miércoles, 31 de marzo de 2021

EL MITO DE LA IRRESPONSABILIDAD DE LOS CIUDADANOS


La mortalidad por comunidades autónomas en las llamadas TRES OLAS, o el mito de la IRRESPONSABILIDAD DE LOS CIUDADANOS. 

Como podemos ver en la gráfica, los asturianos decidieron ser buenos y responsables en primavera, pero resulta que en la onda durante el otoño hicieron de “malotes” siendo la comunidad con más mortalidad relativa en ese periodo. Luego aprendieron y en enero-febrero sus fallecimientos no destacan de la mayoría de comunidades, al contrario que los de Valencia, Extremadura y Murcia que después de haber sido ciudadanos cumplidores durante todo el año, se desmadran en pleno invierno.

Habría que encontrar la causa de esos demoniacos cambios de actitud o de la opuesta tendencia a ser cada vez más cívico, como los madrileños, que a pesar de Ayuso mejoran con el paso del tiempo y su tasa de mortalidad se sitúa en otoño e invierno en niveles muy moderados, después del irresponsable “raptus” primaveral que les llevó a encabezar el número de entierros. También nos encontramos a los Navarros que les costó más aprender, se portaron mal en primavera y otoño pero en el nuevo año hicieron propósitos de enmienda, y la “tercera” ola fue leve. Sin que se tomé como un argumento a favor de su unión con el Pais Vasco, este sigue una evolución paralela.

Bueno en serio de verdad alguien se cree este cuento del cumplimiento con las restricciones como explicación de la evolución de esta Pandemia. Pues lo siento pero es una idea ESTUPIDA y PELIGROSA.
(grafica de J Gefael)

Jose R. Loayssa

martes, 30 de marzo de 2021

Escuela y coronavirus. Amigosmilani.es


Escribir juntos la pandemia y sacarle bien su jugo y lo que enseña. Porque la escritura colectiva es probablemente – entre tantas didácticas de Barbiana – la que mejor absorbe la esencia de la buena pedagogía. Si es verdad – y lo es – que nos educamos juntos al afrontar los desafíos colectivos de la vida, hay una buena forma de afrontarlos: escribir juntos delante de ellos y, mujeres y hombres, adultos y menores, de aquí o de allá, ver lo que pasa y sus dimensiones y escribir qué podemos hacer. No hemos escrito un solo texto, salvo un grupo joven y cordobés, pero hemos escrito sobre el mismo reto, como hicieron los chicos del pueblo cuando la transición española. 

Sin duda esta pandemia del “virus chino” desafía al globo terráqueo como no lo iban a inventar ni los avisadores más gafes de la guerra bacteriológica: ¡todos al suelo! De polo a polo ¡con mascarilla!, que viene una muerte rápida imparable… Los aviones en tierra, la fiesta y el turismo a cero, miles de industrias, actividades y negocios de cualquier sector paralizados sin saber hasta cuándo y millones de personas sin curro ni sueldo. Pobreza se llama eso y sin futuro a la vista. Los países se han endeudado por encima de su producto interior bruto anual, que está peor que con el agua al cuello.

Solo en auge los servicios sanitarios (y funerarios), aunque más las farmacéuticas. Sobrevive la alimentación y poco más y no sabemos si habrán quebrado las fábricas de armas ante la falta de vivos que matar. Pero ya exploramos Marte, por si acaso.

¿Y las escuelas? Cerradas han desarrollado los medios a distancia que amenazaban con sorpasar a los profes y a los libros de texto y daban mucho miedo. Unos dicen que la pandemia se cargará la escuela y, otros, que la puede cambiar. Los primeros tratan de mantenerla como sea por teléfono y por Internet. Pero la brecha digital los señala con el dedo: hundís más a los últimos. Los otros – en minoría – dicen que ahora es cuando hay que sacar la escuela a la calle y aprender de verdad con los desafíos que nos toca lidiar, que eso es educar(NOS). Aquí hay muchas ideas para matemáticas, biología, lengua etc. etc. No para religión, que la cosa sigue estando muy clara (aunque no se mencione): “lo que habéis hecho a uno de estos últimos me lo habéis hecho a mí”, como dijo Jesús y lo entiende cualquiera, y lo que habéis hecho al planeta, la casa común, como dice Francisco, os lo vais a comer con pandemia y sin mascarilla.

