martes, 4 de enero de 2022

¿NO VACUNADOS O PERSONAS LIBRES DE VACUNAS?


Ciudadana

Las palabras correctas pueden tener un impacto en cómo percibimos casi todo. Una o dos palabras pueden marcar la diferencia entre un "coche seminuevo" y un "coche usado". ¿Qué coche prefiere?

Creo que ya
 es hora de que cambiemos la percepción que tenemos de nosotros mismos cambiando el lenguaje que utilizamos.  Hasta ahora, a los que queremos permanecer en nuestro estado de salud normal se nos conoce burlonamente como *"Los no vacunados"*. Y, lo que es peor, ¡hemos estado cooperando ingenuamente etiquetándonos igual que los que nos desprecian! ¡¡Es hora de dejar de hacer esas tonterías!! He aquí la razón.

La palabra "no vacunado" en nuestro contexto implica "carencia". La impresión que da el término es que los que rechazan las inyecciones tienen (o son) "menos que" los que se inyectan. Se nos percibe erróneamente como triste o tercamente deficientes o defectuosos -incluso peligrosos- porque carecemos de un medicamento en nuestro cuerpo que, en sí mismo, está demostrando ser defectuoso. ¡Qué ridículo! ¿Sientes una sensación de carencia?

Veamos algunas palabras para probar mi punto: No iluminado. No casado. Desempleado. No limpio. Poco atractivo. Insalubre. Sin educación. Indeseable. Inconsciente. No cooperativo. Despreocupado. Desinformado. Sin vacunar. ¿Entiendes lo que digo?

Ahora, propongo que reinventemos la percepción de nosotros mismos; una que podamos anunciar alegremente sin desanimar a la gente y que también les haga pensar. Con este cambio, podemos plantar semillas de positividad en torno a nuestra elección informada e inteligente, cambiar las percepciones y la narrativa y, tal vez, cambiar las mentes y los corazones e incluso aumentar nuestras filas.

A partir de ahora, veámonos a nosotros mismos de verdad como individuos "libres de vacunas", porque eso es lo que somos: libres mental y físicamente. Si alguien te pregunta si estás vacunado, respóndele alegremente con una sonrisa: "Estoy libre de vacunas" o "Me alegra decir que sigo libre de vacunas". Practica decirlo y escribirlo.

Ahora transmitamos la misma nota positiva sobre la elección de poder que hemos hecho para nosotros mismos. Convierta en un hábito el decir *"estoy libre de vacunas"*. *Libre* es la palabra clave. Y, por favor, comparte esto con todas las personas libres de vacunas que conozcas.

sábado, 1 de enero de 2022

DIEZ PROPUESTAS PARA CORREGIR EL RUMBO DE LA PANDEMIA COVID19




Seminario de Innovación en Atención Primaria “Del estado de alarma al estado de solidaridad”. A 1 de enero de 2022. 

@siapcovid19 https://covid19siap.wordpress.com/ 

Resumen 

Ante la deriva sin control de la pandemia covid19, el grupo de más de 350 profesionales y legos que participa desde marzo de 2020 en el Seminario covid19 “Del estado de alarma al estado de solidaridad”, exige: 

1. Suspensión de los llamados pasaportes covid19, por ir contra la ciencia, la ética y la solidaridad, y por fomentar la discriminación, estigmatización y marginación de no vacunados, especialmente dolorosa en infancia-adolescencia. 

2. Mantener el principio básico del primum non nocere (primero, no dañar) y por ello exigir una moratoria de la vacunación a la población infantil sana. 

3. Suspensión de la obligación del uso de mascarilla en exteriores. 

4. Adaptar el rastreo de casos a la situación epidemiológica, valorando su oportunidad en cada situación y paciente (según el cuadro clínico y la capacidad de contagio). 

5. Alejarse de "la vacuna es la solución" promoviendo vacunas “sociales”, como disminución de la pobreza. 

6. Salir de la “niebla pandémica” revitalizando la salud pública para tener datos, información y conocimiento. 

7. Promover una atención primaria fuerte, dotada de personal y medios suficientes, en que cada persona encuentre profesionales “de cabecera”, conocidos y polivalentes. 

8. Facilitar y fomentar el debate público científico, ciudadano y ético sobre la pandemia y las medidas tomadas y a tomar, en que pesen tanto los argumentos de eficacia como los de eficiencia (valoración del bien social general), y tanto las opiniones de expertos como las de quienes se ven afectados. 

9. Desarrollar políticas generales, sociales y médicas que contrarresten la Ley de Cuidados Inversos (reciben más cuidados quienes menos los precisan, y esto se cumple con mayor rigor donde los servicios se orientan más al mercado). 

10. Promover la integración armoniosa y solidaria de todos los miembros de la sociedad siguiendo el lema: “de cada cual según su capacidad, a cada cual según su necesidad". 

