sábado, 15 de enero de 2022

Besos en la coronilla contra el Covid

El invierno ha comenzado y la pandemia retorna esplendorosa a los medios de comunicación. Volvemos a escuchar el reporte diario de casos, ingresados en hospitales y muertos. Volvemos a surfear diariamente en los datos de la incidencia acumulada y de la presión hospitalaria. Volvemos a contemplar casos particulares dramáticos en nuestras pantallas. Volvemos a escuchar las tertulias de prestigiosos expertos. Por volver, vuelve hasta el uso de la mascarilla en exteriores. Volvemos a tener mucho miedo, a evitar tocarnos, a aislarnos.

En este contexto, a pesar de todo, aún queda espacio para la sorpresa, que a mí me llegó una mañana, tempranito, cuando conducía hacia el trabajo y una famosa periodista de radio dedicaba unas palabras de ánimo a la población, deslizando un hecho que para mí era desconocido: hay personas que saludan a su seres queridos con besos en la coronilla para disminuir el riesgo de contagio por coronavirus.

He visto (y en algún caso me han obligado a hacer) lamentables saludos con los puños, con el codo e incluso con una especie de reverencia mutilada. Pero nunca había oído hablar de besos en la coronilla.

Quiero pensar que eso no se hace por recomendación de ningún experto, pero por desgracia no me resultaría increíble. No en vano hemos escuchado y visto aplicar, en los últimos dos años, recomendaciones expertas (a veces imposiciones) para luchar contra la pandemia y que eran manifiestamente ridículas: afeitarse, limpiar los productos del supermercado, usar guantes por la calle, pulsar interruptores con llaves u otros objetos, limpiarse los zapatos en felpudos con desinfectantes, desinfectar con ozono las superficies y las calles, utilizar mascarillas al aire libre, controles de temperatura aleatorios, pasear en distintas horas según la edad, no cantar (o, si se canta, hacerlo bajito y al final de la reunión), no hablar si se comparte coche o normativizar dónde debe sentarse cada miembro de la familia en la cena de Navidad.

Además de tamañas absurdidades, algunas de las cuales aún se mantienen, cabe también recordar medidas mucho más contundentes y potencialmente dañinas cuya eficacia en la contención de la pandemia es más que dudosa y que han sido y son defendidas con gran ahínco por muchos expertos salubristas. Me refiero, por ejemplo, a la instauración de los pasaportes sanitarios, a la propuesta de vacunación obligatoria, a la vacunación masiva de niños o a los confinamientos generales y estrictos.

Todas estas medidas tienen en común, como se ha dicho, una eficacia dudosa, pero también una voluntad de colonizar la vida cotidiana de las personas, un espíritu autoritario innegable y una apelación a la fe en los expertos y en la Ciencia.

Ya antes de la actual pandemia era evidente el proceso de medicalización de la vida cotidiana y de expropiación de la salud, cuyo cuidado hemos ido delegando acrítica y peligrosamente en la institución médica. A pesar de ser un proceso que viene de lejos, las cotas que estamos alcanzando estos meses rozan el delirio y no sabemos qué consecuencias pueden tener. ¿Cómo hemos llegado hasta aquí?

Quizá el factor clave sea el miedo. Vivimos mayoritariamente asustados y, por ello, paralizados. La enfermedad y la muerte son experiencias humanas inevitables que intentamos negar y que nos aterran profundamente. Así, el mantenimiento de la salud se ha convertido en el objetivo vital de demasiadas personas, de tal forma que el resto de experiencias humanas deben sometérsele. Pues bien, aquí afirmo, y reconozco que es un posicionamiento vital personal, que la salud no es -o no tiene que ser- lo más importante.

Una buena salud puede ayudarnos a tener una vida mejor, eso es evidente, y de ello intento ser partícipe en mi trabajo como médico. Pero nos equivocamos si olvidamos que, como me enseñó un colega, “la salud es como el dinero, fantástica como abono pero una mierda como cosecha”.

Gracias a los misteriosos vericuetos del pensamiento, al escribir lo anterior me viene a la cabeza la frase del presidente Sánchez hace unos días: “el criterio de la Ciencia debe anteponerse a todo por el bien común”.