Amigosmilani.es    

Toda la revista es magnífica. Puede verse (pinchando aquí)  

lunes, 29 de marzo de 2021

La pandemia covid19. Lo que pudo ser y no fue, como si no hubiera podido ser

www.actasanitaria.com    De la sección "El mirador"

Juan Gérvas

El autor presenta así este trabajo: He decidido conceder esta entrevista a RadioCeltiberiaShow porque la entrevistadora, Eugenia Díaz, es quizá la mejor periodista de España en periodismo sanitario y lo demostró al arrojar luz cegadora sobre la violencia obstétrica en el  Hospital Universitario Central de Asturias. Ahora toca la pandemia covid19 y esta es la transcripción de la entrevista que me hizo para ser emitida por la radio.

Pregunta de Eugenia Díaz (PED).- Gracias por atendernos y por su tiempo y conocimientos. ¿Cómo va en su día a día, doctor?
Respuesta de Juan Gérvas (RJG).- Voy bien, disfrutando del invierno en la montaña al norte de Madrid. Estoy jubilado, con salud, me quiere quien yo quiero que me quiera, me ajusto al dinero de la pensión y me adapto a las circunstancias sin tener cinismo ni haber perdido la fuerza de tratar de mejorar este mundo. ¿Qué más puedo pedir?

PED.- Usted sigue la pandemia covid19 desde hace un año, con comentarios y análisis varios, ¿qué le diría a los oyentes para empezar?
RJG.- Que hay esperanza, que la especie humana ha sobrevivido a pestes y otras pandemias, que lo clave es evitar el desasosiego y el pesimismo, que lo que pudo ser y no fue, como si no hubiera podido ser.

PED.- ¿Qué quiere decir con eso de “lo que pudo ser y no fue, como si no hubiera podido ser”?
RJG.- La pandemia covid19 es ya inevitable, sucedió y está sucediendo y, en parte. tiene que ver con el concepto “Una sola salud” (la de todos los seres vivos en el planeta Tierra) que se ha ignorado al no respetar la naturaleza. Expoliamos la naturaleza por codicia, igual que hacinamos a los animales de granja, por el “capitaloceno” destructor de la vida.

A ese “pecado original” de la codicia se suma la respuesta social, la respuesta de una sociedad enferma. Una sociedad a la que se expropia la salud, a la que es fácil atemorizar y anular y de ahí el desastre ante la infección por un nuevo virus respiratorio y el exceso de sufrimiento y de muertes de la pandemia covid19. Pero el daño ya está hecho, conviene no lamerse demasiado las heridas pues lo que pudo ser y no fue, como si no hubiera podido ser. Hay que mirar al futuro.

PED.- ¿Quiere decir que no hay que analizar lo hecho? ¿Que hay que olvidar el daño evitable que se ha hecho?
RJG.- No, no, de ninguna manera. Es clave el análisis de un año de despropósitos, pero a sabiendas de que la historia no la vamos a cambiar y de que lo clave es paliar el daño para que no “pese” tanto, para que no se incremente más y no se repita.

PED.- ¿Qué despropósitos señalaría?
RJG.- Para juzgar el pasado de la pandemia covid19 mejor imaginar el futuro. ¿Se imagina si los 140.000 millones de euros que vienen de la Unión Europea para reparar daños por la pandemia covid19 se emplearan correctamente, sin ser una oportunidad para la corrupción política y empresarial masiva?

Ese dinero podría ayudar a “reparar” y mejorar la sanidad pública, la educación pública, el sistema sociosanitario público, la Ley de Dependencia, los asilos y residencias sociosanitarias, las cárceles, los centros de menores, los centros de internamiento de extranjeros, la renta básica, la salud pública, las organizaciones vecinales, los alojamientos dignos para temporeros, el trabajo de agentes comunitarios para el diagnóstico precoz de la covid19, el apoyo al aislamiento y la cuarentena, el establecimiento de un sistema de datos e información sobre infecciones, etc.