Introducción 

“Se me han suicidado tres pacientes en lo que va de pandemia. Todos con antecedentes psiquiátricos, lo cual tampoco significa mucho porque lo importante no es esto, lo importante es que son los únicos tres suicidios que recuerdo desde que estoy en este cupo, 2011. No recuerdo ninguno más. No podemos seguir así”, relata en diciembre de 2021 un médico de familia de un centro de salud español. 

Un caso como ejemplo, ancianos muertos por covid19 en las residencias de ancianos 

El germen (SARS-CoV-2) se encontró a una sociedad enferma y con grandes sectores indefensos, de ahí la altísima mortalidad. Bien lo demuestra que la mortalidad es más elevada en la población con peores condiciones sociales (pobreza, malas viviendas, hacinamiento, trabajos precarios, etc), condiciones que también se reproducen en las residencias de ancianos, donde el fallecimiento se produjo a veces por covid19 en sí, pero otras veces porque se agravaron morbilidades previas, o porque el aislamiento impuesto y la carencia de cuidados (deshidratación, malnutrición, etc…), debido a la saturación asistencial, precipitaron el deterioro físico. Concentramos en los asilos a personas frágiles, y las tratamos con muchos medicamentos, a veces innecesarios, que incrementan la probabilidad de muerte por neumonía y por covid19 (neurolépticos/antipsicóticos, psicofármacos, opiáceos, «protectores del estómago», etc), para controlarlos. Además, gran parte de las residencias de ancianos son negocios que basan su lucro en el coste de las plazas y en la reducción de plantillas, lo cual penaliza la calidad de los cuidados. También se ha comprobado que a mayor sindicación de sus trabajadores, menor mortalidad de ancianos. 

https://www.healthaffairs.org/doi/10.1377/hlthaff.2020.01011 

https://www.rtve.es/noticias/20211224/radiografia-del-coronavirus-residencias-ancianos-espana/2011609.shtml 

https://www.msf.es/sites/default/files/documents/medicossinfronteras-informe-covid19-residencias.pdf 

https://collateralglobal.org/article/effects-of-covid-19-in-care-homes/ 

https://www.nogracias.org/2020/04/04/medicamentos-que-aumentan-el-riesgo-de-neumonia-por-joan-ramon-laporte-y-david-healy/?print=print 


Un rumbo marcado por respuestas simples a un problema complejo 

No es tanto el virus como la patológica sociedad que hemos construido. La mezcla es explosiva, y el virus la prendió. Tal sociedad seguirá expuesta a pandemias similares si centramos toda la respuesta en «las vacunas biológicas». Por ello deberíamos aplicar «vacunas sociales», como una reforma alternativa a los actuales asilos, estilo reforma psiquiátrica que desmanteló los manicomios; y alternativas al capitalismo depredador que engendra desigualdad creciente y pobreza y destruye el medio ambiente. Los niveles de incompetencia en la respuesta institucional a la pandemia no dejan de crecer, en la misma medida que se repiten las consignas aireadas por el establishment científico, político y mediático, pero crecen todavía más el hastío profesional y el pánico colectivo inducido. Y no hay respuesta científica ni profesional organizada. Cada vez se superan los políticos y expertos, como con la triste propuesta del Consejo Interterritorial para la Atención Primaria, el Plan de acción para Atención Primaria y Comunitaria 2022-2023 

¿Qué decir de la decisión de obligar a llevar la mascarilla en el exterior, incluso en una calle solitaria? 

No hay ninguna estrategia para recuperar la normalidad, la solidaridad y la resistencia social frente a la pandemia. Nos estamos instalando en el egoísmo y la discriminación de la solución fácil de un “Estado vacunal”, de tercera dosis generalizada y vacunación desde la más tierna infancia, y la siguiente etapa será la cuarta y repetidas dosis, para “combatir” las sucesivas nuevas variantes, y así seguir llenando los bolsillos de los accionistas de las industrias farmacéuticas al tiempo que se incrementa el individualismo, el control social, la desigualdad y la pobreza. El mensaje que recibe la población es contradictorio, confuso y alarmista y el que reciben los profesionales, similar y a veces insultante. 

