Me contó una amiga que unos vecinos habían despertado a su familia a las tres de la madrugada dándoles un susto. Estaban llorando apenados por la muerte del perro. Les dijeron que no habían visto llorar tanto a uno de ellos cuando le había muerto su padre. Les contestó: “es que no es lo mismo”. Ciertamente no es lo mismo una cosa y la otra, una persona y un perro, además revela bastante de cómo entiende la relación entre las personas, sus amistades y esperanzas.
Así algunos hablan de humanización de las mascotas y deshumanización de las personas. Posiblemente sea algo más. Hace poco vi en artículos periodísticos la palabra “perrolatría”, que no es muy usual en el vocabulario actual. Viene de juntar dos palabras, PERRO y LATRÍA, que conozco desde niño. Es una concreción de la IDO-LATRÍA, es decir, divinizar de alguna manera a las mascotas. En este contexto no puede sorprender la declaración de Jessica, “amiguita del ministro Ábalos”, que testimonió en el juicio de las mascarillas en el Tribunal Supremo que el ministro le siguió pagando el alquiler del piso (2.700 € mensuales) después de la ruptura sentimental, porque “juntos habían adoptado un gatito”. Quizás no llegue con exclamar, ¡qué sentimentales! Por ello no debe extrañar que haya más del doble de perros y gatos, 16 millones, que de menores de 16 años, 6,6 millones.
León Bloy escribía en “La sangre del pobre” (1909) un capítulo sobre dos cementerios, el de los pobres y el de los perros. Sobre el de los perros dice: “Ni que decir tiene que se trata del cementerio de los perros ricos, pues a él no tienen derecho los perros pobres”. “Sí, los perros poseen un cementerio, un verdadero y hermoso cementerio, con propiedades de tres a treinta años, nicho provisional, monumentos más o menos suntuosos... para que los pobres que pertenecen a la especie humana sean más y mejor insultados”. Y hay epitafios: “Te lloraré siempre y nadie vendrá a ocupar tu puesto”. “Ponnette mía: protege siempre a tu ama”. “Ella era toda nuestra vida”. “Mi cuquito; tu madrecita que desea estar junto a ti”...
León Bloy incluso reflexiona: “Uno se ve obligado a preguntarse si la tontería, decididamente, no es más odiosa que la misma maldad. No creo que el desprecio hacia los pobres haya sido nunca sacado a la luz de un modo más descarado e insolente. ¿Es la resultante de una idolatría demoníaca o de una imbecilidad trascendental? ¡Hay allí monumentos que valen la subsistencia de veinte familias! ... ‘Cuanto más conozco a los hombres, más quiero a mi perro’, dice el monumento a ‘Jappy’, miserable chucho bastardo, cuya innoble efigie de mármol clama venganza al cielo”.
La divinización de las mascotas explica que en el pasado estado de alarma de la pandemia del Covid 19 se permitiese sacar a los perros de paseo pero no a los niños y que se hagan parques para las mascotas en ciudades. También es entendible que crezcan los negocios alrededor de las mascotas y sobre todo el nuevo negocio de la clonación de mascotas, que en 2024 ya alcanzó los 300 millones de dólares. Todo muy en la moral capitalista de que es bueno lo que da dinero y, por qué uno no lo va a hacer si es su deseo y lo puede pagar. Pero no es congruente con una moral humana como ya Leon Bloy escribió: “La más horrible de las maldades es la de oprimir a los débiles, a los que no pueden defenderse”.
Invito a repensar lo que querrá decir el libro del Génesis 2, 20-24, muy anterior a Cristo, que afirma: “El hombre puso nombre a todos los ganados ... mas para el hombre no encontró una ayuda adecuada... Esta vez sí que es hueso de mis huesos y carne de mi carne. Esta será llamada mujer... Por eso deja el hombre a su padre y a su madre y se une a su mujer, y se hacen una sola carne”.
Termino con las palabras del Papa León en su primer viaje a África (abril 2026) sobre los migrantes: “En todo caso, son seres humanos y tenemos que tratar a los seres humanos en un modo humanitario, y no tratarlos muchas veces peor que a las mascotas de casa, o a los animales... Entonces ahí hay un desafío muy grande, aunque un país dice que no podemos recibir más, pero cuando llegan las personas son seres humanos, y merecen el respeto que cada ser humano merece por la dignidad humana”.




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