Hay mucho que no se ha hecho y que se podría hacer, desde general como derogar la Ley Mordaza (y facilitar la libre expresión del malestar social en manifestaciones y en canciones y otras expresiones artísticas) y fomentar la participación popular en todas las medidas ante la pandemia covid19, a cuestiones concretas como mejorar y ampliar parques y jardines, facilitar la conciliación familiar y el tener hijos como en Francia y en Suecia, facilitar el acceso a viviendas dignas, tener más y mejores bibliotecas públicas, apoyar al deporte popular, facilitar la independencia de los jóvenes, mantener la educación presencial, controlar los alquileres de viviendas, etc.

Insisto, otro mundo es posible y se puede empezar a cambiarlo con cosas simples y sencillas.

PED.- Me suena a utopía de pre-adolescente, lo siento.
RJG.- Sí, suena a imposible e infantil. Han logrado que lo lógico se vea como utopía de pre-adolescente y de esa manera lo anulan. Conquistan el lenguaje y hasta la capacidad de imaginación.

En un ejemplo, ¿qué ha impedido que estas Navidades pasadas hubieran sido “las navidades del siglo”, con los poderes políticos y económicos promocionando su celebración al aire libre, cerrando calles y parques para facilitar las celebraciones populares, con carpas y techumbres temporales, con grandes mesas y bancos facilitados gratuitamente para sentarse y comer y beber y charlar y bailar en común, con puntos de calefacción y de apoyo, con música enlatada y en directo, sacando a todo el mundo que quisiera del encierro en casa (familiares, amigos, vecinos y demás), celebrando la pandemia con lo común, con la puesta en grupo de bebidas y alimentos, de alegría y de presencias?

En otro ejemplo, ¿qué impidió el regularizar y legalizar a todos los inmigrantes en situación administrativa irregular y lograr una verdadera “sanidad universal”? Se pudo hacer y no se hizo y ya es como si no hubiera podido ser. Pero se echa encima la primavera y el verano, y se puede soñar y hacer esa regularización de personas que viven en nuestro país, con una sanidad universal, y con esas celebraciones comunitarias, en ciudades y pueblos, en campos y en playas.

¡Una política de sanidad universal y anti-confinamiento, de alegría y de vida!

PED.- ¿Está contra los confinamientos?

Los confinamientos se han basado en “modelos matemáticos” sin ciencia, ni equidad, ni ética. Modelos en que no se consideró la población recluida en asilos, por ejemplo.

RJG.- Para decirlo en corto y por derecho, sí, estoy en contra de los confinamientos. Para decirlo en general, en la pandemia covid19 se ha abandonado la ciencia y la racionalidad, tanto en salud pública como en salud clínica.

En la clínica se han empleado medicamentos a sabiendas de que eran inútiles, “por hacer algo”, como la hidroxicloroquina, y ello probablemente ha incrementado la mortalidad en los países ricos, donde también han muerto preferentemente todas las personas tratadas con muchos medicamentos, como los viejos en los asilos.

El virus ha traído la muerte, pero la mortaja la hemos puesto nosotros, con nuestra “civilización” enferma y medicalizadora.

Los confinamientos se han basado en “modelos matemáticos” sin ciencia, ni equidad, ni ética. Modelos en que no se consideró la población recluida en asilos, por ejemplo. Modelos que ignoraron los acontecimientos y personas de los “supercontagios”. Modelos en que no se tuvo en cuenta que los contagios son veinte veces más frecuentes en interiores que en exteriores. Modelos deslumbrantes que dieron “fundamento científico” a las decisiones políticas.

Los confinamientos pueden incluso haber agravado los contagios y muertes, al recluir en el mismo domicilio a sanos y enfermos. De hecho, en Wuhan, China, lo clave fue lograr que el aislamiento y cuarentena no se hiciera en el propio domicilio pues así se evitaron contagios intrafamiliares.

En el futuro hay que lograr programas a largo plazo, y profesionalizados, de agentes comunitarios que se integren en la atención primaria, en barrios ricos y pobres, que conozcan a la comunidad y que puedan ayudar el rápido diagnóstico y a lograr el aislamiento y confinamiento en condiciones dignas, a ser posible fuera del domicilio propio.

