miércoles, 1 de diciembre de 2021

SÍNTESIS DEL SEMINARIO DE INNOVACIÓN EN ATENCIÓN PRIMARIA «COVID19: DEL ESTADO DE ALARMA AL ESTADO DE SOLIDARIDAD»


-Zaragoza (España). 19 y 20 de noviembre 2021-

INTRODUCCIÓN

En tiempos históricos, excepcionales, se pretenden comportamientos heroicos. Pero lo que se precisa son simples comportamientos cívicos ya que, ante hechos extraordinarios, es fundamental el sencillo heroísmo de la vida diaria que se expresa como sentido común y tranquilidad (en estas situaciones es clave hacer lo que se debe, lo que la sociedad espera de cada cual).

Lamentablemente, frente a la situación extraordinaria que ha generado la pandemia covid19, provocada por el SARS-CoV-2, ha habido mucho de desmesura y no siempre ha prevalecido el sentido común y la tranquilidad y por ello, ante el consiguiente desasosiego profesional y social, ha habido respuestas “de base” varias. Entre ellas, las asociaciones vecinales de apoyo ante la soledad y la pobreza, el Parto es Nuestro ante el incremento de la violencia obstétrica asociada a protocolos sin fundamento científico (que llevaron a, por ejemplo, cesáreas innecesarias), etc.

También, el Seminario de Innovación en Atención Primaria “Covid19: del estado de alarma al de solidaridad”, organizado por el Equipo CESCA, en el que 326 profesionales, estudiantes y legos de varios países han participado virtualmente desde marzo de 2020 hasta la actualidad. Este Seminario ha tenido una fase presencial en la Facultad de Medicina de la Universidad de Zaragoza los días 19 y 20 de noviembre de 2021, con apoyo de la Delegación de Estudiantes y de la Red Española de Atención Primaria y participación presencial de 88 profesionales, estudiantes y legos.

PUNTOS CLAVE

En síntesis, podemos destacar las siguientes cuestiones del debate presencial (fuertemente influido por el debate virtual previo):