Las palabras de Sánchez son asombrosas. Lo son porque insisten en la gran paradoja de nuestro tiempo: la conversión de la Ciencia en Religión. Y lo son también porque inciden en la errónea idea de que lo tecnocientífico está desprovisto de ideología y de que, por esa neutralidad, se le deben someter todos los demás ámbitos de la vida humana.

Nada tienen que decir los propios seres humanos sobre cómo desean vivir su vida individual y también su vida social y comunitaria. La Ciencia, a través de los expertos reconfigurados en sacerdotes y conocedores de la Verdad, sabe lo que es mejor para todos nosotros y por sus normas debemos regirnos por nuestro bien personal y común.

No es sólo que los expertos sepan qué hacer para que obtengamos el bien, sino que saben qué es lo bueno y qué es lo malo. Es esa una cuestión previamente decidida -o revelada- y de la que tampoco tenemos nada que decir. Por eso se torna necesario obligar a todos a seguir sus dictados: para protegernos incluso de nosotros mismos. Se nos pide fe, y con fe nos entregamos. La Ciencia nos salvará.

Es preciso, tal vez, que aclare algo importante: no estoy afirmando que los expertos de cualquier área no deban aportar su conocimiento a la sociedad y trabajar por el bien de todos. Deben hacerlo y debemos tenerles en cuenta. Mi crítica es otra. Es al hecho de que a la población le haya sido expropiada su capacidad para decidir la mejor forma de, individual y comunitariamente, afrontar la propia vida.

Esta expropiación ha sido tristemente espoleada desde los púlpitos de la Salud Pública, que parece haber olvidado algunos de sus elementos fundamentales: que la salud es un concepto amplio, que debe tener en cuenta todos los factores que influyen en ella; que su misión no es obligar e imponer, sino facilitar y proponer; que no debe centrarse únicamente en una enfermedad, que debe tener una visión global y de largo plazo; y, sobre todo, que las personas no son maniquíes, que deben respetarse sus derechos, tradiciones y cosmovisiones.

Es preciso, a mi juicio, que rompan su silencio muchas voces también expertas que, seguro, no están de acuerdo con la deriva autoritaria que ha tomado el salubrismo. Es preciso que se reinstaure el debate científico y también el social, y que luchemos contra la pandemia apelando a la razón y no a la obediencia. Es preciso que se abandonen el dogmatismo y el silenciamiento de las opiniones críticas. Es preciso que recuperemos los lazos sociales y comunitarios, que recuperemos nuestras capacidades para el autocuidado y el apoyo mutuo.

Si no construimos entre todos, nada quedará en pie.

Besos en la coronilla.

Juan Diego Areta Higuera.

martes, 11 de enero de 2022

Veritas? Quid est veritas?


Juan Diego Areta Higuera

Yo estaba sentado a su lado y veía con qué atención escudriñaba su móvil hasta que, de repente, se levantó con decisión. “Voy a tender la ropa”, me dijo. Miré por la ventana. Las nubes eran muy oscuras; el viento, de tormenta. Incluso en la habitación olía a lluvia. “¿Seguro?”, le pregunté. “He visto en ‘el tiempo’ que no va a llover”. Llovió.

Esta anécdota es pequeña, pero no es única. Es interesante comprobar cómo tendemos a fiarnos cada vez más de la información que obtenemos de nuestros dispositivos digitales. Es paradigmática la broma/performance de Simon Weckert, quien, paseando por la calle con una carretilla llena de teléfonos, consiguió alterar el tráfico de Berlín.

Es tal la confianza que tenemos en nuestros apéndices electrónicos y en sus casi ilimitadas capacidades que llegamos incluso a dudar de lo que nuestros sentidos y nuestra razón nos están indicando. Si la aplicación dice que no va a llover o que hay un atasco… ¿quién soy yo para dudar por pequeñas nimiedades como que esté lloviendo o que la calle esté vacía?

Es ya algo establecido que grandes mayorías utilicen las redes sociales para informarse sobre distintos temas. Cabe recordar aquí que dichas redes no tienen vocación periodística ni informativa, sino que su principal interés es captar nuestra atención y que pasemos más tiempo conectados, para así saber más de nosotros y podernos ofrecer/publicitar productos de forma personalizada. Es ese el modo en el que pueden acabar generando beneficios económicos.