Diez propuestas para corregir el rumbo de la pandemia covid19 

Dada la gravedad de la situación, el nulo debate, los ataques a derechos fundamentales y el daño que se produce con medidas sin evidencia o directamente en contra de la misma, EXIGIMOS: 

Suspensión de los llamados pasaportes covid19 pues ni siquiera cumplen el fin con el que se pretenden justificar (disminución de contagios). Y en ningún caso el fin justificaría los medios, una premisa que se ha ignorado con frecuencia durante la pandemia. Los certificados covid19 carecen de ciencia y de ética. Y menos si con ellos se pretende discriminar y dificultar la vida social y laboral de quienes no se hayan vacunado, para forzarlos, pues la duda vacunal merece respuestas más científicas, humanas y respetuosas. El colmo es la discriminación, estigmatización y marginación de la infancia-adolescencia no vacunada. En todo caso, además, detener la promoción de la vacunación obligatoria, una medida violenta que no tiene que ver con la salud sino con la política ya que pretende ocultar el fracaso institucional en la gestión de la pandemia, tanto nacional como internacional. Es una violación de tratados internacionales que protegen a las personas de recibir tratamientos médicos en contra de su voluntad y un precedente absolutamente inaceptable hacia una deriva totalitaria con la excusa de la salud. 

Moratoria de la vacunación a la población infantil sana, por razones científicas y éticas (y para evitar efectos adversos como miocarditis, más frecuentes con las vacunas que con la propia covid19). En esto, como en todo, conviene no abandonar el primum non nocere, principio que se ha ignorado frecuentamente en la pandemia, con el consecuente exceso de muertes (por covid19 y por no covid19). Además, conviene fomentar la declaración de las sospechas de reacciones adversas, por profesionales y legos. 

Suspensión de la obligación del uso de mascarilla en exteriores, medida puramente teatral, y absurda donde las haya. Respecto a su uso en interior, y dado el contagio por aerosoles quizá mejor la FFP2 y abaratar su precio hasta la gratuidad cuando sea prudente. En todo caso, recomendar evitar los lugares mal ventilados y el hacinamiento. 

Adaptar el rastreo de casos a la situación epidemiológica, valorando su oportunidad en cada situación y paciente (según el cuadro clínico y la capacidad de contagio), como en brotes de supercontagiadores. Abaratar las pruebas de auto-diagnóstico y propiciar que se puedan cumplir aislamientos y cuarentenas mediante apoyo económico y habitacional digno (y en su caso auto-justificación de ausencia al trabajo, sin precisar visita médica administrativa), independientemente del estado de vacunación (los vacunados se contagian y contagian). Propiciar que, si hay covid19 en la infancia y se requiere aislamiento y/o cuarentena, puedan ser sus progenitores quienes los cuiden, activando un permiso especial. 

Alejarse «de la vacuna es la solución» promoviendo vacunas “sociales”, como disminución de la pobreza, especialmente infantil, apoyo a las comunidades y sus organizaciones, a la juventud y sus propuestas alternativas, etc para paliar el especial impacto de la covid19 en distintos grupos sociales. También, promover la sindicación de los trabajadores socio-sanitarios y sanitarios de las residencias de ancianos. Así mismo, apoyar iniciativas que disminuyan como “solución final” la reclusión en tales residencias ofreciendo alternativas incluso de auto-organización. 

Salir de la “niebla pandémica” revitalizando la salud pública para poder tener siquiera datos comparables en series oficiales, y conseguir que se genere información y conocimiento. Valorar y aprender de los aciertos y errores en la respuesta pandémica, nacionales e internacionales. Evaluar la efectividad de la vacunación con estudios semi-experimentales. Analizar cuestiones tan simples como «comparar vacunados con no vacunados según hayan pasado antes la covid19» y «comparar vacunados con no vacunados según la medicación a que estén sometidos». También, acceso completo a los contratos firmados con las industrias y a los datos brutos de los ensayos clínicos de las vacunas covid19. En general, promover el abandono de la polimedicación innecesaria y “popular”, como la que incluye neurolépticos/ antipsicóticos, psicofármacos, opiáceos, «protectores del estómago», etc. 

Promover una atención primaria fuerte, dotada de personal y medios suficientes, en que cada persona encuentre profesionales “de cabecera”, conocidos y polivalentes. Con agendas que aseguren el contacto con los mismos en 24 horas, virtual o presencial. Una atención primaria fuerte abierta a la innovación y la auto-gestión que ofrezca la mejor calidad con seguridad. 

Facilitar y fomentar el debate público científico, ciudadano y ético sobre la pandemia y las medidas tomadas y a tomar, en que pesen tanto los argumentos de eficacia como los de eficiencia (valoración del bien social general), y tanto las opiniones de expertos como las de quienes se ven afectados. Generar espacios de diálogo con la ciudadanía, ya que los puntos de vista distintos al relato oficial son habitualmente excluidos de las medidas políticas y censurados en los medios de comunicación. 

Desarrollar políticas generales, sociales y médicas que contrarresten la Ley de Cuidados Inversos (reciben más cuidados quienes menos los precisan, y esto se cumple con mayor rigor donde los servicios se orientan más al mercado). Por ejemplo, dotando de presupuestos suficientes la Ley de Dependencia. Cuidar especialmente las necesidades de las personas institucionalizadas como los pacientes crónicos de centros psiquiátricos (unidades de rehabilitación psiquiátrica) y privadas de libertad como prisiones, donde persisten grandes restricciones para las comunicaciones y las actividades generales. 

