sábado, 14 de noviembre de 2020

Ambigüedad moral de la “GRAN” recogida de alimentos



Se publicita que el objetivo que pretenden los Bancos de Alimentos es cubrir las necesidades puntuales de alimentos de personas que no tienen para alimentarse.

Pero años de “recogidas de alimentos” e incluso siglos ya, no han acabado con el hambre. Sí, hambre. Sabemos -entre otras cosas- por los colegios que hay muchos niños que sólo comen bien una vez al día. La alimentación sana es un auténtico lujo casi para la mayoría. Algo se está haciendo mal cuando las recogidas de alimentos, lejos de disminuir, van creciendo cada año. Cada vez hacen falta más voluntarios, más grandes superficies colaboradoras, y más y más kilos donados. La llamada a la sociedad busca conseguir un nuevo récord, superar el del año pasado.

Es loable la intención de paliar las necesidades más urgentes de quienes lo pasan mal. Pero “el infierno está lleno de buenas intenciones” se dice. Todos los que entregamos alimentos o tarjetas para alimentos sabemos que son sólo son parches. ¡Parches! Y ya son tantos los parches que apenas se ve el neumático. Y uno no puede dejar de preguntarse si habrá alguien (o alguienes) haciendo un negocio con los parches. Porque a la vista está que ahora las mascarillas sí que son un negocio.

Y volvemos con la eterna cantinela: si se quiere resolver el problema hay que ir a las causas de los problemas. Y es legítimo preguntarse: ¿las grandes recogidas de alimentos resuelven el problema o más bien lo ocultan? ¿Se parecerán a un antitérmico que baja la fiebre para que no se note el covid19? ¿Se parecerá a un inhalador que mejore nuestra sensación pero no solucione el problema? ¿Será insulina que baja la glucosa pero no cambia el modo de vida y alimentación? ¿Será gasolina en un depósito agujereado?

Las grandes recogidas sirven para tranquilizar la conciencia de los ciudadanos, sobre todo ante la gran fiesta del hiperconsumismo en que se ha convertido la navidad junto a los blacfraidei de turno. Depositamos un par de paquetes de arroz y uno de galletas, muchas veces por vergüenza de no hacerlo, y en la caja dejamos la solución al problema y nuestro cargo de conciencia.

También sirven estas promociones regaladas para engordar las arcas de los grandes supermercados. Ponen a su disposición decenas de miles de voluntarios que instan a los compradores a colaborar con la tarea. Una fantástica campaña publicitaria que incrementa sus ventas, además de mejorar su imagen -que reflejan en sus informes de Responsabilidad Social Empresarial- e incluso les reporta desgravaciones por donaciones a mayores. Redondo.

El resultado de todo ello es que se recogen muchos millones de kilos de alimentos, pero no se mueve ni un ápice la conciencia sobre las causas que provocan estas necesidades. Más bien lo contrario. No están organizadas para hacer pensar, para analizar, para cuestionar la realidad. Ponemos la tirita encima de la hemorragia y ahí se acabó nuestra contribución.

Por poner un ejemplo, ¿se imagina que ese fin de semana de recogida, le llegan 25 ó 30 millones de mensajes a los políticos de turno? A buen seguro que estaríamos poniendo las bases para detener esta injusta hemorragia social que es el hambre. ¿Y si exigimos auténticas soluciones llegadas las elecciones? ¿Y si exigimos tener datos y estudios reales de las causas de los problemas? ¿Y si se sube el salario mínimo y se establece un salario máximo?

Hay campañas que son una trampa. Son paternalistas, asistencialistas, y estigmatizantes para los que reciben los alimentos. Planteémonos seriamente exigir un cambio en las políticas, de las que derivan las causas de los problemas, pero que también tienen la posibilidad de ser la solución a los mismos… si hay voluntad.

Exijamos que el Gobierno de España reconozca el derecho a la alimentación dentro de la Constitución española. Ahora que andan enredados en cambiarla por asuntos menores, muy lejanos a la justicia social que dicen proclamar, que éste sea uno de los cambios fundamentales, como ya están haciendo otros países, ¿O no es lo más importante para cualquier sociedad?

También exijamos que ratifique el Acuerdo sobre de los Derechos de los Campesinos de la ONU, en el que nuestro Gobierno, supuestamente internacionalista, se abstuvo, frente a una inmensa mayoría de países que votaron a favor. Es necesario que se promuevan, con carácter de urgencia, leyes de aprovechamiento de los recursos alimentarios y contra el despilfarro.