Por eso, las redes sociales no se preocupaban de si la información que un usuario ve, lee o escucha es real o no. Su objetivo era que dicho contenido le llamase la atención, por lo que le iba ofreciendo cada vez más. Si era o no verdad, era irrelevante.

Esto era exclusivamente así hasta que los escándalos derivados de las llamadas fake news llegaron a influir incluso en las elecciones estadounidenses. A partir de ahí entramos en una nueva fase y encontramos que, las mismas redes sociales -cuyos intereses no han cambiado sustancialmente- empiezan a autoerigirse en los principales luchadores contra las fake news. Se han transformado en “verificadores de hechos”.

¿Qué quiere decir esto? Sencillamente, que estas redes, con Facebook y Twitter a la cabeza, borrarán las noticias que puedan considerarse fake news (e incluso la cuenta de quien la publique o difunda). En principio, si una noticia o una información es falsa, podríamos convenir en que lo mejor es que no sea divulgada. De hecho, esa es una premisa ética fundamental de la profesión periodística.

Pero, y aquí entramos en una cuestión relevante, ¿hay periodistas detrás de Facebook o Twitter? ¿Cuáles son los criterios que se siguen para considerar una noticia como falsa? En definitiva, ¿qué es la verdad en la era de la desinformación por sobreinformación?

No quisiera teorizar más sobre esta cuestión, sino traer aquí un ejemplo de como Facebook, actuando como “verificador de hechos”, ha llegado a bloquear un artículo periodístico publicado por la histórica y prestigiosa revista médica ‘The British Medical Journal’.

El 2 de noviembre de 2021, el BMJ publicaba un artículo de investigación del periodista Paul D. Thacker en el que se relataba que un ex empleado de Ventavia (una empresa de investigación por contrato que ayudaba a llevar a cabo el ensayo principal de la vacuna de Pfizer contra la COVID19), aportó al BMJ una serie de documentos internos que dejaban entrever la posibilidad de que la investigación no estuviera realizándose adecuadamente, lo cual podría alterar la integridad y fiabilidad de los datos del ensayo clínico, así como la seguridad del paciente. Al parecer, el BMJ también tuvo acceso a la información de que la FDA no había investigado estos hechos a pesar de que recibió quejas directas sobre ello.

Según parece, a partir del 10 de noviembre, hubo lectores de la revista que avisaron de que tenían dificultades para compartir el artículo en Facebook, que llegó a marcar la publicación con una advertencia de que “los verificadores de hechos independientes dicen que esta información podría engañar a las personas", de que compartían “información falsa”, justificando esa decisión en base al criterio de los verificadores de hechos de Lead Stories (empresa contratada por Facebook para ello).

Esta situación llevó a dos editores del BMJ (Fiona Godlee y Kamran Abbasi) a escribir una carta abierta a Mark Zuckerberg. En dicha carta, publicada el 17 de diciembre de 2021, exponían por qué consideran que la “verificación de hechos” realizada por Lead Stories es “inexacta, incompetente e irresponsable”, argumentando que (y cito literalmente):
- No proporciona ninguna afirmación de hecho de que el artículo de BMJ se equivocó;
- Tiene un título sin sentido: "Verificación de hechos: la revista médica británica NO reveló informes descalificadores e ignorados de fallas en los ensayos de la vacuna Pfizer COVID-19";
- El primer párrafo etiqueta incorrectamente al BMJ como un "blog de noticias";
- Contiene una captura de pantalla de nuestro artículo con un sello sobre él que indica "Defectos revisados", a pesar de que el artículo de Lead Stories no identifica nada falso o falso en el artículo de The BMJ;
- Publicó la historia en su sitio web con una URL que contiene la frase "alerta de engaño". 