PED.- De nuevo me suena a sueño infantil, lo siento.
RJG.- Por supuesto, nos han hecho creer que lo de España es lo mejor, y que los malísimos resultados en sufrimiento, muertes y economía se deben a que “el virus se ha ensañado con nosotros”.

Esa creencia es falsa. España es ejemplo en el mundo de una pésima gestión de la pandemia covid19, de falta de transparencia y de ausencia de rendimiento de cuentas. En España gran parte de la mortalidad se dio en los asilos, dejados “de la mano de dios” como puro negocio, y en los hospitales donde la covid fue una infección nosocomial, con profesionales sanitarios sin los medios de protección adecuados.

En Japón se han logrado excelentes resultados siendo el país más envejecido del mundo. Allí han muerto 69 personas covid19 por cada millón de habitantes, y en España, 1.556 (22 veces más).

En Japón no ha habido confinamiento, sólo normas simples tipo evitar aglomeraciones, hacinamientos y espacios cerrados mal ventilados. También una política de salud pública de localizar a grandes contagiadores a partir de enfermos graves en los hospitales, con el aislamiento digno y la cuarentena apropiada de los contactos.

PED.- Pero en Japón se utiliza la mascarilla desde siempre ¿no?
RJG.- La mascarilla en el exterior es inútil, un puro adorno que se emplea para extender y mantener el miedo.

La mascarilla en el exterior es una mascarada, con todo lo que implica simbólicamente en antropología y sociología.

Recuerde usted las imágenes de las protestas en Estados Unidos contra la violencia de la policía, o las de Argentina con el entierro de Maradona, y sepa que en esos casos no aumentaron los contagios. De hecho disminuyeron pues quienes no fueron a esos actos en el exterior se mantuvieron en sus casas evitando los lugares hacinados cerrados, como centros comerciales.

Sabemos desde siempre que para los virus respiratorios sólo sirven en interiores las mascarillas “profesionales”, N95. De hecho, las mascarillas de tela, caseras, pueden ser contraproducentes.

También sabemos que lo que sirve es lavarse las manos, para el nuevo coronavirus y para todos los demás virus respiratorios. No hay mejor vacuna que lavarse las manos.

PED.- Y de las vacunas ¿qué?
RJG.- Las vacunas contra la covid19 parecen prometedoras, y hay una gran variedad de las mismas, así que es posible que se logre alguna que sirva, evite contagios y el enfermar y la muerte. Es decir, que proteja a individuos y poblaciones.

Estas vacunas con las vacunas biológicas. Lamentablemente, los políticos están logrando hacer creer que son “la solución”, cuando ni siquiera sabemos por cuánto tiempo durará su inmunidad ni si habrá que revacunar a  toda la Humanidad anualmente.

Por eso desarrollan un “pasaporte inmunitario” contra la ciencia, la equidad, la ética y la ley. Logran confundir a la población y hacen olvidar que el verdadero remedio a largo plazo contra las pandemias (covid19 y otras) son las vacunas sociales, como eliminar la pobreza extrema, sumar la participación popular a decisiones políticas y de expertos, disminuir el fracaso escolar, incrementar el estado de bienestar, etc.

PED.- Para terminar, ¿usted no se ha equivocado respecto a la pandemia covid19?

Lamentablemente, los políticos están logrando hacer creer que las vacunas son “la solución”, cuando ni siquiera sabemos por cuánto tiempo durará su inmunidad ni si habrá que revacunar a  toda la Humanidad anualmente

RJG.- ¡Más de una vez, y quizá ahora mismo me estaré equivocando!

Por ejemplo, no me hice idea de la contagiosidad del nuevo coronavirus, SARS-CoV-2, por lo que no imaginé en enero y febrero de 2020 el número de muertes en el mundo al cabo de un año. Pero corregí enseguida y en marzo ya estaba proponiendo medidas que mantengo hoy en día, con eficacia probada.

También me equivoqué con el modelo de “dejar hacer”, que en Suecia ha funcionado (1.305 muertes covid19 por millón de habitantes, menos que en España) y ha sido un fracaso en el Reino Unido (1.847 muertes covid19 por millón de habitantes, más que en España).