Promover la integración armoniosa y solidaria de todos los miembros de la sociedad, buscando colectivamente formas sociales que puedan dar respuesta a nuestros desafíos: “de cada cual según su capacidad, a cada cual según su necesidad”. 

La ideología de la salud a toda costa es una fuerza motriz dominante en las sociedades desarrolladas, por eso al poder le es tan fácil imponer medidas coercitivas, de manera que se acepta, incluso se agradece, cualquier medida aparentemente orientada a controlar la pandemia, a salvarnos. Tan es así que se anula la capacidad social de reflexionar sobre otras amenazas; o de analizar la efectividad y las consecuencias sociales de las medidas adoptadas. 

Tampoco se reflexiona sobre las consecuencias sociales de nuestro modelo de desarrollo, de los abusos que se comenten en los países pobres y de la falta de comprensión de su cultura y de sus prioridades. Cuando gran parte de la población sufre pobreza, hambre o guerras, las personas prefieren resolver el hambre u otras amenazas ciertas de muerte antes que la improbable debida a un virus. 

Para el establishment es más fácil demonizar toda duda sobre las medidas propuestas para afrontar la pandemia, incluida la vacunación, etiquetándolas de negacionismo. Pues bien, parece llegado el momento de poner en evidencia tanto los aciertos como las incompetencias; discriminar entre tanta medida contradictoria; permitir y estimular el debate social y científico sobre las medidas a adoptar, por encima de la inercia de los políticos, cuya lógica les impele a hacer algo, aunque sea erróneo, con tal de mostrar firmeza y mantener el poder. 

Hay que incorporar al debate qué medias queremos, qué modelo de vida y salud queremos, qué solidaridad estamos dispuestos a otorgar y qué libertades estamos dispuestos a perder.

miércoles, 29 de diciembre de 2021

Fallece de soledad (y no de Covid) la primera vacunada de Gran Canaria

En un acto solidario en la calle Triana
de Las Palmas de GC 27/12/15

Mari Carmen Déniz Marrero, la conocida expresidenta de la “Frater” de España murió en la Nochebuena. Sus amigos habían podido oír sus últimos washaps: “Cada vez más sola. Triste por eso”. Su voz nos habla de esta “enfermedad” silenciada de tantos y tantos que mueren de soledad. No lo dirá el certificado de defunción, ni documento escrito alguno pero esa será la verdad. Ni la autopsia lo diría. Pero no faltan estudios sociológicos que ya contemplan este hecho. Y hasta por el mundo hay más de un Ministerio de la Soledad. El otro día, sin embargo, un buen sociólogo pedía mascota para la soledad de su madre, aunque intentara añadir en su descargo que también le serviría para hacer ejercicio.

Estas muertes de soledad cada vez que se endurecen las medidas ante el covid  quizá deberíamos llamarlas “asesinatos”. A más de uno nos parece una pregunta tan justa y ética como científica. El papa Francisco ha dicho para escándalo de algunos y silencio de otros que “esta economía mata”. Pero ¿hay un asesino a quien llevar a juicio? ¿cómo mata en concreto? Acierta el refrán: “entre todos la mataron y ella sola se murió”.  No hace falta que nadie apriete el gatillo, es más simple aunque parezca más complejo.

Es la gestión de la pandemia lo que se ha llevado por delante a Mari Carmen. Ha sido el decreto aislacionista. Mari Carmen tenía un largo historial de enfermedad pero supo vivir y luchar. No tenía la movilidad que quería, ni autonomía total pero fue capaz de luchar por los derechos de las personas discapacitadas y perteneció al movimiento eclesial “Frater” y a la asociación civil Cocemfe. Supo trabajar por reducir las barreras físicas y las de una mentalidad que a veces margina a las personas por algún tipo de discapacidad.

Desde posiciones científicas ya hay sanitarios que dicen “¡Hay que parar esto! Dejar de hacer para poder hacer” (www.saludineroyap.blogspot.com) refiriéndose a que no se puede seguir dejando de hacer todo lo que hay que hacer (cuidar y cuidarse) en nombre de una lectura de la problemática covid chata, mezquina y farmamafiosa (hacer negocio con la enfermedad). Ya sabemos que el 2021 va a dar peores cifras de aumento de la mortalidad que 2020 porque, si bien el covid es cosa sería y asesina, más asesina es la gestión de la pandemia. Duro y triste pero tan real como que el hambre, la ignorancia y la enfermedad que existen simplemente (no complejamente) porque son negocio.