  • Es imprescindible el cumplimiento del básico primum non nocere, el “primero no hacer daño”. Es clave tener en cuenta que toda intervención sanitaria puede dañar por más que sea bien intencionada.
  • Pueden dañar los medicamentos (vacunas incluidas), los consejos sobre comportamientos, las medidas no farmacológicas como las mascarillas y confinamientos, los cierre escolares, las intervenciones diagnósticas, los “pasaportes/certificados covid19”, etc, y, sobre todo, puede causarse mayor daño a grupos vulnerables (de dinámicas cambiantes).
  • Todas las propuestas de intervención y de no intervención deberían llevar un plan de evaluación que considere tanto posibles beneficios como posibles daños. Por ejemplo, sobre los comentados “pasaportes/certificados covid19”, para viajes y usos diario, es imprescindible un plan que incluya el debate para evitar la razón instrumental (el contestar sólo a dos preguntas, “¿Se puede hacer técnicamente?” y “¿Cumple sus propósitos?” olvidando la reflexión ética acerca de “¿Cuáles son sus consecuencias?”) pues tales pasaportes/certificados, entre otros efectos adversos, legitiman la respuesta tecnológica y el control social digital.
  • En la pandemia es fundamental una epidemiología básica capaz de responder a preguntas esenciales tipo: 1/ ¿qué?, 2/ ¿quién?, 3/ ¿cuándo? y 4/ ¿dónde? Hemos vivido y seguimos viviendo en un mar de datos que, irónicamente, no permiten conocer cuestiones básicas, como la mortalidad covid por ocupaciones (tipos de trabajo).
  • En noviembre de 2021 seguimos en la niebla epidemiológica ya que carecemos de información suficiente, por ejemplo, para determinar en la infancia-adolescencia la razón de letalidad de la infección (la proporción de muertes entre todas las personas infectadas) y la razón de  letalidad de los casos (la proporción de muertes entre los casos confirmados).
  • Conocer la letalidad real de la infección en los niños es fundamental para sopesar las ventajas e inconvenientes de su vacunación. En España, si consideramos la presumible gran infradetección de casos en los niños (mucho mayor que en adultos), la letalidad real podría ser de 1 por 100.000 o inferior. Precisamos estudios de seroprevalencia y de inmunidad celular.
  • En otros ejemplos, la falta de estudios de “casos” en lo que respecta a la mortalidad en centros socio-sanitarios, las carencias de estudios en poblaciones invisibles entre invisibles como prostitutas, etc.
  • Como problema general, la incapacidad para transformar en conocimiento el sufrimiento de los “casos personales” (que llaman anécdotas) por la preponderancia de la visión cuantitativa sobre la cualitativa. Bien se demuestra en la covid19 persistente, donde la narrativa de los pacientes se ha estrellado contra la soberbia de una medicina que desprecia los “síntomas médicamente inexplicables”.
  • La necesaria visión global general al considerar beneficios y daños. Son beneficios y daños los cambios a corto y largo plazo del estado de salud de personas, comunidades y poblaciones, en un amplio sentido.
  • Por ejemplo, es beneficio el soporte con los ERTE (Expediente de Regulación Temporal de Empleo) al consecuente desempleo generado por las normas de confinamiento, “pasaporte/certificado covid19”, toque de queda y otras, y es dañino el incremento de la inflación como consecuencia de los gastos y el derroche por la pandemia, pues tal incremento repercute en la capacidad de compra, especialmente de personas y familias de menor nivel económico.
  • Es beneficio la demostración de la potencia de los lazos comunitarios en situaciones extremas, y es daño el incremento con la pandemia de la violencia machista y contra infancia y ancianidad.
  • En otro ejemplo, es beneficio la probable disminución a corto plazo de los contagios por covid19 por las vacunas, y puede ser daño el incremento de contagios por cambios en la conducta de las personas vacunadas.
  • En el sentido social, es beneficio el implantar decididamente el Escudo Social desarrollado por el Gobierno de España (con sus debilidades, lamentablemente) y es daño el desarrollo de prácticas autoritarias aceptadas por la población. Etc.
  • Es necesario ver la pandemia como sindemia; es decir, como el encuentro del nuevo coronavirus con una sociedad enferma (sobreuso de medicamentos, obesidad generalizada, desigualdad socioeconómica, marginación de grupos varios, medicina patriarcal, expropiación de la salud, vulnerabilidad omnipresente, etc.).
  • Gran parte de las dificultades durante la pandemia se deben a problemas estructurales, básicamente a la escasa inversión en programas y organizaciones que protejan a la infancia y las familias, a la salud y la enseñanza, al desempleo y la vejez, a grupos específicos (personas en situación de dependencia, en las cárceles, etc.) y a la población general.
  • Por ejemplo, el incremento de la pobreza (especialmente por su impacto en la infancia), con dificultades de todo tipo para acceder a las escasas ayudas previstas; también la privatización y falta de regularización de las residencias sociosanitarias.
  • En otro ejemplo, el abandono de la atención primaria y de la atención hospitalaria públicas cuyos problemas se han agudizado con la pandemia y llevado a un incremento de las pólizas de aseguramiento privado.
  • Clave en la pandemia, la escasa inversión y desarrollo previo de la salud pública con falta de métodos de vigilancia y una capacidad insuficiente para llevar a cabo las necesarias investigaciones de casos a gran escala.
  • La misma sociedad que genera problemas estructurales al aceptar la baja inversión en lo público, genera desasosiego y malestar en personas, familias y comunidades.