Aseguran desde el BMJ que se pusieron en contacto con Lead Stories y Facebook para abordar este problema pero que no tuvieron respuestas. Exponen además Godlee y Abbasi una preocupación que personalmente comparto: “Somos conscientes de que el BMJ no es el único proveedor de información de alta calidad que se ha visto afectado por la incompetencia del régimen de verificación de datos de Meta (empresa propietaria de Facebook). Por ejemplo, destacaríamos el tratamiento de Instagram (también propiedad de Meta) a Cochrane, organización internacional experta en revisiones sistemáticas de alta calidad de evidencia médica. En lugar de invertir una parte de las ganancias sustanciales de Meta para ayudar a garantizar la precisión de la información médica compartida a través de las redes sociales, aparentemente ha delegado la responsabilidad a personas incompetentes para llevar a cabo esta tarea crucial. La verificación de hechos ha sido un elemento básico del buen periodismo durante décadas. Lo que ha sucedido en este caso debería ser motivo de preocupación para cualquiera que valore y confíe en fuentes como el BMJ”.

Veritas? Quid est veritas? Es evidente que el BMJ no tiene la patente de la verdad, y que en sus artículos puede haber errores; pero también es evidente que son poco claros los métodos de los “verificadores de hechos” que pretenden combatir las fake news.

Pero la capacidad de influencia de estas grandes plataformas puede hacer que, por ejemplo, Facebook gane al BMJ en esta extraña “batalla por la verdad”… ¡sin que lleguemos a saber siquiera por qué! También yo puedo subir a tender bajo la lluvia. ¿Hacia dónde nos lleva esto? Cada cual que saque sus conclusiones. Las mía es quizá la misma que la de Antonio Machado: “¿Tu verdad? No, la Verdad, y ven conmigo a buscarla. La tuya, guárdatela”.

jueves, 6 de enero de 2022

Omicron: ¿final de la Pandemia o un nuevo comienzo?

Se han lanzado de nuevo las campanas al vuelo. Esta vez se afirma desde muchas fuentes que Omicron es el final de la Pandemia y que va a representar el camino concreto que va a utilizar el Sars Cov-2 para convertirse en una enfermedad endémica. El problema central con las variantes es determinar cual es el motor que les facilita desplazar a variantes previas y convertirse en predominantes. Se podrían considerar básicamente dos. La primera es que las mutaciones le proporcionen mayor afinidad por el receptor celular que utilizan para infectar la célula, el AC2. Cualquier cambio estructural y espacial de la proteína Spike podría incrementar esta posibilidad, aunque la mejora de la afinidad por el receptor tiene un límite insuperable: a partir de cierto nivel la afinidad es muy difícil de mejorar. Otra cuestión sería cambiar de receptor celular que es mucho mas difícil por el salto evolutivo que implicaría. Quedaría otra posibilidad que es la enfermedad potenciada por anticuerpos que permite otras vías de penetración del virus (eso lo dejo para otras reflexión).

El articulo que adjunto es importante porque presenta indicios sólidos de que el agotamiento de la capacidad de mejora en la afinidad por el receptor provoca que el principal motor evolutivo del virus sea la presencia de anticuerpos, especialmente los vacunales. Este articulo confirma que existen indicios sólidos de que la sospecha de que las vacunas estaban favoreciendo la evolución del virus no eran especulaciones sin sentido. Por lo tanto, se nos presentaría un panorama de un nuevo recomienzo de ondas epidémicas, probablemente invernales con un impacto por determinar.

La afirmaciones de que Omicron es substancialmente más leve que Delta están justificadas parcialmente, pero su dimensión está por ver. Desde el momento en que Omicron tiene mayor capacidad de esquivar anticuerpos vacunales, pero también los adquiridos por infección natural, nos tenemos que preguntar en que medida el hecho de que un porcentaje de los que son diagnosticados de covid ahora son reinfecciones influye en su aparente levedad. Os recuerdo que en junio del 2020 se decía también que el virus estaba perdiendo virulencia. NO olvidemos que es una enfermedad con un impacto selectivo.

Eso en principio sería la vía natural de endemización, exposiciones sucesivas que generan cuadros leves y que van reforzando la inmunidad. Pero el problema es que sigue existiendo un porcentaje de la población con una enorme dificultad para construir una inmunidad fuerte. Esta inmunidad robusta solo vendría de infecciones en el pasado cuando su sistema inmunitario funcionaba con mejores prestaciones. Si seguimos vacunando con vacunas que producen anticuerpos defectivos a la totalidad de la población, estamos jugando con fuego, podríamos seguir afrontando ondas producidas por nuevas variantes cada vez con mayor capacidad de esquivar los anticuerpos poblacionales y estamos evitando que una parte de la población, con riesgo bajo de enfermedad base su inmunidad en la infección natural.