En la primera ola murieron muchos ancianos en soledad. Ya nos quejamos entonces. Entonces muchos profesionales sanitarios se saltaron con ciencia y con ética tan malvada imposición y permitieron despedirse a los moribundos de sus seres queridos. Otros no pudieron o no supieron. Pero seguir haciéndolo tan mal veintiún meses después es mucho más grave.

Mari Carmen fue -como dijo Manolo Medina en el cementerio- una profeta, una luchadora. Mari Carmen vivió aquel “Levántate y camina” de Jesús, de no quedarse atrás, de exprimirse en favor de los demás, de vivir con alegría las pequeñas cosas de cada día; supo ser de la manera más plena: dándose.

Como usuaria de la residencia El Pino estaba tan harta de confinamiento que fue con gusto la primera vacunada de Gran Canaria. Cuando la entrevisté para “Solidaridad” en la Emisora diocesana fue muy clara: “Hemos sobrevivido gracias a las Auxiliares, ¿por qué no nos han dejado bajar al hermoso jardín?”. En la pandemia hemos ido todos en el mismo barco, pero unos en primera y otros en tercera, e igual que el el Titánic los de tercera murieron mucho más.

Aprovechando “que el Pisuerga pasa por Valladolid” hablemos de política una vez más. No quiero decir que este o aquel sean los únicos responsables de estas muertes, no, no quiero decir eso. Pero tampoco quiero callar. Mari Carmen no habría fallecido si no se la hubiera recluido en la soledad con motivo de las condiciones de aislamiento hospitalario de -en este caso- una clínica concertada. Todos somos más o menos responsables -unos más y otros menos- si hemos enterrado nuestros talentos con la secreta pretensión de al menos conservarlos. Si eso ocurre siempre se pierden, como en el relato de Jesús, frecuentemente tachado de injusto. Es así: creyendo conservarlos parecerá que nos los han arrebatado contra nuestra voluntad y miraremos con envidia a quienes se los ganaron simplemente usándolos, simplemente viviendo, simplemente practicando.

Mari Carmen descansa en paz pero murió antes de tiempo quizá por la descansolatría de quienes enterramos los talentos. Murió antes de tiempo, quizá por nosotros adorar esa propia tranquilidad que Tolstoi llamó “bajeza moral”. No es extraño que Francisco haya dicho “¡Hagan lío!”. ¿También quizá se referiría a promover democracia en la vida política?

Ahora más que nunca: Solidaridad

Eugenio A. Rodríguez


miércoles, 22 de diciembre de 2021

El TOTALITARISMO no es la defensa DEL BIEN COMÚN (si es que éste existe).


La restricción de derechos individuales durante la Pandemia y una estrategia de vacunación basada en la discriminación y la coerción, se ha justificado en el “Bien Común”. Uno de las características del totalitarismo es la negación, o al menos la limitación severa, de los derechos básicos de la personas. La justificación en muchos casos es proteger el “Bien Común”, los intereses de la sociedad en su conjunto, de la "gente de bien" o el de "los de aquí". Pero los intereses que se defienden no representan los intereses de la sociedad, ni ningún “bien común”, sino los intereses del Estado, de los que gestionan éste y de los que éstos representan, es decir los intereses del poder político y económico. 

Cuando uno apela al “bien común”, la cuestión inmediata que surge es quien lo define. En el caso de la gestión de la Pandemia se ha dado por hecho que es el Gobierno y el coro de expertos que le acompañan (una vez excluidos todos los científicos disidentes) en su discurso y respaldan sus perspectivas. Así, el “bien común” no se considera algo sujeto a debate y negociación, sino como verdad absoluta "revelada" a los gobiernos. No se contempla tampoco que lo que se considera "bien común" depende de valores de grupos e individuos. 

No se debería aceptar, y de hecho habitualmente se cuestiona, que la postura del 
Gobierno representa en bien común. Sin embargo, en el caso de la Pandemia, implícitamente hasta la izquierda ha aceptado esa idea. Incluso aunque las propuestas del Gobierno representaran la opinión de la mayoría (hecho muy dudoso porque la opinión de la mayoría refleja la capacidad de gobiernos y el poder económico de influirla y no al revés), tampoco creemos que se se pueda aceptar a “priori” que los intereses y opiniones de la mayoría son el bien común. Soon intereses y opiniones de la mayoría y como tales deberían ser respetadas, pero en ningún caso debería deslegitimar las posiciones de las minorías ni por supuesto cuestionar derechos individuales. Unos derechos que no deben estar sujetos a otros deseos que no sean los propios, derechos como la libertad de conciencia y expresión y el derecho a la autonomía personal y a no sufrir imposiciones en ámbitos estrictamente individuales.

