturas empresariales. Una es casta, la otra quiere contribuir al bienestar social, como la familia Botín en el Banco Santander", asegura Montero en una conversación con John Carlin. El periodista, sorprendido por su respuesta, le pregunta si habla en serio. El miembro de Podemos insiste: "¡Sí! Yo estoy convencido de que hay empresarios de buena voluntad".

miércoles, 28 de enero de 2015

"Los bancos son indispensables para que el capitalismo funcione; los hambrientos, no"

 ¿Se imagina cómo es una vida hecha de días y días sin saber qué va a comer mañana? ¿Una vida que consiste sobre todo en esa incertidumbre, en el esfuerzo de imaginar cómo paliarla, en no poder pensar en casi nada más porque todo pensamiento se tiñe de esa falta?
Así comienza El hambre, el nuevo libro del escritor argentino Martín Caparrós (Buenos Aires, 1957) que llegará a España en febrero. India, Bangladesh, Níger, Sudán del Sur, Burkina Fasso, Kenia, Madagascar, Argentina y Estados Unidos son los lugares que el escritor ha elegido para relatar "la mayor vergüenza de nuestra civilización". .
"El hambre no es como la muestran en televisión; ese chico con la tripa hinchada y las piernas delgadas en un lugar desconocido del mundo", explica Caparrós, de ojos claros como de gato. La gran mayoría de los 25.000 que, según el secretario general de la Naciones Unidas, Ban Ki-moon, mueren al día por causas relacionados con el hambre tienen poco que ver con las hambrunas que aparecen en los diarios. "No podrían: los colapsarían. En los diarios sale lo inhabitual, lo extraordinario", dice. "Los hambrientos son esos olvidados que se acostumbran a comer mal, a sobrevivir con menos de lo que necesitan: a desarrollar peor su cuerpo, su cerebro. A vivir vidas mucho peores casi sin saberlo".
Según Caparrós, "llamamos hambre no solo a la imposibilidad de comer lo necesario, sino también a la posibilidad de morir por enfermedades que se curan con 20 pesos de remedios tomados a tiempo". Durante siete años recorrió los diferentes escenarios de una pandemía que mata más que el ébola, el sida y la malaria juntos. "El hambre es el problema ajeno por antonomasia".
Con frecuencia cuando hablamos de los derechos humanos pensamos en la libertad, la justicia y la paz en el mundo, que no te torturen, no te maten, te permitan expresarte; no solemos pensar en comida. "El derecho a comer es un derecho humano de segunda o tercera. Todos los días, cientos de millones de personas no pueden ejercer su derecho a la alimentación y la indignación suele ser discreta", relata quien ganó en 2004 el Premio Planeta Latinoamérica. De hecho, España aún no ha reconocido el derecho a la alimentación en su Constitución.
"En la sociedad del espectáculo, la malnutrición no tiene cómo ponerse en escena. Los números solo sirven para saber lo que ya sabemos: para convencernos. Enfriar las realidades y volverlas abstractas", reflexiona un ya curtido escritor en mil batallas contra el hambre. .

El hambre es un negocio para muchos

En un mundo en el que viven 7.000 millones de personas y se producen alimentos para 12.000 millones, el problema es sencillo para Caparrós: "Si hay gente que no come suficiente es porque los que tienen comida no quieren dársela". Señala que "solo con el grano que se produce actualmente alcanzaría para que cada hombre, mujer o niño comiera 3.200 calorías por día", el 50% más de lo que necesitan. "El problema no es que seamos muchos; es que haya tantos que viven como si fuéramos pocos", sentencia.
No solo la concentración de riqueza produce desigualdad, también las inversiones financieras con alimentos en la bolsa de Chicago. La utilización de los agrocombustibles como fin distinto al de alimentar o el fenómeno denominado acaparamiento de tierras son para Caparrós causa del hambre. "El colonialismo que ahora llamamos apropiación de tierras es la puesta en escena más grosera de la desigualdad entre países: unos usan las tierras de otros para producir alimentos que todos necesitan; unos se los llevan, otros se quedan sin ellos". Un estudio de la National Academic of Sciences estima que las apropiaciones alcanzan los 100 millones de hectáreas (la suma de Italia, Japón y Gran Bretaña).

Martín Caparrós, autor de 'El Hambre'. Foto: Ekaitz Cancela
Martín Caparrós, autor de 'El Hambre'. Foto: Ekaitz Cancela
"Aunque es curioso -se cuestiona- que los gobiernos gasten fortunas en el rescate de los bancos y no cantidades más modestas en el rescate de los hambrientos. Los bancos son indispensables para que el capitalismo funcione; los hambrientos, no. Llamémoslo desigualdad, capitalismo, la vergüenza".
"Déjelos en el buzón, señora. Desgraciadamente ya nadie roba libros. Si fueran bombones…" dice Caparrós después de un inciso para atender una llamada. El hombre que con 19 años se exilió en Europa parece haber recuperado la esperanza. Con el reloj casi marcando el final de la entrevista, comienza a vislumbrar las claves del cambio. Radical. "Cada uno tiene una responsabilidad individual, que se vuelve colectiva cuando hay muchas personas que llegan a formas de acción comunes".

domingo, 25 de enero de 2015

Cómo se aliaron musulmanas y cristianas en Nigeria para oponerse al extremismo violento

Esther Ibanga, pastora de la ciudad de Jos y fundadora de un grupo llamado Women Without Walls, afirma que habría esperado que el mundo hubiera prestado más atención al asalto del grupo Boko Haram que acabó con cientos, o quizás miles, de vidas nigerianas.