Ahora más que nunca: Verdad

martes, 4 de enero de 2022

¿NO VACUNADOS O PERSONAS LIBRES DE VACUNAS?


Ciudadana

Las palabras correctas pueden tener un impacto en cómo percibimos casi todo. Una o dos palabras pueden marcar la diferencia entre un "coche seminuevo" y un "coche usado". ¿Qué coche prefiere?

Creo que ya
 es hora de que cambiemos la percepción que tenemos de nosotros mismos cambiando el lenguaje que utilizamos.  Hasta ahora, a los que queremos permanecer en nuestro estado de salud normal se nos conoce burlonamente como *"Los no vacunados"*. Y, lo que es peor, ¡hemos estado cooperando ingenuamente etiquetándonos igual que los que nos desprecian! ¡¡Es hora de dejar de hacer esas tonterías!! He aquí la razón.

La palabra "no vacunado" en nuestro contexto implica "carencia". La impresión que da el término es que los que rechazan las inyecciones tienen (o son) "menos que" los que se inyectan. Se nos percibe erróneamente como triste o tercamente deficientes o defectuosos -incluso peligrosos- porque carecemos de un medicamento en nuestro cuerpo que, en sí mismo, está demostrando ser defectuoso. ¡Qué ridículo! ¿Sientes una sensación de carencia?

Veamos algunas palabras para probar mi punto: No iluminado. No casado. Desempleado. No limpio. Poco atractivo. Insalubre. Sin educación. Indeseable. Inconsciente. No cooperativo. Despreocupado. Desinformado. Sin vacunar. ¿Entiendes lo que digo?

Ahora, propongo que reinventemos la percepción de nosotros mismos; una que podamos anunciar alegremente sin desanimar a la gente y que también les haga pensar. Con este cambio, podemos plantar semillas de positividad en torno a nuestra elección informada e inteligente, cambiar las percepciones y la narrativa y, tal vez, cambiar las mentes y los corazones e incluso aumentar nuestras filas.

A partir de ahora, veámonos a nosotros mismos de verdad como individuos "libres de vacunas", porque eso es lo que somos: libres mental y físicamente. Si alguien te pregunta si estás vacunado, respóndele alegremente con una sonrisa: "Estoy libre de vacunas" o "Me alegra decir que sigo libre de vacunas". Practica decirlo y escribirlo.

Ahora transmitamos la misma nota positiva sobre la elección de poder que hemos hecho para nosotros mismos. Convierta en un hábito el decir *"estoy libre de vacunas"*. *Libre* es la palabra clave. Y, por favor, comparte esto con todas las personas libres de vacunas que conozcas.

sábado, 1 de enero de 2022

DIEZ PROPUESTAS PARA CORREGIR EL RUMBO DE LA PANDEMIA COVID19




Seminario de Innovación en Atención Primaria “Del estado de alarma al estado de solidaridad”. A 1 de enero de 2022. 

@siapcovid19 https://covid19siap.wordpress.com/ 

Resumen 

Ante la deriva sin control de la pandemia covid19, el grupo de más de 350 profesionales y legos que participa desde marzo de 2020 en el Seminario covid19 “Del estado de alarma al estado de solidaridad”, exige: 

1. Suspensión de los llamados pasaportes covid19, por ir contra la ciencia, la ética y la solidaridad, y por fomentar la discriminación, estigmatización y marginación de no vacunados, especialmente dolorosa en infancia-adolescencia. 

2. Mantener el principio básico del primum non nocere (primero, no dañar) y por ello exigir una moratoria de la vacunación a la población infantil sana. 

3. Suspensión de la obligación del uso de mascarilla en exteriores. 

4. Adaptar el rastreo de casos a la situación epidemiológica, valorando su oportunidad en cada situación y paciente (según el cuadro clínico y la capacidad de contagio). 