Habría que demostrar de forma fehaciente que se pone en peligro DIRECTO e INMEDIATO la salud, la vida y el bienestar de otras personas, para que se pueda plantear limitar derechos individuales, y solamente cuando no exista otro medio de impedir ese daño sin restringir libertades individuales. Está claro que nadie puede contagiar a nadie una enfermedad causada por un virus de transmisión respiratoria si el posible contagiado pone los medios necesarios: mantiene distancia de seguridad, no permanece en espacios cerrados periodos prolongados si no está asegurada una correcta ventilación o renovación del aire, etc. 

En el caso concreto de que la vacuna protegiera del contagio y transmisión, los vacunados para no complicarse la vida y tener que adoptar precauciones no pueden pedir a los que no quieren recibirlas, unas vacunas con dosis enormes de incertidumbre. PERO ES QUE ADEMÁS, LAS VACUNAS ACTUALES NO IMPIDEN NI LO UNO NI LO OTRO.

Ahora más que nunca: Autogestión

José R. Loayssa

martes, 21 de diciembre de 2021

¡Qué raro! ¡Las vacunas funcionan!

Juan Gèrvas

¡Qué raro! 
Las vacunas covid19 "funcionan". Sí, "funcionan".
España, que tiene que enseñar al mundo su gestión de la pandemia, con el 91% de la población vacunada, sometida a una sexta ola que todo arrasa! Casos, hospitalizaciones, UCI, muertes. Es raro, sí. 











2/9
Los vacunados covid19 tienen miedo de los novacunados covid19. 
Como las vacunas covid19 "funcionan", no hay quien entienda ese temor.
¿La protección de las vacunas covid19 no protege ante los novacunados?
¡Qué raro, siendo vacunas que "funcionan"!

3/9
Hay muchas vacunas que fuerzan la evolución de los gérmenes. 
Por ejemplo, de tosferina y de neumococos.
Quizá las vacunas covid19 fuercen el escape del virus y la aparición de variantes como la delta, la omicron, etc.
Es raro, siendo vacunas que "funcionan".

4/9
Las vacunas covid19 "funcionan". 
Por eso el certificado covid19 caduca a los seis meses de la última dosis.
Por eso hay que re-vacunar con otra tercera dosis, y en el futuro con una cuarta. Y quizá cada seis meses, o menos.
Son vacunas que "funcionan", pero poco (parece).

5/9
Cada vez más restricciones, más intensa implantación de certificado covid19, más avisos de peligro, más miedo, más mascarilla, ...
¡Y cada vez Europa más población vacunada y re-vacunada!
Es raro ¿no?
¿Es esta la eficacia de más del 90% de Pfizer hace poco más de un año? 











6/9
Los vacunados covid19 se contagian y contagian, como si nada (eso, como si no estuvieran vacunados).
Es raro, ¿no? ¡Siendo vacunas que "funcionan"!
De hecho, los vacunados y el riesgo moral (comportamientos "atrevidos" al creerse protegidos) son los causantes de la sexta ola.

7/9 
La mayoría de las vacunas no producen inmunidad de grupo, tampoco las de covid19. ¿Y la promesa del Presidente de España de que se conseguía en verano 2020? No, las vacunas covid19 no producen inmunidad de grupo/rebaño. Y siempre lo hemos sabido:
http://saludineroap.blogspot.com/2021/08/el-espejismo-de-la-inmunidad-de-rebano.html

8/9
España tiene 89.000 muertos covid19, en gran parte evitables. Políticos con sus expertos y generales, orgullosos. 
¡Ni responden de los viejos muertos de sed en los asilos!
Es raro. No establecen planes de investigación, tampoco para la efectividad de las vacunas covid19.

9/9
En síntesis y en español vulgar: "las vacunas covid19 funcionan pero vamos jodidos con la pandemia covid19". 
¡Y eso que el efecto "cosecha" ya se llevó en 2020 a los más frágiles y tratados con más medicamentos! 
Es raro, ¿no?

Ahora más que nunca:  la ironía (y la alegría)

domingo, 19 de diciembre de 2021

CENSURADO en el periódico "EXPANSIÓN": Basta ya

Imagen de la médica y viñetista Mónica Lalanda
que no tiene relación directa
con lo referido en el artículo.
Fernando del Pino Calvo-Sotelo
Escribo desde hace diez años en Expansión con entera libertad. Sin embargo, ayer, en el último minuto y de modo injustificable, Expansión censuró y retiró este artículo que iba a publicarse hoy. Lamento que un periódico como Expansión censure un artículo cuyas fuentes son, entre otros, The Lancet (una de las tres publicaciones médicas más prestigiosas del mundo), artículos de reconocidos epidemiólogos en el Wall Street Journal (el periódico económico más importante del mundo), comunicados del JCVI británico y del Ministerio de Sanidad de Japón y datos oficiales del Ministerio de Sanidad español.