Luego corregí, pero en los primeros días también ignoré el ejemplo de Taiwán, que hasta ahora ha tenido 0,4 muertes por millón de habitantes, sin confinamientos, con las escuelas y centros docentes abiertos, a base del inteligente aislamiento y cuarentena de casos y contactos. Allí con medios tecnológicos y riqueza y en Kerala (India) lo mismo en la pobreza, con 127 muertos covid19 por millón de habitantes.

Hay que decir, que el ejemplo de Taiwán, desde finales de diciembre de 2019, fue ignorado y no difundido por la Organización Mundial de la Salud, en manos de China. China considera que Taiwán es una “provincia” y por ello no pertenece a la Organización Mundial de la Salud, ni tiene casi voz internacional, lo que en este caso ha sido funesto.

En fin. Hay que desconfiar de quien diga que no se ha equivocado y que tiene la solución para lo que se viene.

PED.- ¿Usted está a favor de China o de Taiwán?
RJG.- Estoy a favor de “una única China democrática” en que convivan la China continental (la ChinaChina) y la insular (Taiwán) y en que el partido comunista triunfe en las urnas, como sucede en Kerala (India).

PED.- Muchas gracias. Le mandaré la transcripción y le tendré al tanto de su emisión.
RJG.- Gracias a usted por sus inteligentes preguntas. Siga en este camino de ayudar a entender el mundo sanitario.

viernes, 26 de marzo de 2021

Hoy empieza todo

«Hoy empieza todo» es, como se sabe, una de las películas (1999) más conocidas y celebradas de Bertrand Tavernier (1941-2021), el lúcido director francés recientemente fallecido. De esas que impactan. Vaya este artículo en homenaje a este film valiente y a su creador. No puedo dejar de relacionarlo con otro muy anterior que me impresionó vivamente de joven, representativo de una época y un movimiento cultural, la nouvelle vague, nacida en Francia a finales de los 50: «Los cuatrocientos golpes» (François Truffaut, 1959). Lo digo porque, como éste, aquélla tiene las características de las películas de dicho estilo cinematográfico, aunque cuatro decenios después. Ya que representa la vida con sus realidades más verdaderas, a menudo muy crudas, como una de las formas más inteligentes de la libertad de expresión, que, sobre todo, pretende hacer pensar al espectador. El cine no es sólo fantasía, aventuras, dramas y evasión, sino reflejo, reflexión e interpretación de la vida, ya sea la del pasado, la del presente o la del futuro. 

En una entrevista publicada en El País Semanal del 11/12/2005, refiriéndose a la educación en Francia cuenta un indignado Tavernier que “mi mujer se presentó a un examen para ser maestra que era alucinante, porque le exigían un nivel teórico elevadísimo. Nada sobre la forma de enseñar a chavales de culturas diferentes que apenas conocen el francés, a gente que no dispone ni de una mesa libre en casa en la que hacer los deberes. Ésas son las cosas importantes. Eso es lo que hay que ir a ver y analizar. Conozco a profesores fantásticos que me dicen que lo primero que hacen para impartir clases en estos suburbios es tirar a la basura todo lo que han estudiado durante cuatro años”.

A muchos maestros también nos ha pasado lo mismo. En el preciso instante en que nos enfrentábamos a la realidad de la escuela, ese día empezaba todo, problemas y más problemas que se repetían día tras día, y tuvimos que encararlos sin estar seguros de nada, desprendiéndonos de tanta pedagogía inútil, a golpe de ensayo y error, con escasos recursos, imaginación y buena voluntad. “¿Y ahora qué?”, nos preguntábamos desconcertados, inermes, en medio de una clase, frente a las miradas expectantes, interrogadoras o desafiantes de los chavales, cada uno con su mochila particular de insospechadas realidades familiares y sociales. Pero nos mantenía un fin superior, el de ayudar y acompañar a esos muchachos concretos en su formación. O sea, el de intentar hacer lo mejor posible nuestro trabajo docente y ejercer sobre ellos una buena influencia. 
Hablando de los fines y los medios, los alumnos de la Escuela de Barbiana nos lo describieron bellamente, también desde la indignación, hace más de cincuenta años en su famosa Carta a una maestra (PPC, Madrid, 2017): «Se busca un fin. Tiene que ser honesto. Grande. Que no suponga en el chico otra cosa que el ser un hombre. Es decir, que sirva a los creyentes y a los ateos.(…)Sin embargo, pretendemos educar a los chicos con mayor ambición. ¡Llegar a ser soberanos! Y no médico o ingeniero!». Y más adelante, cuando aciertan con una comparación gloriosa, por gráfica y atinada, que se ha hecho famosa: « Pero si los perdemos (a los chicos que expulsa) la escuela ya no es escuela. Es un hospital que cura a los sanos y rechaza a los enfermos. Se convierte en un instrumento de diferenciación cada vez más irremediable». Para terminan con la conclusión inevitable y cierta: «La escuela no tiene más que un problema. Los chicos que pierde». 