Necesitamos nuevas formas de reparto de la riqueza que no sean paternalistas y sean justas. ¡Salario justo! ¡Pleno empleo!

Ahora más que nunca: Política solidaria

Eugenio A. Rodríguez

viernes, 13 de noviembre de 2020

Melilla: compran silencios y complicidades de ONGs

Es una vergüenza ver lo que ONGs con un acreditado trabajo en distintas partes del mundo hacen en los centros de acogida de menores en Melilla.

Es una vergüenza ver como ONGs programan y vienen realizando talleres muy bien pagados sobre enfermedades de transmisión sexual, utilización de condones, vaginas peligrosas, se les pone vídeos en castellano que no entienden sobre violencia doméstica cuando muchos menores vienen precisamente escapando de ese problema...

Los chavales se quejan y están cansados de que se les meta en bases de datos y no saben para que se hace eso, necesitan otras ayudas, necesitan que se denuncie que no se les documenta, que las condiciones de habitabilidad del centro son lamentables, que hay de 60 a 130 jóvenes en la calle y sin más alternativa que intentar pasar en barco a la península jugándose la vida cada noche, que no tienen acceso al sistema educativo en muchos casos, ni a una sanidad aceptable.

ONGs que en otros lugares realizan un buen trabajo, aquí en Melilla callan y dan cursos y hacen cosas absurdas que solo valen para esconder el estado de rechazo que sufre el grupo de menores más abandonado por las instituciones, es decir, los menores no acompañados y especialmente aquellos que quedan fuera del sistema de protección, los que quedan en la calle.

Tan indecente es a mi parecer que los responsables locales de estas ONGs programen estas actividades de forma tan prioritaria cuando hay otras mucho más necesarias, como que desde las instituciones se facilite cualquier cantidad que pidan y así comprar silencios y tener complicidades.

Ahora más que nunca: solidaridad

José Palazón

viernes, 6 de noviembre de 2020

Tal día como hoy llegaba a Rusia el oro de España

Con mucho gusto copio de "Ediciones la Voz de la Anarquía" que puede seguirse fácilmente en facebook. Con la intención de que los españoles que quieran, puedan saber que la crítica más fuerte a Negrín y a aquel PSOE no vino de Franco sino desde la izquierda real, fuera anarcosindicalista o socialismo aplastado por el socialismo dominante.

La Voz de la Anarquia/facebook
Un día como hoy, 6 de noviembre, pero de 1936, llegaban a Rusia más de 500 toneladas del oro español.
Era, como bien se sabe, el pago exorbitante de las armas que Rusia mandaba a España. No se trataba de armas vendidas a buen precio ni en las mejores condiciones.
Eran armas viejas de la guerra de Crimea que estallaba en las manos de los combatientes. Además, estas iban destinadas únicamente al Partido Comunista Español y nunca o muy rara vez a los anarquistas.
Así, un partido con un número ridículo como el PCE pasó a ser un partido grande por el chantaje armamentista.
Para 1938 el PCE dominaba el 80% de los mandos militares.
Todo, fruto de las armas que se compraron con más de la mitad de las reservas de oro del pueblo español.
Este dinero serviría para engrandecer más a los bolcheviques rusos y su aplastamiento de la libertad de Rusia.
Fortalecidos económicamente, en 1938 firman los primeros pactos con los nazis y en septiembre de 1939 asaltan juntos Polonia.
En otras palabras, el oro español sirvió para financiar la contrarrevolución mundial que encabezaba el marxismo stalinista, así como para afianzar a los nazis mediante los pactos con los bolcheviques.

Ahora más que nunca: Verdadero socialismo
Eugenio A. Rodríguez

miércoles, 4 de noviembre de 2020

CoronaVirus destapa vergüenzas del capitalismo

Economía solidaria
Son ya muchas las voces que ponen el punto de mira en que la crisis económica será peor que la emergencia sanitaria.

El coronavirus ha desenmascarado un capitalismo que creía que no pasaba nada si China era el polígono industrial del mundo. Pues sí pasa. Cuando vas a echar mano de las mascarillas, resulta que vienen de la otra punta del mundo.

