Y para hacer pensar en todo esto, sin apuntar por supuesto a nadie, en un monólogo amable y paternal, sin homilía ni sermón, sin catequesis y menos apóstrofos retóricos, en solo nueve minutos habló el papa, sin un papel en la mano, más y mejor que un profesor de derecho constitucional; más y mejor que un buen lector humanista; más y mejor que un lejano amigo de España, que quisiera lo mejor para ella y para todos los países del mundo: La política, como una alta forma de caridad: Con la misión de hacer progresar el país, consolidar la nación y hacer crecer la patria. Y esto dicho, de una manera u otra, hasta tres o cuatro veces. Un lenguaje habitual para un argentino y para cualquier ciudadano de cualquier país del mundo. Menos para un progresista español. ¡Y los siete españoles, que estaban allí y le escuchaban, lo eran!
Difícil tarea en verdad la de ese hipotético político: Construir la patria con todos. Eso no es fácil. Construir la patria donde no nos es permitido el borrón y cuenta nueva. ¿Le habrían dicho al papa quizás que un politico, devoto suyo en varias ocasiones solemnes, que es el único que habla a veces en España de patria (como Estado plurinacional) y habla tambén del borrón y cuenta nueva? Y prosigue el pontífice: En una empresa es permitido, en la patria no, porque es algo que hemos recibido. Y tampoco nos es permitido irnos a refugiarnos allá en lo que fue hace cincuenta, cien años. Seguramente que el papa, como buen argentino, sabe también que en nuestro país a un populismo del borrón y cuenta nueva se le opone otro nostálgico de hace medio siglo.
Para el papa -¡y dale que te pego!-, lo más difícil del político es hacer crecer la patria (la nación querida y amada, pueblo consciente y unido, con proyecto de futuro), no solo el país, no solo el Estado, su organización jurídico-política, que parece ser la única aspiración de casi todos los políticos españoles. Y ahí vienen las ideologías, que sectarizan, que deconstruyen la patria. Y para eso nada mejor que citar el libro de un comunista italiano sobre el nacional-socialismo alemán: ¡máxima autoridad sobre un campo indiscutible! En fin, la política no como maniobra sino como servicio en las tres vertientes; país, nación, patria. Y una última evocación de un popular compositor bonaerense de tangos y milongas: ¡Se nos murió la patria! ¿Otra vez?
¿Quién podría pensar que el papa Francisco, siempre distante cuando le invitan a venir a España -«¡Que se arreglen primero entre ellos!»- se refiriera en esa visita, delante del presidente del Gobierno español, precisamente a España?