Pero hay maestros que salvan. Al que más y al que menos le llamaron de colegial zoquete, torpe o inútil para los estudios (cancre se dice en Francia). A mí, más de una vez, como a Daniel Pennac, el cancre profesor y escritor que nos cuesta su historia denunciando los males de la escuela en el exitoso libro Mal de escuela (Mondadori, 2008), refiriéndose a la importancia y la responsabilidad de ser un buen (o mal) maestro. Y también como él tuve algunos maestros que me salvaron, que creyeron en mí, que es de lo que se trata. Pennac lo cuenta mejor: «Los profesores que me salvaron —y que hicieron de mí un profesor— no estaban formados para hacerlo. No se preocuparon de los orígenes de mi incapacidad escolar. No perdieron el tiempo buscando sus causas ni tampoco sermoneándome. Eran adultos enfrentados a adolescentes en peligro. Se dijeron que era urgente. Se zambulleron de nuevo, día tras día, más y más... Y acabaron sacándome de allí. Y a muchos otros conmigo. Literalmente, nos repescaron. Les debemos la vida». 

Siempre empieza todo. «Hagas lo que hagas, ámalo», le dice Alfredo, el operador de cámara del cine “Paradiso”, a Totó, ya adolescente, en su emotiva despedida, en la inolvidable película de Giuseppe Tornatore “Cinema Paradiso” (1988). De eso se trata, para afrontar la realidad educativa con pasión y convicción. Este precioso párrafo de Josefina Aldecoa lo describe perfectamente, de quien ama apasionadamente la enseñanza: “Cada día surgía un nuevo obstáculo y, a la vez, el reto de resolverlo. Los niños avanzaban, vibraban, aprendían. Y yo me sentía enardecida con los resultados de ese aprendizaje que era al mismo tiempo el mío... Yo me decía: “No puede existir dedicación más hermosa que ésta”. Compartir con los niños lo que yo ya sabía, despertar en ellos el deseo de averiguar por su cuenta la causa de los fenómenos, las razones de los hechos históricos. Ése era el milagro de una profesión que estaba empezando a vivir y que me mantenía contenta a pesar de la nieve y de la cocina oscura, a pesar de lo poco que aparentemente me daban y lo mucho que yo tenía que dar. O quizá por eso mismo. Una exaltación juvenil me trastornaba y un aura de heroína me rodeaba ante mis ojos. Tenía que pasar mucho tiempo hasta que yo me diera cuenta de que lo que me daban los niños valía mucho más que todo lo que ellos recibían de mí” (Aldecoa, Josefina R., Historia de una maestra, Anagrama, Madrid, 1990).

Pero el sistema educativo es como un monstruo dormido que es necesario despertar. En esto de la educación, todos somos entendidos, como en el fútbol, que cada aficionado sabe tanto o más que el entrenador. El filósofo y profesor José Antonio Marina lo explica muy bien, cuando se refiere al inmovilismo de la educación oficial que imposibilita su necesaria y profunda renovación, y la urgencia de consensuar entre las diferentes fuerzas políticas, con generosidad y amplitud de miras, un buen pacto educativo, estable, en vez de utilizarla como pierda arrojadiza y de estar cambiando las leyes educativas cada vez que entra un nuevo gobierno: “Todo el mundo que habla de educación finge certezas que no tiene. No hay recetas mágicas, ni pedagogías milagrosas. Por eso, lo más sabio que se ha dicho sobre educación está recogido en el proverbio de una tribu africana: “Para educar a un niño hace falta la tribu entera”. Necesitamos ponernos de acuerdo en los fines de la educación, y, a continuación, discutir y poner a prueba los procedimientos para conseguirlos. Nuestro sistema educativo es en la actualidad un diplodocus dormido, es decir, un organismo poderosísimo en un irritante estado de pasividad. No necesitamos leyes, no necesitamos más teorías pedagógicas, lo que necesitamos es recuperar la vitalidad y el ánimo”. (Marina, J. A., Despertad al diplodocus, Ariel, Barcelona, 2015).