  • Una economía capitalista, movida por el beneficio empresarial y no por el bienestar común, crea una sociedad insatisfecha, abrumada por el miedo a los inconvenientes de la vida.
  • Esta sociedad insatisfecha busca en los medicamentos y terapias psi un alivio vicariante, y en la exigencia de seguridad a toda costa una forma de consuelo ante el devenir vital de trabajos precarios y mal pagados, de vidas sincopadas y desarraigadas, de destino final viviendo y muriendo en los, muchas veces, mal gestionados centros socio-sanitarios.
  • El rechazo al sufrimiento, las enfermedades y la muerte lleva a la búsqueda del “riesgo cero”, que se espera conseguir con una prevención omnipotente (“pornoprevención”).
  • Cuando fracasa dicha prevención se intenta explicar culpando al enfermo (que fuma o consume otras drogas, se alimenta de comida basura-chatarra, no hace ejercicio físico, vive con ansiedad, tiene un pésimo estilo de vida, etc.) y transformando la enfermedad en justo castigo del pecado.
  • Todo ello lo ha favorecido en la pandemia un lenguaje militarizado que impone soluciones simples, con sus metáforas cargadas de arrogancia e ignorancia, como “es una guerra”, “quédate en casa”, “aplanar la curva”, “la vacuna es la solución”, “ahora no es tiempo de discrepar”, etc.
  • De ahí el salto a la criminalización de quienes se juzgan culpables, como ha puesto de relieve la pandemia: criminalización de la infancia, presentada como vehículo de contagio, criminalización de inmigrantes como portadores del SARS-CoV-2, criminalización de la juventud por su contagiante bullicio y ocio, criminalización de no-vacunados como culpables de los nuevos contagios y de las mutaciones víricas, etc.
  • Criminalización que en su lógica conlleva penalizaciones y uso de la policía (y hasta del ejército), como en Singapur al negar tratamientos a los no vacunados covid19, en Austria a su confinamiento selectivo, en Australia a reclusión en campos de concentración de contagiados y contactos y en casi todos los países a prohibir a los no vacunados covid19 el desplazamiento en transportes públicos, el ingreso en bares y restaurantes, y la participación en eventos varios, e incluso el trabajar (en Italia en general, y en varios países a los profesionales sanitarios no vacunados).
  • Las penalizaciones buscan el acatamiento de medidas autoritarias simples que pueden derivar en normas dictatoriales justificadas siempre “por la salud”, con un paternalismo salubrista que pretende vidas ejemplares ignorando que “todos los caminos de la virtud conducen al nazismo”.
  • Se precisan respuestas científicas en el sentido propio del término, bien lejos de la simplicidad de la “dictadura de los expertos” que ha focalizado en la pura biología los complejos problemas de la sindemia.
  • Ni siquiera ha habido transparencia acerca de los debates de tales expertos, ni de su trabajo con los políticos, pero tampoco ha habido escucha de otras áreas científicas, como la sociología y la antropología, ni de campos más generales, como la filosofía y la pedagogía.
  • Además, es imprescindible sumar las experiencias y saberes de quienes sufren la pandemia en carne propia, desde la infancia a la ancianidad, desde los marginados a los desempleados, desde los adolescentes en casas de acogida a las personas sin techo, desde los profesionales clínicos sanitarios a los “trabajadores esenciales” (limpieza, cuidados, etc.) pues sus conocimientos añaden perspectivas que ayudan en la toma de decisiones “heroicas” (como hemos señalado, de sentido común, con tranquilidad).
  • Queda, además, toda la tarea de evaluación para identificar aciertos y errores, pedir perdón si ha habido daños evitables, repararlos en lo posible y tomar decisiones que mejoren las respuestas ante próximas pandemias.
  • Habría que evitar la simplificación de protocolos ingenuos y cambiantes, a veces carentes de fundamento científico y en general aplicados con un rigor excesivo que lleva a ignorar las peculiaridades de personas, familias y comunidades y con ello ponen en peligro la seguridad del paciente.
  • Al respecto, existen centros de salud de atención primaria con capacidad auto-organizativa de forma que adaptaron/adaptan los protocolos y normas a las necesidades de sus pacientes y comunidades, y convendría emplear su ejemplo para benchmarking (modelo de buenas prácticas).
  • Respecto a las vacunas covid19 se pusieron excesivas esperanzas en su impacto para lograr “volver a la nueva normalidad”.
  • En la práctica, las cosas no están resultando sencillas, tanto por problemas en los ensayos clínicos de las vacunas, especialmente respecto a la transparencia y el acceso a los datos brutos, como por los efectos adversos y sobre todo por la pérdida de inmunidad al cabo de pocos meses. Ello ha hecho imperativo el añadir una dosis de recuerdo y provocado debates enconados acerca de la efectividad vacunal, con la consiguiente reticencia a la vacunación y a la re-vacunación.
  • En la Universidad los problemas se centraron especialmente en torno a la docencia, con una estructura que no estaba preparada para la actividad virtual, y con unas prácticas perdidas por más que sean esenciales en Medicina. En cierta forma la Universidad no ha propiciado debates, dentro y fuera de su estructura, acerca de asuntos científicos y sociales de la pandemia. Por ello no es extraño la falta de Proyectos de Fin de Grado sobre dichas cuestiones. Es urgente la necesidad de cambio tanto en forma como en fondo en lo que respecta a la formación académica en general y especialmente a la formación universitaria.