El coronavirus ha desenmascarado un capitalismo que hace negocio con la vivienda. No quiere resolver el problema de la vivienda porque le viene muy bien. Alguien se beneficia de que casi 5 millones de viviendas en España están por debajo de los 60 metros.

El coronavirus ha desenmascarado el capitalismo y su sagrada ley de la oferta y la demanda. Suben los precios en general. De mascarillas, de gel ¡y desaparecen las ofertas de los supermercados! El propietario de Mercadona asciende en el ranking.

¿Qué dirán los forofos del mercado cuando ven que el precio de los respiradores se multiplican por respeto a las sagradas leyes del mercado tantas veces adoradas? ¿seguirán diciendo que es mejor dejarlo? ¿no queda otra opción que esperar a que otros ven ahí un nicho de negocio? ¿qué dicen los forofos del mercado cuando se confirma que, por contra, el salario de los que migrantes que recogen la fruta no sube? ¿ni en estas circunstancias son mejor pagados? ¿quedará alguien que no entienda que los migrantes más que huir del hambre son piezas de un mecanismo de contención de salarios de las tareas más tediosas?

El coronavirus ha desenmascarado un capitalismo que creía que no pasaba nada por invertir en el AVE, que es muy guay para quien lo pueda pagar y no en otras cosas.

El coronavirus ha desenmascarado un capitalismo que promueve el turismo como elemento esencial de la vida económica de regiones enteras. Los cruceros, el lío en el transporte, los aeropuertos. Las zonas turísticas del mundo compiten entre sí aunque les cueste vidas. Los grandes beneficiarios del turismo tendrán también una sanidad mejor a su disposición. Nos ha salido caro.

El coronavirus ha desenmascarado un capitalismo en el que un test rápido sale por 300 euros en la privada y cuyo coste real es de 10 o 15 e. El Dr. Simón dijo al principio que eso no era necesario. Después, Sánchez dijo que eran esenciales y la ministra de Hacienda dijo que el mercado era muy complicado. Confiados como estábamos (o como nos imponen estarlo) en el mercado no se debate siquiera sobre la conveniencia de tener industrias nacionales para medicamentos cuya eficacia se ha demostrado en otros países.

El coronavirus ha desenmascarado la supuesta eficiencia del capitalismo. ¿Puede un sistema regido por la maximización del beneficio de cada uno afrontar un problema de este calibre? Es la idolatría al máximo beneficio individual seguramente el primer responsable de este problema. La maximización del beneficio particular nos ha salido cara.

Sé por experiencia que más de un amable lector está pensando que el comunismo es peor. Y no seré yo quien defienda el comunismo y sus cien millones de muertos. Desde hace aproximadamente un siglo un sinfín de asociaciones ,especialmente el movimiento obrero pero también algunas conservadoras, defienden que el comunismo no es más que un capitalismo de Estado. O sea, parecido. Pablo VI hizo una brillante aportación al distinguir capitalismo de industrialización. Los que dicen que el progreso viene de la mano del capitalismo es porque no han escuchado seriamente esta distinción. Nada tenemos contra lo mejor del proceso tecnológico, pero eso no es el capitalismo. Rovirosa distinguía, inteligentemente, entre los técnicos y los explotadores de los técnicos. Algo similar hace hoy Francisco, cuando alaba la tecnología y condena la tecnocracia. No reflexionar juntos sobre estas cosas también nos está saliendo caro.

Los movimientos solidarios de la historia han defendido que la democracia-democracia exigía trabajar, desarrollar y esforzarse por la democracia económica, es decir, por la igualdad y fraternidad económicas: “De cada cual según sus capacidades, a cada cual según sus necesidades”. La democracia económica exige salario justo, afrontar y disminuir drásticamente las desigualdades salariales, desarrollar formas de copropiedad, incluso de los medios de producción, cooperativismo, intervención pública en áreas imprescindibles como la energía, el transporte y todo aquello en lo que la experiencia nos diga que es necesario para el bien de todos.

Camilo Sánchez, alcalde en su día más votado de España en ciudades de más de 20.000 habitantes, creía que, al tiempo que se cultivaba la democracia económica, debía cultivarse la democracia política, y tenía razón. Moría hace 20 años y siguen haciendo falta personas que se plantean intervenir en la estructura económica del mundo desde la acción política. No contar con ellos nos ha salido caro. Esta crisis ¿pro-vocará vocaciones así?

