martes, 28 de abril de 2020

Desobediencia y amor (1)



¿Es el momento de la desobediencia?


        H. D. Thoreau, a mediados de siglo XIX, creía en la necesidad de “ salvar la conciencia antes que el mundo” apuntando, con esta expresión provocadora, a la imposibilidad de salvar el mundo sin la concurrencia de una conciencia formada y operante en la realidad. Para él, el gobierno era un mal necesario del que solo cabe esperar que gobierne lo menos posible. Algo que sólo es posible si existe un mayor protagonismo político por parte de la sociedad. Soñaba nuestro autor en sus largos paseos por las orillas del lago Walden con una sociedad de personas libres y responsables que constituyeran un verdadero contrapoder. También soñaron y trabajaron en esa dirección, maestros de la desobediencia cono M. L. King, quién desde la cárcel de Birmingham escribía: “Existen dos tipos de leyes: las justas y las injustas. Yo soy el primero en defender que se obedezcan las leyes justas (...). Pero, todos tenemos la responsabilidad moral de desobedecer las leyes injustas”

      Si las personas hemos evolucionado, como afirma Erich Fromm, gracias a actos de desobediencia, es porque en ellos se eleva nuestra capacidad para ser libres y responsables, es decir, ser libres responsablemente y responsables libremente. La primera sin la segunda no pasa de rebeldía adolescente y la segunda sin la primera es una sumisión en toda regla por mucho que se disfrace de revolución.

        Lorenzo Milani dirá, que “no hay que despreciar a los que están abajo, pero hay que despreciar siempre a los que apuntan bajo”. “Apuntar bajo” es dejar que se desarrollen las ambiciones mediocres, ceder a la facilidad, dejar que cunda lo vulgar, perder la armonía, aceptar vivir con una máscara. Milani invita a ser soberanos, apuntar alto, no conformarnos con “yo hago lo que puedo” sin intentar un “quiero hacer lo que debo”. Con su fino bisturí dialéctico, nuestro autor, nos alerta ante la pereza de los ideales. Sabe que sólo aquellos que son poseídos por un ideal se atreven a desafiar las leyes, escritas o no escritas, que atentan contra las personas. A la vez que denuncia la “soberanía” estúpida de aquellos que creen poseer los ideales, como si se tratara de un mero producto que podemos adquirir en el supermercado de las buenas intenciones.

       La desobediencia que obedece a una conciencia formada, que se enfrenta a las leyes injustas, que se empeña en ser libre y responsable, que “apunta alto”, es más necesaria que nunca. Esa desobediencia es un acto de amor. Perfectamente posible si decidimos organizarnos con otros y comenzamos a hacer algunas experiencias que nos permitan enfrentarnos mejor a las próximas e inevitables crisis de salud, medioambientales o económicas.

Seguiremos.

Ahora más que nunca Noviolencia

Moisés Mato


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