CONCLUSIONES

La pandemia ha supuesto el encuentro de un nuevo virus, el SARS-CoV-2, con una sociedad enferma, en el sentido de desigual e infeliz.

Así, ante la pandemia, las respuestas políticas y de salud pública están agudizando las contradicciones sociales, especialmente al declarar anatema la discrepancia y el debate. Las respuestas simples a problemas complejos eluden los matices (que generan riqueza mental y libertad) y facilitan la difusión de ideas totalitarias de final incierto.

Es hora de generar dinámicas que permitan la participación popular y profesional para cambiar una sociedad que acepta sumisa graves daños, presentes y futuros, en la pandemia y en general (crisis climática, violencias estructurales, etc.).

NOTAS

En los SIAP no hay brecha de género, en el SIAPcovid19, tampoco.

Está demostrado que en las reuniones científicas y profesionales las mujeres participan menos en los debates, aunque haya igualdad de sexos entre ponentes (aquí y aquí). Al parecer, si es varón el primero que hace preguntas o comentarios en un debate todavía baja más la participación femenina. Por eso hace años que analizamos la participación por género en los Seminarios de Innovación en Atención Primaria (SIAP), en los que no se demuestra tal brecha.

Datos del SIAPcovid19 presencial:

  • En el #siap2021, de «Seminario covid19: del estado de alarma al estado de solidaridad» hubo 165 inscripciones, el 101 de mujeres (61%).
  • Hemos tenido 12 ponencias, y en el mes de debate virtual (on-line) de los resúmenes de las mismas hemos tenido 155 comentarios-respuestas a las preguntas que iban en dichos resúmenes, de ellas 107 de mujeres (69%).
  • Sólo dos debates virtuales fueron iniciados por varones, y en ellos hubo en total 18 comentarios-respuestas, 8 de mujeres (44%).
  • En el debate presencial en Zaragoza hemos tenido las 12 ponencias, en una reunión que ha ocupado en total 690 minutos (once horas y media, en dos días), y de ellos 91 se han dedicado a «cafés-descansos».
  • Los 599 minutos de reunión en sí se reparten entre 329 min para ponentes y 270 minutos para debate con asistentes.
  • Para las 12 ponencias hemos contado con 17 ponentes, siendo 10 mujeres (el 59%).
  • La asistencia ha variado entre un máximo de 101 y un mínimo de 72 personas; si elegimos un punto medio comprobado de asistencia, de 88 personas, hubo 35 varones y 53 mujeres (60%).
  • Por parte de la audiencia hubo 105 preguntas-comentarios, 55 de mujeres (52%).
  • En 7 casos (del debate de las 12 ponencias) inició el debate un varón, y hubo un total de 67 intervenciones en estos casos, 32 de mujeres (48%).
  • En total los ponentes respondieron oralmente en 54 ocasiones.
  • En resumen, ha habido un total de 260 intervenciones en el total del Seminario (virtual y presencial), siendo 157 de mujeres (60%) sobre una audiencia en torno también al 60%.
  • El ámbito virtual coincide con mayor participación femenina.
  • Cuando la primera intervención es de un varón ciertamente baja un poco la participación femenina, tanto en lo virtual como en lo presencial.

Respecto a cuentas

Ponentes y participantes no han pagado inscripción alguna y no han recibido remuneración alguna, y han cubierto de su bolsillo viajes, alojamiento y manutención. El uso del aula de la Facultad de Medicina de la Universidad de Zaragoza ha sido gratuito, por la participación de la Delegación de Estudiantes. La Red Española de Atención Primaria (REAP) ha dado apoyo haciéndose cargo de los 620 euros que ha costado contar con una bedela el sábado (día en que suele estar cerrada la Facultad); ese dinero proviene de las cuotas voluntarias de los miembros de la REAP, para el fomento de la investigación. Creemos que estos datos deberían darse y exigirse en toda actividad científica y/o profesional para evitar la brecha de género (aquí).

martes, 30 de noviembre de 2021

Covid 19 prolongado. Más incógnitas que certezas.