5. Alejarse de "la vacuna es la solución" promoviendo vacunas “sociales”, como disminución de la pobreza. 

6. Salir de la “niebla pandémica” revitalizando la salud pública para tener datos, información y conocimiento. 

7. Promover una atención primaria fuerte, dotada de personal y medios suficientes, en que cada persona encuentre profesionales “de cabecera”, conocidos y polivalentes. 

8. Facilitar y fomentar el debate público científico, ciudadano y ético sobre la pandemia y las medidas tomadas y a tomar, en que pesen tanto los argumentos de eficacia como los de eficiencia (valoración del bien social general), y tanto las opiniones de expertos como las de quienes se ven afectados. 

9. Desarrollar políticas generales, sociales y médicas que contrarresten la Ley de Cuidados Inversos (reciben más cuidados quienes menos los precisan, y esto se cumple con mayor rigor donde los servicios se orientan más al mercado). 

10. Promover la integración armoniosa y solidaria de todos los miembros de la sociedad siguiendo el lema: “de cada cual según su capacidad, a cada cual según su necesidad". 

Introducción 

“Se me han suicidado tres pacientes en lo que va de pandemia. Todos con antecedentes psiquiátricos, lo cual tampoco significa mucho porque lo importante no es esto, lo importante es que son los únicos tres suicidios que recuerdo desde que estoy en este cupo, 2011. No recuerdo ninguno más. No podemos seguir así”, relata en diciembre de 2021 un médico de familia de un centro de salud español. 

Un caso como ejemplo, ancianos muertos por covid19 en las residencias de ancianos 

El germen (SARS-CoV-2) se encontró a una sociedad enferma y con grandes sectores indefensos, de ahí la altísima mortalidad. Bien lo demuestra que la mortalidad es más elevada en la población con peores condiciones sociales (pobreza, malas viviendas, hacinamiento, trabajos precarios, etc), condiciones que también se reproducen en las residencias de ancianos, donde el fallecimiento se produjo a veces por covid19 en sí, pero otras veces porque se agravaron morbilidades previas, o porque el aislamiento impuesto y la carencia de cuidados (deshidratación, malnutrición, etc…), debido a la saturación asistencial, precipitaron el deterioro físico. Concentramos en los asilos a personas frágiles, y las tratamos con muchos medicamentos, a veces innecesarios, que incrementan la probabilidad de muerte por neumonía y por covid19 (neurolépticos/antipsicóticos, psicofármacos, opiáceos, «protectores del estómago», etc), para controlarlos. Además, gran parte de las residencias de ancianos son negocios que basan su lucro en el coste de las plazas y en la reducción de plantillas, lo cual penaliza la calidad de los cuidados. También se ha comprobado que a mayor sindicación de sus trabajadores, menor mortalidad de ancianos. 

https://www.healthaffairs.org/doi/10.1377/hlthaff.2020.01011 

https://www.rtve.es/noticias/20211224/radiografia-del-coronavirus-residencias-ancianos-espana/2011609.shtml 

https://www.msf.es/sites/default/files/documents/medicossinfronteras-informe-covid19-residencias.pdf 

https://collateralglobal.org/article/effects-of-covid-19-in-care-homes/ 

https://www.nogracias.org/2020/04/04/medicamentos-que-aumentan-el-riesgo-de-neumonia-por-joan-ramon-laporte-y-david-healy/?print=print 


Un rumbo marcado por respuestas simples a un problema complejo 

No es tanto el virus como la patológica sociedad que hemos construido. La mezcla es explosiva, y el virus la prendió. Tal sociedad seguirá expuesta a pandemias similares si centramos toda la respuesta en «las vacunas biológicas». Por ello deberíamos aplicar «vacunas sociales», como una reforma alternativa a los actuales asilos, estilo reforma psiquiátrica que desmanteló los manicomios; y alternativas al capitalismo depredador que engendra desigualdad creciente y pobreza y destruye el medio ambiente. Los niveles de incompetencia en la respuesta institucional a la pandemia no dejan de crecer, en la misma medida que se repiten las consignas aireadas por el establishment científico, político y mediático, pero crecen todavía más el hastío profesional y el pánico colectivo inducido. Y no hay respuesta científica ni profesional organizada. Cada vez se superan los políticos y expertos, como con la triste propuesta del Consejo Interterritorial para la Atención Primaria, el Plan de acción para Atención Primaria y Comunitaria 2022-2023 

¿Qué decir de la decisión de obligar a llevar la mascarilla en el exterior, incluso en una calle solitaria? 