Y mucha culpa de ello tiene la pedagogía actual, que se ha reducido a mera didáctica y a un conjunto de ideas y conceptos que forman un corpus teórico, grandilocuente y estéril, formado por una jerga terminológica ridícula, alejada de la realidad cotidiana y del sentido que significa la urgencia del “hoy comienza todo” que estamos comentando, olvidando los valores democráticos de convivencia, justicia, igualdad y libertad que la sustentan y su propia esencia, la del amor y la solidaridad, como señala sabiamente Emilio Lledó «La pedagogía actual, imitando ciertas corrientes americanas, está cargada de conceptos vacíos. Por el contrario, es algo de puro sentido común: la pedagogía del amor; que el profesor, el maestro, sea capaz de contagiar el amor por el saber que enseña. Es algo muy sencillo, pero hay todo un tinglado del que viven los llamados pedagogos». (Lledó, E., Fidelidad a Grecia, Taurus, 2020). 

Todo un enfoque diametralmente distinto que conecta perfectamente con el axioma pedagógico de Lorenzo Milani: «no se puede educar sin amar», el concepto educativo de Paulo Freire: «nadie educa a nadie, sino en comunión, mediatizados por el mundo» o con las propuestas pedagógicas de José Luis Corzo cuando nos habla de los desafíos, las relaciones y los símbolos: «La tarea de la educación está servida -como en los desafíos- si comprendemos la importancia de la relación como zona sensible de nuestra maduración personal -la educación-, que se puede estimular en la escuela como en otras estancias de cada vida humana». ( Corzo, J.L., Con la escuela hemos topado, PPC, 2020, p.60).

Ahora más que nunca: Más y mejor escuela para todos

Alfonso Díez Prieto

martes, 23 de marzo de 2021

Las MASCARILLAS en todo momento, otra MENTIRA del GOBIERNO y sus EXPERTOS.





Estudio que debería servir para no solo rechazar el uso universal de la mascarilla sino para ENCARCELAR a los que la han impuesto en vez de a los que no cumplen con esa norma absurda. La conclusión del estudio es que el aire exhalado por una persona, que no lleva mascarilla cuando habla, tiende a moverse hacia abajo por la gravedad. 
Pero cuando se usa mascarilla, la nube de vapor tiende a adherirse al cuerpo de la persona y el aire fluye hacia arriba porque hay una temperatura más elevada dentro de la mascarilla. ES DECIR ES UN ARTILUGIO PARA AEROSOLIZAR EL VIRUS. La alternativa es utilizar escafandra o NADA, salvo en espacios cerrados de riesgo.

Ha aparecido una nueva revisión sobre el uso de mascarillas en la comunidad. A pesar de ser un estudio realizado por el Centro Europeo de Control de la Enfermedad (Using face masks in the community: first update - Effectiveness in reducing transmission of COVID-19), es poco entusiasta con las mascarillas, reconoce escasez de envidencia y defiende que en todo caso se utilicen cerca de un enfermo, en espacios cerrados y en aglomeraciones. Sus recomendaciones son:

En áreas con transmisión comunitaria de COVID-19, se recomienda usar una mascarilla médica o no médica en espacios públicos confinados y se puede considerar en aglomeraciones al aire libre.

Para las personas vulnerables al COVID-19 severo, como las personas mayores o las personas con afecciones médicas subyacentes, se recomienda el uso de mascarillas médicas como medio de protección personal en los entornos mencionados anteriormente.

En los hogares, se recomienda el uso de mascarillas médicas para personas con síntomas de COVID-19 o COVID-19 confirmado y para las personas que comparten su hogar.

Cual es la respuesta de los ineptos y sádicos “expertos” del Gobierno, pues seguir actuando de “voz de su amo”.