Esta locura debe acabar. El programa de vacunación masiva con vacunas y terapias genéticas en gran medida experimentales para combatir una enfermedad que cursa leve para la inmensa mayoría de la población se está convirtiendo en un escándalo de salud pública, y su extensión a niños y adolescentes sanos es simplemente inmoral. Contrariamente a lo que repite la histeria colectiva creada por el contubernio político-mediático-farmacéutico, la vacunación a estas edades no protege a los niños de nada, pues para ellos el covid es levísimo, ni protege a sus padres o abuelos, pues los contagios de niño a adulto son inhabituales[1] y, sobre todo, caramba, porque estas vacunas no impiden ni el contagio ni la transmisión[2], como estamos viendo. En cambio, exponen innecesariamente a los niños a potenciales efectos adversos a corto plazo que aun poco probables pueden ser serios, como la miocarditis (“con cuadro clínico atípico y de pronóstico incierto a medio plazo”, según el JCVI británico[3]), y a la incertidumbre de efectos secundarios desconocidos a largo plazo. ¿Cómo calificarían ustedes a una sociedad que pone en riesgo la salud de los niños para que algunos adultos duerman más tranquilos? Por tanto, recomiendo a los padres que, antes de tomar una decisión que será irrevocable, se lo piensen mucho y no se dejen arrastrar por razones equivocadas como la presión social, sino valorando exclusivamente los riesgos y beneficios para sus hijos, que no pueden defenderse ni opinar por sí mismos. Asimismo, si sus pediatras recomiendan vacunarse exíjanles la firma de la correspondiente receta para que asuman su responsabilidad.

Una miríada de estudios y datos epidemiológicos recientes confirman que las vacunas y terapias genéticas no impiden ni el contagio ni la transmisión del covid y que su eficacia para reducir la gravedad se ha reducido mucho. De ahí la sorpresiva tercera dosis, inoculada en estado de pánico por Israel ante la evidencia del fiasco vacunal y promovida de tapadillo en España para intentar disimular dicho fiasco. Hace poco nos decían que dos dosis y un 70% de inmunidad de rebaño acabarían con la epidemia. Ahora son tres o cuatro dosis (¡en pocos meses!) y un 95%. Vaya tomadura de pelo.

El desmedido afán de lucro de las empresas farmacéuticas, la incalificable campaña de terror mediática y oscuros intereses políticos propiciaron desde un principio que el foco se pusiera en reducir el número de contagios y no el de muertes, algo absurdo en una enfermedad que cursa leve para la mayoría. Acto seguido se torpedeó sistemáticamente la aparición de tratamientos baratos y prometedores dirigidos sólo a los enfermos de riesgo y se hizo creer a la opinión pública que la única esperanza eran unas lucrativas vacunas poco testadas y dirigidas a toda la población. Una vez vacunada la población de riesgo era imprudente y estéril continuar vacunando indiscriminadamente, pero nos dijeron que las vacunas pararían la epidemia y nos devolverían a la normalidad. “Primero les encerramos, luego les asustamos y finalmente les vacunamos a todos”, fue la consigna. Pues bien, la falacia se ha topado con la realidad. Las altas tasas de vacunación no están frenando los contagios. En septiembre, un estudio realizado en 68 países observó que, al contrario de lo esperado, “las zonas con mayor porcentaje de población totalmente vacunada tenían más casos de COVID-19 por cada millón de habitantes[4]”. En este sentido, según otro estudio publicado en The Lancet Infectious Diseases, los vacunados que enferman de covid parecen ser ligeramente más contagiosos que los no vacunados, con una carga viral similar[5]. Para más inri, otro artículo científico ponía de manifiesto que “la aparición y frecuencia de nuevas variantes resistentes a las vacunas está fuertemente correlacionada con las tasas de vacunación[6]”, es decir, que a mayor porcentaje de vacunados, más variantes. Y según un estudio sueco publicado como pre-print en The Lancet, Pfizer y Astrazeneca (85% de las vacunas administradas en España) no tienen “ninguna eficacia” para prevenir la infección de covid pocos meses después de su inoculación, y su eficacia para reducir la gravedad y muerte ha caído hasta un “indetectable” 42% seis meses después de vacunarse[7]. No olviden que todos estos datos son anteriores a la llegada de la famosa variante Omicron, convertida en chivo expiatorio del fiasco vacunal. Quizá por ello, según el Ministerio de Sanidad actualmente en España el 71% de los hospitalizados y el 80% de los muertos por covid mayores de 60 años son personas perfectamente vacunadas[8]. La evidencia comienza a ser abrumadora. Así, un recientísimo artículo en The Lancetcon datos de varios países ha denunciado “la gran negligencia” de las autoridades sanitarias al negar tal evidencia[9] en una cínica huida hacia adelante. En Alemania “seis de cada diez casos sintomáticos de COVID-19 de mayores de 60 son personas totalmente vacunadas [ya son siete de cada diez], proporcionando una clara evidencia de la creciente relevancia de los vacunados como posible fuente de transmisión”. En el Reino Unido, nueve de cada diez nuevos casos de COVID-19 entre mayores de 60 años “se produjeron entre los totalmente vacunados”, y una semana antes “la tasa de casos de COVID-19 por 100.000 había sido mayor entre el subgrupo de vacunados que en el de no vacunados” de 30 años o más. Y en Israel un brote hospitalario cuya fuente había sido un paciente vacunado tuvo como resultado que “catorce pacientes totalmente vacunados enfermaron gravemente o murieron, mientras que los dos pacientes no vacunados desarrollaron una enfermedad leve”. The Lancet concluye: “Es una gran negligencia ignorar a la población vacunada como una fuente de transmisión posible y relevante”. Estos datos desmontan por completo el paripé del pasaporte covid, la persecución de los no vacunados y los programas de vacunación infantil.