No hay ninguna estrategia para recuperar la normalidad, la solidaridad y la resistencia social frente a la pandemia. Nos estamos instalando en el egoísmo y la discriminación de la solución fácil de un “Estado vacunal”, de tercera dosis generalizada y vacunación desde la más tierna infancia, y la siguiente etapa será la cuarta y repetidas dosis, para “combatir” las sucesivas nuevas variantes, y así seguir llenando los bolsillos de los accionistas de las industrias farmacéuticas al tiempo que se incrementa el individualismo, el control social, la desigualdad y la pobreza. El mensaje que recibe la población es contradictorio, confuso y alarmista y el que reciben los profesionales, similar y a veces insultante. 

Diez propuestas para corregir el rumbo de la pandemia covid19 

Dada la gravedad de la situación, el nulo debate, los ataques a derechos fundamentales y el daño que se produce con medidas sin evidencia o directamente en contra de la misma, EXIGIMOS: 

Suspensión de los llamados pasaportes covid19 pues ni siquiera cumplen el fin con el que se pretenden justificar (disminución de contagios). Y en ningún caso el fin justificaría los medios, una premisa que se ha ignorado con frecuencia durante la pandemia. Los certificados covid19 carecen de ciencia y de ética. Y menos si con ellos se pretende discriminar y dificultar la vida social y laboral de quienes no se hayan vacunado, para forzarlos, pues la duda vacunal merece respuestas más científicas, humanas y respetuosas. El colmo es la discriminación, estigmatización y marginación de la infancia-adolescencia no vacunada. En todo caso, además, detener la promoción de la vacunación obligatoria, una medida violenta que no tiene que ver con la salud sino con la política ya que pretende ocultar el fracaso institucional en la gestión de la pandemia, tanto nacional como internacional. Es una violación de tratados internacionales que protegen a las personas de recibir tratamientos médicos en contra de su voluntad y un precedente absolutamente inaceptable hacia una deriva totalitaria con la excusa de la salud. 

Moratoria de la vacunación a la población infantil sana, por razones científicas y éticas (y para evitar efectos adversos como miocarditis, más frecuentes con las vacunas que con la propia covid19). En esto, como en todo, conviene no abandonar el primum non nocere, principio que se ha ignorado frecuentamente en la pandemia, con el consecuente exceso de muertes (por covid19 y por no covid19). Además, conviene fomentar la declaración de las sospechas de reacciones adversas, por profesionales y legos. 

Suspensión de la obligación del uso de mascarilla en exteriores, medida puramente teatral, y absurda donde las haya. Respecto a su uso en interior, y dado el contagio por aerosoles quizá mejor la FFP2 y abaratar su precio hasta la gratuidad cuando sea prudente. En todo caso, recomendar evitar los lugares mal ventilados y el hacinamiento. 

Adaptar el rastreo de casos a la situación epidemiológica, valorando su oportunidad en cada situación y paciente (según el cuadro clínico y la capacidad de contagio), como en brotes de supercontagiadores. Abaratar las pruebas de auto-diagnóstico y propiciar que se puedan cumplir aislamientos y cuarentenas mediante apoyo económico y habitacional digno (y en su caso auto-justificación de ausencia al trabajo, sin precisar visita médica administrativa), independientemente del estado de vacunación (los vacunados se contagian y contagian). Propiciar que, si hay covid19 en la infancia y se requiere aislamiento y/o cuarentena, puedan ser sus progenitores quienes los cuiden, activando un permiso especial. 

Alejarse «de la vacuna es la solución» promoviendo vacunas “sociales”, como disminución de la pobreza, especialmente infantil, apoyo a las comunidades y sus organizaciones, a la juventud y sus propuestas alternativas, etc para paliar el especial impacto de la covid19 en distintos grupos sociales. También, promover la sindicación de los trabajadores socio-sanitarios y sanitarios de las residencias de ancianos. Así mismo, apoyar iniciativas que disminuyan como “solución final” la reclusión en tales residencias ofreciendo alternativas incluso de auto-organización. 

