Antón Negro
Abstract
La radicalidad evangélica sostenida por el Espíritu siempre ha estado presente en la Iglesia y se manifiesta también en el servicio a los empobrecidos. La crisis que supuso que el emperador Teodosio hiciese del cristianismo religión oficial llevó a que buena parte de la radicalidad evangélica se saliese de la sociedad, que se terminó organizando en monasterios como sociedades autosuficientes. Estos sostuvieron la evangelización hasta que en el siglo XIII las Órdenes Mendicantes inician un camino de acercamiento a la sociedad, que pasando por las Órdenes Religiosas (s.XVI) e Institutos Seculares (s.XIX) culmina en los Movimientos Laicales (s.XX) cerca del Vaticano II. Estos empiezan a protagonizar la evangelización y atención a los empobrecidos.
El psiquiatra judío Viktor Frankl constató esto en las dramáticas circunstancias de un campo de concentración nazi y lo cuenta en el libro, que colaboré a traducir al gallego, El hombre en busca de sentido, un libro importante en mi proceso de formación y del que se han vendido millones de ejemplares. En él afirma:
“Debemos sacar la consecuencia de que hay dos razas de hombres en el mundo y nada más que dos: la "raza" de los hombres decentes y la raza de los indecentes. Ambas se encuentran en todas partes y en todas las capas sociales. Ningún grupo se compone de hombres decentes o de hombres indecentes, así sin más ni más. En este sentido, ningún grupo es de "pura raza" y, por ello, a veces se podía encontrar, entre los guardias, a alguna persona decente.