El carácter voluntario-obligatorio de estas vacunas en Europa ha vulnerado principios médicos y éticos. No así en Japón, donde el Ministerio de Sanidad deja claro que la vacuna COVID-19 “no es obligatoria ni forzosa, sino que sólo se realizará con el consentimiento de la persona a vacunar tras la información facilitada”. Y añade: “Le rogamos que se vacune por decisión propia, comprendiendo tanto la eficacia como el riesgo de efectos secundarios; no se administrará ninguna vacuna sin dicho consentimiento, y por favor, no obligue a nadie en su lugar de trabajo o a los que le rodean a vacunarse, y no discrimine a los que no se han vacunado[10]”. Y aquí, ¿dónde están los consentimientos informados? ¿Qué médico ha firmado nada? ¿Dónde queda el respeto a los no vacunados en este ambiente de histeria y fascismo sanitario? En España algunos sátrapas regionales, repanchingados en sus palacetes feudales, imponen a sus siervos la presentación de un salvoconducto para entrar en un hospital o tomarse una cerveza, y da igual que semejante atropello se base en una superstición, pues el vacunado transmite el virus exactamente igual (o más) que el no vacunado. ¿Y qué decir de la Sala del Tribunal Supremo (con la numantina excepción de un voto particular) que se ha prestado a esto autorizando el pasaporte covid con contradicciones que causan rubor?

Repito: esta locura debe acabar. Ha llegado el momento de exigir a los responsables políticos que digan la verdad a la población sobre las limitaciones de eficacia y seguridad de estas vacunas y que detengan la campaña infantil. Para los niños sanos esta vacuna tiene muchos más riesgos que beneficios y, como dice el inmunólogo norteamericano Robert Malone, coinventor de la tecnología de las vacunas ARN mensajero, “la razón que le están dando para vacunar a su hijo es mentira: sus hijos no presentan peligro alguno para sus padres o abuelos[11]”. Yo aún diría más. No es deber de los niños proteger a los adultos, pero sí es deber de los padres proteger a sus hijos.

Fernando del Pino Calvo-Sotelo

www.fpcs.es

[1] The Case Against Covid Tests for the Young and Healthy – WSJ
[2] Caza de brujas vacunal – Fernando del Pino Calvo-Sotelo (fpcs.es)
[3] JCVI statement on COVID-19 vaccination of children aged 12 to 15 years: 3 September 2021 – GOV.UK (www.gov.uk)
[4] Increases in COVID-19 are unrelated to levels of vaccination across 68 countries and 2947 counties in the United States | SpringerLink
[5] Community transmission and viral load kinetics of the SARS-CoV-2 delta (B.1.617.2) variant in vaccinated and unvaccinated individuals in the UK: a prospective, longitudinal, cohort study – The Lancet Infectious Diseases
[6] Mechanisms of SARS-CoV-2 Evolution Revealing Vaccine-Resistant Mutations in Europe and America | The Journal of Physical Chemistry Letters (acs.org)
[7] Effectiveness of Covid-19 Vaccination Against Risk of Symptomatic Infection, Hospitalization, and Death Up to 9 Months: A Swedish Total-Population Cohort Study by Peter Nordström, Marcel Ballin, Anna Nordström :: SSRN
[8] Actualizacion_524_COVID-19.pdf (mscbs.gob.es)
[9] The epidemiological relevance of the COVID-19-vaccinated population is increasing – The Lancet Regional Health – Europe
[10] COVID-19 Vaccines | Ministry of Health, Labour and Welfare, Japan|厚生労働省 (mhlw.go.jp)
[11] Between the Forceps and the Stone (substack.com)

Margarita Mediavilla: NO NORMAL