José R. Loayssa

Asistimos al surgimiento de muchos casos en los que pacientes que sufrieron Covid-19, o al menos pensaron que lo habían sufrido, experimentan síntomas variados por un periodo de tiempo prolongado. En principio no debería extrañarnos; no era descartable que viéramos pacientes que, tras la enfermedad viral, sufrieran un síndrome post-viral que puede durar varios meses (el síndrome postgripal se sitúa entre estos cuadros). Tampoco debe causar sospecha que cuadros graves de COVID-19 dejen secuelas en los pacientes que lo han padecido. Por ejemplo cuando ha habido una neumonía intersticial extensa no es descartable que se produzca una limitación permanente de la capacidad pulmonar aunque pocas veces afecta a la vida cotidiana de la mayoría de las personas. La propia estancia en la UCI, sea por el motivo que sea, si es prolongada deja daños duraderos.

Pero hay varias cuestiones en la “epidemia” de casos de Covid prolongado que obligan a una actitud cautelosa. La primera es que los casos de “Covid prolongado” no se correlacionan con la gravedad de la enfermedad aguda y ni siquiera se descartan casos en los que no existe constancia de que efectivamente se ha producido una infección por el SARS–COV-2. Otra cuestión que llama la atención es que entre los síntomas predominan aquellos que son vagos e inespecíficos y en los que los estudios médicos habituales no encuentran una causa clara que los explique.

Cuando alguien sufre unos síntomas tras una infección viral (u otro cuadro) la primera pregunta es si realmente el malestar se ha iniciado después de la infección o los síntomas venían fraguándose desde hace más tiempo, es decir si la persona hacia tiempo que no se encontraba bien y la Covid -19 ha servido para “cristalizar el malestar" y para que el paciente “se dé permiso” para sentirse mal.

Estamos ante un padecimiento que es en la mayoría de los casos diagnosticado por los propios pacientes y los médicos habitualmente no toman la iniciativa de hacerlo. Podemos asistir a una nueva enfermedad sin bases fisiopatológicas claras que se una a otras que ya conocemos (alergia multiquímica, a la electricidad, enfermedad de Lyme crónica, incluso fibromialgia) en las que después de muchos años siguen persistiendo incógnitas sobre su naturaleza. Como digo, eso no significa que no existan cuadros de secuelas crónicas que convendría diferenciar de otros menos definidos. Por último señalar que no hay que olvidar que estamos ante una enfermedad que ha sido presentada prácticamente como una condena a muerte. Ser diagnósticado de COVID-19 suponía la posibilidad de experimentar un miedo cerval. Ese miedo podía quedarse en el cuerpo, un síndrome de shock postraumático, compatible con los síntomas descritos, no es descartable y podría ser una de las explicaciones de esta enfermedad.

Creo que debemos seguir investigando con mente abierta esta nueva entidad clínica sin precipitarnos a colocar una nueva etiqueta diagnóstica sin suficiente fundamentación científica. Contrariamente a lo que pudiera parecer estos diagnósticos, que frecuentemente culpan al paciente, no van a ser útiles para recuperar la vida normal de los que padecen síntomas prolongados tras un COVID-19 y suponen de hecho una cronificación medicalizada.

Sugerente mesa redonda:  

+info:

DAVID BINGONG: SUEÑO CON TRAMPA. Presentación de la Escuela Política Migrante

lunes, 29 de noviembre de 2021

domingo, 28 de noviembre de 2021

OMICRON: un nuevo nombre para una variante fruto de la presión evolutiva de las vacunas

José R. Loayssa

Una nueva cepa ha aparecido. ¿alguien dudaba que esto iba a suceder?. Nuevas restricciones en camino. Mientras el cuerpo (la ciudadanía) aguante, es lo que nos espera durante años. Como de costumbre utilizan trampas. Con su proverbial deshonestidad plantean que han surgido en países poco vacunados. Lo mismo ocurrió con la Delta originada en la India. De nuevo conquistaran el respaldo de los convencidos de antemano, quizás alguien que hasta ahora seguía el relato oficial empezará a dudar.