“En el fondo estaba muy enfadada, pero mi ira estaba dirigida a mi gobierno”, comenta Ibanga, la pastora de las misiones cristianas de Jos. “Porque mi gobierno y mis dirigentes tienen que valorar a su propio pueblo. Si ellos no valoran a su propio pueblo primero, ¿por qué esperan que otros lo hagan?”.

Jos es la capital del estado de Plateau, en la zona centro de Nigeria. Está situada cientos de kilómetros al sur de las fortificaciones de Boko Haram en el estado de Borno en el noreste del país. Las tensiones religiosas en la región tuvieron su origen antes de la creación del grupo Boko Haram y se iniciaron más recientemente en la mitad de los años 90.

“Es desafortunado, pero en los últimos años en cierto modo nos hemos acostumbrado a que cristianos y musulmanes no se lleven bien”, dice Ibanga.  Aun cuando las tensiones ya se habían vuelto comunes, la severidad de la masacre de 2010 en la ciudad de Dogo-Nahawa transformaron a Ibanga y a otra mujer local en activistas. “La guerra llegó a los dormitorios”, dice Ibanga. “Las víctimas estaban durmiendo cuando los atacantes entraron en sus habitaciones por la noche y comenzaron a matarlas”.
En respuesta a ello, Ibanga organizó una marcha de 100,000 mujeres, principalmente cristianas, a través de Jos. La idea, según recuerda, era “hacer saber al gobierno que las mujeres del Plateau no iban a permanecer en silencio”. Aun así, en las semanas que siguieron, Ibanga y las otras mujeres descubrieron que la violencia extremista de Dogo-Nahawa era en realidad una represalia por un ataque anterior a la región de militantes cristianos.
“Las mujeres musulmanas reaccionaron entonces, y dijeron: ‘Eh, esperen un minuto, nuestra propia gente también ha sido asesinada'” recuerda Ibanga. Así pues, las musulmanas de Jos organizaron su propia marcha por separado. Pero incluso después de que las cristianas y las musulmanas se manifestaran siguió habiendo enfrentamientos violentos. En ese punto, Ibanga se contactó con una líder musulmana local, Khadija Hawaja. 
“En ese momento fue cuando me di cuenta de que el problema no era religioso, sino político. A pesar de ello, la religión se utilizaba como una herramienta muy poderosa” comenta. “Contacté con Hawaja y le dije: ‘Oye, sabes que tenemos los mismos problemas. En este asunto no se trata de que tú seas musulmana y yo cristiana. Estos políticos provocan los enfrentamientos. Porque todo trata de que ellos mantengan el poder'”.Dado que Jos estaba tan polarizada desde un punto de vista político, las mujeres tuvieron que encontrarse en un “terreno neutral”, un restaurante.“Podrían haberla matado” afirma Ibanga. “Y a mí también, si hubiera entrado en una comunidad musulmana”.
Después de meses de colaboración, Ibanga y Hawaja fundaron el grupo Women Without Walls Initiative. “Queremos acabar con los muros que nos dividen y nos separan, ya sean sociales, étnicos o religiosos”, comenta Ibanga. “En verdad no podemos unirnos a los políticos en esta lucha. Somos madres. Somos dadoras de vida y portadoras de soluciones. Y creemos que deberíamos contribuir con soluciones, más que darle vueltas al problema”.

viernes, 23 de enero de 2015

Restaurantes contra el despilfarro

Menú del día: pavo asado con salsa de arándanos, coliflor gratinada, estofado de judías, quinoa, ensalada de mango y mozzarella y pastel de frutas. Advertencia: la comida ha sido donada o "rescatada" de los supermercados. Precio: Pay As You Feel. Paga como te sientas...
El restaurante se llama Skipchen, que viene de la fusión de cocina y contenedor. Porque mucho de lo que allí sirven se ha salvado milagrosamente de la basura, gracias a la labor de decenas de voluntarios que han decido plantarle cara al despilfarro no sólo en Bristol, sino en media docena de ciudades británicas.
El Skipchens , en el corazón del Stokes Croft, el barrio "bombardeado" en tiempos por el legendario Banksy, es el penúltimo de una original cadena de restaurantes británicos. Bajo el elocuente nombre de The Real Junk Food Project (El Proyecto de la Comida Basura Real), la familia se nutre con locales como Pay As You Feel en Leeds (donde brotó la chispa) o Save the Date en Londres, con ramificaciones en Manchester, Birmingham, Brighton y Newcastle.

Alice Hamilton (27 feb 1869-22 sep 1970)

La Casa del Saber/facebook “Los hombres solo beben demasiado.” “No se lavan las manos.” “Son enfermizos por naturaleza.” Era 1910. La indust...