Ahora más que nunca: Economía solidaria

Eugenio A. Rodríguez Martín

viernes, 30 de octubre de 2020

Cuidados paliativos



Al hablar de “Cuidados Paliativos “, estamos tratando del concepto de la atención al paciente, que incluye a profesionales de la salud y a voluntarios, que proporcionan apoyo médico, psicológico y espiritual a enfermos terminales y a sus seres queridos. Lo recomendable es iniciar los cuidados paliativos precozmente y no reservarlos para fases muy avanzadas, en las que los pacientes ya están casi moribundos. Dichos programas proporcionan servicios en varias situaciones: en el hogar, en centros de cuidados paliativos, en hospitales o en establecimientos capacitados para asistir enfermos.

Las familias de los pacientes son también un enfoque importante, y los servicios están diseñados para proporcionar la asistencia y el apoyo que necesitan. Es frecuente que, cuando se le propone a un paciente el traslado a una unidad especializada como ésta, dicho paciente lo interprete como un desahucio o abandono. Todo lo contrario. en estas unidades los médicos y los demás profesionales sanitarios están mejor preparados para centrarse en el control de los síntomas del paciente, maximizando el confort que pueda tener en los últimos meses de su vida.

Recientemente, la Organización Médica Colegial, ha apoyado el pronunciamiento del Comité Permanente de Médicos Europeos sobre la eutanasia <<el deber principal de un médico y el de su equipo respecto al cuidado de los pacientes terminales consiste en facilitar toda la gama de cuidados paliativos, y esto incluye aliviar p prevenir el sufrimiento, y dar al paciente la asistencia necesaria para proteger o mejorar su calidad de vida>>. Un adecuado programa de cuidados paliativos permite que la mayoría de los pacientes pasen las últimas semanas de su vida en casa, es lo deseable.

En España, existen “Equipos de Soporte de Atención Domiciliaria”. Su misión es apoyar, colaborar y dar soporte a los médicos de “ Atención Primaria” en su atención integral y continuada de pacientes terminales. Estos médicos, enfermeras y psicólogos, también realizan educación sanitaria de los pacientes, así como de los cuidadores y familiares, para mejorar la adaptación a la situación, prevenir la claudicación familiar y un duelo complicado.

Ahora más que nunca: solidaridad

Israel Durán

domingo, 25 de octubre de 2020

Sociedad del Cuidado, no del Descarte


Actualmente existe una alternativa viable a la muerte dolorosa y, deberían concentrarse los esfuerzos en la implementación de programas de tratamientos paliativos. Es lícito renunciar a unos tratamientos que supondría únicamente una prolongación penosa de la existencia, ya que en dicho caso estaríamos hablando de distanasia, una prolongación médicamente inútil de la agonía del paciente, sin perspectiva de cura; en fin, un ensañamiento terapeútico, una muerte penosa. 

Hablo de la Sociedad del Cuidado, no del Descarte, ya que el caso de Holanda es muy ilustrativo por ser dicho Estado el primero en haber legalizado dicho acto eutanásico y, es aquel en el cual se ha hecho, en un espacio de tiempo relativamente breve (en abril del 2002 se legalizó, aún no dos décadas), más evidente la llamada “pendiente resbaladiza” o “plano inclinado”, (empezar realizando eutanasias en casos excepcionales y acabar realizándose en pacientes que no han dado su consentimiento). 

Bert Keizer, escritor y geriatra holandés comenta al respecto en un artículo: <>. La eutanasia podría extenderse fácilmente a pacientes incompetentes y a otras poblaciones vulnerables. ¿Se está respetando la dignidad de estas personas en particular, especialmente si son frágiles y no tienen posibilidad de defensa o posibilidad de asegurar, económicamente, unos cuidados paliativos? 

La “Asociación Médica Mundial, considera contrarios a la ética tanto el suicidio con ayuda médica como la eutanasia, por lo que deben ser condenadas ambas situaciones por la profesión médica: “El médico debe recordar siempre la obligación de preservar la vida humana”. Dicho acto eutanásico es incompatible con el papel del médico sanador; sería difícil o imposible de controlar y, plantearía serios riesgos morales al médico y a su equipo, así como a la confianza depositada por la sociedad en dichos profesionales 

Ahora más que nunca: persona humana

Israel Durán

sábado, 24 de octubre de 2020

Caminos posibles en medio de tanto ruido

 
Se parte como voluntaria, con ideas de sacrificio, y se cae en una guerra que se parece a una guerra de mercenarios, con muchas crueldades de más y el sentido del respeto debido al enemigo de menos. Con estas palabras describe Simone Weil su turbación tras su breve participación en los inicios de la guerra civil española. A pesar de ser contraria a la guerra necesitaba “hacer algo” para enfrentarse al avance del fascismo en Europa y particularmente en España. Viaja a España, alentada por los ideales de la CNT y se enrola en el grupo de los de Durruti. Allí vivirá una intensa experiencia que pondrá a prueba sus convicciones. Descubre que los “idealistas” con los que se identificaba también podían cometer atrocidades. 