Las mutaciones del virus son continuas y “espontáneas”el problema es la selección de variantes, una selección que tiende a favorecer a las variantes con mayor capacidad de propagación, éstas, en un contexto de vacunación masiva, son las que evaden los anticuerpos estimulados por estas vacunas. La detección de esta variante en Africa del Sur, como sucedió con la gripe española en nuestro país, solo refleja, en este caso en aquel la menor censura, la capacidad de secuenciación del virus que estos países, contra lo que pudiera parecer, tienen.


Contrariamente a la pretensión de asociar las nuevas variantes a los NO vacunados, que se pretenden presentar como un peligro público, la biología evolutiva milita a favor de que sean los vacunados los que suponen la “presión selectiva” necesaria para que estas predominen y se propaguen de forma preferente. Es el mismo proceso por el que los antibiótico favorecen mutaciones por evolución adaptativa de las Bacterias. Por lo tanto estamos, mientras no activemos el freno de emergencia, ante la perspectiva de nuevas variantes y nuevas muertes y restricciones y sobre todo a una interminable serie de dosis vacunales de refuerzo (con más muertes y daños) .

No obstante no debemos olvidar que las nuevas variantes tenderán a ser más transmisibles pero no necesariamente más virulentas, más bien al contrario, ya que la virulencia es una factor obstaculizador de la propagación y no favorecedor de ésta. La variante Omicrom de momento no muestra señales de mayor letalidad ni gravedad de los afectados.

Como dice Juan Gérvas. “Es síntesis: no se deje llevar por explicaciones sencillas para problemas complejos. Es una manipulación el atribuir omicron a la baja vacunación en Sudáfrica. Podría ser, al contrario, que las propias vacunas forzasen la mutación y escape del virus. Tenga en cuenta que es imprevisible la evolución de las variantes, que se producen por miles. La inmensa mayoría no tienen consecuencias aparentes, y algunas que parecían preocupantes no tuvieron apenas impacto, o sólo local.”

Ahora más que nunca: Solidaridad

José R. Loayssa

miércoles, 24 de noviembre de 2021

CIENCIA, POLITICA, CAPITALISMO Y PANDEMIA



José R.  Loayssa

JUNTOS y RESISTIENDO que es Gerundio

En Zaragoza el 19 y 20 de Noviembre nos hemos reunido sobre 100 profesionales (en el debate virtual previo participaron más de 160). El encuentro estaba dedicado a analizar la pandemia Covid en el mundo en que vivimos. Era el primer encuentro presencial del Siap-covid-19 que vio la luz en marzo del 2020. Las ponencias han abordado diversos temas: Vacunas, Mujer y Pandemia, la dimensión e impacto del Covid 19 en los niños, Seguridad del Paciente, etc. 

Una de ellas estuvo dedicada a Ciencia, política, capitalismo y Pandemia. La preparamos Paz, Ariel y yo. Me tocó exponerla. El resumen lo podéis leer a continuación. Una de las fotos corresponde al grupo que comimos en la Facultad de Medicina y otra a mi exposición.

Fue un encuentro de alto nivel científico y humano. Como dijo Gérvas en su intervención final, preferimos ser perdedores de largo recorrido que "comemierdas" (no dijo eso pero casi)


CIENCIA, POLITICA, CAPITDLISMO Y PANDEMIA 
José R Loayssa. Ariel Petrucelli, Paz Frances. 

La respuesta sanitaria y política a la Pandemia, y no tanto ésta, es la que merece el calificativo de excepcional. Pero en realidad es un respuesta acorde con las lógicas, tendencias, necesidades e intereses del sistema económico y de dominación política. 

En el curso de la Pandemia hemos podido apreciar la turbia relación entre política, ciencia y capitalismo. Una profundización de los procesos que se vienen viviendo desde hace décadas. El capitalismo ha creado condiciones altamente favorables tanto para la emergencia como para la difusión de nuevos virus, con sus consecuencias en términos de enfermedad y muerte. A su vez, la Pandemia ha acelerado los cambios en curso: como la uberización y precarización de las condiciones laborales, la digitalización y virtualización de la educación y la cultura, no menos que la concentración de los capitales y el aumento de la desigualdad social.