Ahora más que nunca:  VERDAD
José R. Loayssa
+info:

viernes, 19 de marzo de 2021

DISTOPÍA Y TRABAJO DOMÉSTICO Y DE CUIDADOS

En los últimos años se han puesto de moda las DISTOPÍAS, libros, series y películas que hablan de mundos terribles y crueles: “Los Juegos del Hambre”, “Divergente”, “Black Mirror” o “El cuento de la Criada”, son algunos ejemplos de esto. Historias de ficción, que demasiadas veces recuerdan a nuestra realidad cotidiana.

Fijémonos en nuestro país, y miremos por una parte la realidad de la migración y por otra la de los trabajos de cuidado. Veremos:

- Una sociedad española envejecida, con más mascotas que niños.

- Con muchos ancianos y ancianas a los que su familia no puede cuidar, por la realidad sociolaboral que se impone, o directamente no quiere cuidar por lo que eso supone.

- Una realidad de gente joven y fuerte en países empobrecidos, a los que se les niega un futuro para vivir en su tierra.

- Miles de desplazamientos de personas jóvenes a nuestra tierra. Migraciones “forzosas”, pues no se puede hablar de voluntariedad cuando falta lo básico para vivir. Personas que dejan atrás familia, corazón, paisajes, olores y sabores.

- Una ley de extranjería que condena a la invisibilidad y la explotación a los recién llegados pobres. Se extiende el miedo, y con él el silencio, y se acepta cualquier cosa porque se necesita sobrevivir, y se dejan de exigir derechos básicos, y llega la vulnerabilidad.

Y se acaba aceptando como solución social al cuidado de nuestros mayores que mujeres jóvenes trabajen en condiciones de explotación (dinamitando los derechos laborales de estas mujeres en lo referente a salario, seguridad social, vacaciones, horas de trabajo y descanso diario y semanal...).

Y como resultado final, vemos como nuestra sociedad se va convirtiendo en uno de esos mundos distópicos, donde para el bienestar de unos pocos se condena a muchos, a través tanto de leyes injustas como del silencio, la inconsciencia o la ignorancia de la realidad de la mayoría.

¿Empezamos a hacer algo para cambiarlo?

Una sociedad en que padecemos (más o menos) estas situaciones tenemos que seguir dialogando y comprometiéndonos para responder a los problemas existentes.

Las que se han hecho conscientes de esta situación, pueden hacerlo público, denunciarlo, colaborar con las personas que lo sufren y trabajar para cambiar una realidad de injusticia institucionalizada.

Las personas que se están beneficiando de esa explotación, tienen que romper con la dinámica de deshumanización en la que están directamente implicados.

Y así podremos conseguir que nuestra sociedad se parezca cada día un poco menos a esas terribles distopías.

Ahora más que nunca: Verdad

Nuria Sánchez Díaz de la Isla

jueves, 18 de marzo de 2021

MELILLA: 170 NIÑOS RESIDENTES SIN ESCUELA

José Palazón/facebook
El colectivo de unos 170 niños y niñas residentes en Melilla llevan ya tres años de lucha para ser escolarizados. El gobierno progre actual se niega a reconocer que viven en la ciudad y por lo tanto no los escolariza. Muchos han entregado el padrón en la ciudad para demostrar que son residentes en Melilla pero aún así el gobierno progresista de Melilla sigue sin escolarizarlos.

Es el primer gobierno conocido que no reconoce sus propios actos, que no reconoce a una persona empadronada como residente en la ciudad. Tenemos una coalición de CDS-PSOE-CPM. Educación lo lleva directamente PSOE..
Los niños y niñas llevan tres años de lucha para ser escolarizados y los políticos progres nacionales y locales responsables de su no escolarización riéndose de ellos y disfrutando de una impunidad absoluta, mostrando un desprecio total por leyes, instituciones, organizaciones, personas, niños y niñas que reclaman ir al colegio.

Son un grupito de progres de los que VOX tiene mucho que aprender.

El amor sencillo de la mano izquierda

Hay formas de amor -las pequeñas formas de amor- que pasan casi siempre desapercibidas. Son las que hace la gente sencilla, la gente pobre, ...