Salir de la “niebla pandémica” revitalizando la salud pública para poder tener siquiera datos comparables en series oficiales, y conseguir que se genere información y conocimiento. Valorar y aprender de los aciertos y errores en la respuesta pandémica, nacionales e internacionales. Evaluar la efectividad de la vacunación con estudios semi-experimentales. Analizar cuestiones tan simples como «comparar vacunados con no vacunados según hayan pasado antes la covid19» y «comparar vacunados con no vacunados según la medicación a que estén sometidos». También, acceso completo a los contratos firmados con las industrias y a los datos brutos de los ensayos clínicos de las vacunas covid19. En general, promover el abandono de la polimedicación innecesaria y “popular”, como la que incluye neurolépticos/ antipsicóticos, psicofármacos, opiáceos, «protectores del estómago», etc. 

Promover una atención primaria fuerte, dotada de personal y medios suficientes, en que cada persona encuentre profesionales “de cabecera”, conocidos y polivalentes. Con agendas que aseguren el contacto con los mismos en 24 horas, virtual o presencial. Una atención primaria fuerte abierta a la innovación y la auto-gestión que ofrezca la mejor calidad con seguridad. 

Facilitar y fomentar el debate público científico, ciudadano y ético sobre la pandemia y las medidas tomadas y a tomar, en que pesen tanto los argumentos de eficacia como los de eficiencia (valoración del bien social general), y tanto las opiniones de expertos como las de quienes se ven afectados. Generar espacios de diálogo con la ciudadanía, ya que los puntos de vista distintos al relato oficial son habitualmente excluidos de las medidas políticas y censurados en los medios de comunicación. 

Desarrollar políticas generales, sociales y médicas que contrarresten la Ley de Cuidados Inversos (reciben más cuidados quienes menos los precisan, y esto se cumple con mayor rigor donde los servicios se orientan más al mercado). Por ejemplo, dotando de presupuestos suficientes la Ley de Dependencia. Cuidar especialmente las necesidades de las personas institucionalizadas como los pacientes crónicos de centros psiquiátricos (unidades de rehabilitación psiquiátrica) y privadas de libertad como prisiones, donde persisten grandes restricciones para las comunicaciones y las actividades generales. 

Promover la integración armoniosa y solidaria de todos los miembros de la sociedad, buscando colectivamente formas sociales que puedan dar respuesta a nuestros desafíos: “de cada cual según su capacidad, a cada cual según su necesidad”. 

La ideología de la salud a toda costa es una fuerza motriz dominante en las sociedades desarrolladas, por eso al poder le es tan fácil imponer medidas coercitivas, de manera que se acepta, incluso se agradece, cualquier medida aparentemente orientada a controlar la pandemia, a salvarnos. Tan es así que se anula la capacidad social de reflexionar sobre otras amenazas; o de analizar la efectividad y las consecuencias sociales de las medidas adoptadas. 

Tampoco se reflexiona sobre las consecuencias sociales de nuestro modelo de desarrollo, de los abusos que se comenten en los países pobres y de la falta de comprensión de su cultura y de sus prioridades. Cuando gran parte de la población sufre pobreza, hambre o guerras, las personas prefieren resolver el hambre u otras amenazas ciertas de muerte antes que la improbable debida a un virus. 

Para el establishment es más fácil demonizar toda duda sobre las medidas propuestas para afrontar la pandemia, incluida la vacunación, etiquetándolas de negacionismo. Pues bien, parece llegado el momento de poner en evidencia tanto los aciertos como las incompetencias; discriminar entre tanta medida contradictoria; permitir y estimular el debate social y científico sobre las medidas a adoptar, por encima de la inercia de los políticos, cuya lógica les impele a hacer algo, aunque sea erróneo, con tal de mostrar firmeza y mantener el poder. 

Hay que incorporar al debate qué medias queremos, qué modelo de vida y salud queremos, qué solidaridad estamos dispuestos a otorgar y qué libertades estamos dispuestos a perder.

Margarita Mediavilla: NO NORMAL