La estrategia dominante adoptada para afrontar la pandemia (con muchas variantes en su aplicación concreta pero escasas excepciones sustanciales) ha seguido presupuestos sanitarios autoritarios, reaccionarios y neoliberales en lo político, y biologicistas, a-sociales y reduccionistas en lo epistemológico. Usando todo el potencial agresivo de una medicina preventiva mal entendida, la prioridad ha sido la imposición de normas para los comportamientos individuales y el castigo a quien los incumpla, antes que la intervención diferencial en contextos e instituciones específicos, aplicando recursos sanitarios y sociales por medio de la información y la participación consciente de las personas para establecer pautas sensatas en la organización del trabajo, habitabilidad, etc. 

La estrategia seguida reflejaba una perspectiva tecnocientifista que pretende afrontar una crisis social compleja mediante simples remedios milagrosos (ya sean restricciones brutales o la vacunación) sin cuestionar sus condicionantes ni interacciones. Se ha dado la espalda a planteamientos progresistas propios de la epidemiología entendida ante todo como una ciencia social, o cuando menos biológico-social, arrojando a la basura aspectos tan básicos como los enfoques integrales, la información veraz, la participación y la decisión informada. Y todo esto ha sucedido con el aplauso e incluso el protagonismo de profesionales que, hasta ayer  habían cuestionado el biologicismo y reivindicado el aspecto esencialmente social de la epidemiología.

Los gobiernos han recurrido a la necesaria protección sanitaria a la población concediéndose poderes plenipotenciarios y limitando derechos individuales a un nivel sin precedentes en los países “democráticos”. Todas las medidas se han adoptado recurriendo al autoritarismo, la represión, el control de la información y la censura, como hacen los regímenes autoritarios. El autoritarismo de los gobiernos se ha resguardo tras los expertos y la ciencia. Pero como no había consenso alguno entre los expertos, y como la ciencia presupone, por esencia, diversidad de perspectivas y controversias teóricas y empíricas, hubo que silenciar a una cantidad enorme de científicos y pervertir la ciencia con lecturas sesgadas, silenciado cualquier debate (rasgo esencial de la cientificidad). Se empleó la ciencia como si fuera una religión, portadora de verdades rebeladas indiscutibles. Pero lo más grave es que no pocos científicos se sintieron cómodos en el nuevo rol sacerdotal. Las honrosas excepciones no desmienten tendencia general.

El monopolio informativo y la estrategia del miedo han conseguido el sometimiento amplio de la población, demostrando la capacidad de manipulación de conciencia y opinión que poseen los gobiernos y los grandes poderes económicos. Una manipulación elaborada cuidadosamente, recurriendo a técnicas que apelan a la dimensión irracional de los seres humanos, con recursos extraídos de la psicología cognitiva y social, así como del marketing, y apelando a la muerte y al miedo para obturar toda forma de criticidad. Se ha combinado una intervención de carácter “biopolítico” -expropiar el control de la propia vida y salud para protegerlas desde la óptica de “vigilar y castigar”-, con resultados que se pueden calificar de “necropolíticos”: un daño enorme en términos de vida y salud, especialmente de los más desfavorecidos.

Para explicar las motivaciones de los gobiernos y la reacción de los poderes económicos no sirve la idea de una “gran conspiración” organizada al milímetro por un “estado mayor” de las elites. Hay que tomar en cuenta la lógica y funcionamiento de las casta políticas, sus intereses y los beneficios derivados de ejercer un poder totalitario y aparentemente eficaz en su perpetuación en el poder. Hay que comprender las condiciones culturales que entronizaron a la salud en una nueva religión. Hay que tener en cuenta las transfomaciones sociales y culturales operadas en los últimos lustros. Y no se puede descuidar ni los intereses de la industria farmacológica, ni la emergencia del capitalismo digital.

¿Por qué los Gobiernos y la propia OMS pasaron de hablar de una gripe más a una catástrofe bíblica en cuestión de días?
¿Por qué la población ha asumido el relato de los Gobiernos y ha aceptado ser castigada sin apenas protesta?
¿Ha sido la gestión de la Pandemia un fracaso sanitario pero un éxito político?
¿Cuáles han sido las consecuencias en térmicos de subjetividad colectiva y sobre el régimen Político ?

Margarita Mediavilla: NO NORMAL