    Años después escribirá una carta a Georges Bernanos a partir de la conmoción que le produce su libro Los grandes cementerios bajo la luna. Weil sabe bien quien es Bernanos: un pensador situado ideológicamente en las antípodas de sus ideales y sin embargo, con el que se siente unido por el amor a la verdad: Usted es monárquico, discípulo de Drumont: ¿qué me importa? Usted me es más cercano, sin comparación, que mis camaradas de las milicias de Aragón, esos camaradas a los que, sin embargo, yo amaba. 

    En su libro, Bernanos, autor conservador, relata la quiebra de sus convicciones ideológicas cercanas al fascismo al ver como se desenvuelve en la práctica en los inicios de la guerra civil. Los fusilamientos y la arbitrariedad del levantamiento militar en Mallorca, dónde residía por entonces el autor francés, le causan una profunda conmoción. Denuncia, con enorme contundencia, el horror, la brutalidad de los “suyos” y la perversión de los sentimientos religiosos. No es el uso de la fuerza lo que me parece censurable, sino su mística: la religión de la fuerza puesta al servicio de un estado totalitario, de la dictadura de la Salvación Pública considerada no como un medio, sino como un fin. 

    Bernanos y Weil se mueven por profundas convicciones que los situaban en espacios ideológicos enfrentados y sin embargo los dos se revuelven contra la mentira que ampara toda violencia, y lo hacen con toda la energía de que son capaces. No eluden las consecuencias éticas de sus actos y no se justifican cobardemente. Los nuestros han derramado mucha sangre. Soy moralmente cómplice. Afirmará Weil quien confesará que los crímenes le horrorizaban pero no le sorprendían, pues percibía en sí misma la posibilidad de cometerlos. Por su parte Bernanos publica su alegato exponiéndose a la reprobación pública de sus “amigos”. Hannah Arendt dirá que los grandes cementerios bajo la luna es el panfleto más importante que jamás se ha escrito contra el fascismo. 

    Otros pensadores, muchos de ellos extranjeros, escribían en ese tiempo sus posiciones, con agudas reflexiones sobre la maldad de un bando eludiendo toda autocrítica sobre el bando propio. Muchas de esas aportaciones tienen un valor indudable, pero a mi juicio, las de Weil y Bernanos, son de largo alcance. Sin duda abren caminos anchos entre las dinámicas de una polarización política muy forzada o la equidistancia desesperante que provoca en los que no se someten a ella. 

     Es posible que para avanzar por esos caminos nuevos haya que hacer un esfuerzo considerable para no dejarse llevar por la inmediatez de lo que nos ponen delante. La retórica hiperbólica de la política actual, amplificada por un sector mayoritario del periodismo actual, necesita del enfrentamiento creciente que a la postre genere vencidos y vencedores, sin calcular las consecuencias que eso tiene en la sociedad. Los aparatos políticos necesitan jugar en ese campo en momentos de crisis sistémica en los que no encuentran salidas que superen el corto plazo. Hace falta mucho ruido cuando hay delante una sociedad que se empobrece día a día.. No es casual que se active un frenético revisionismo histórico, que se apele a sentimentalismos patrióticos o que la actividad parlamentaria se infantilice a marchas forzadas. Cada uno activa los resortes que estima más eficaces entre sus afines. 

    Weil y Bernanos, desde posiciones contrapuestas, pusieron amor en la defensa de sus ideales. Y ese amor pasó la prueba de fuego que supone acoger la verdad aunque no nos guste. El amor a nuestros ideales como bien apunta Edith Stein nunca se debe oponer al amor a la verdad: No aceptéis como verdad nada que carezca de amor y no aceptéis como amor nada que carezca de verdad. 

    Ciertamente, desde ahí se abren caminos posibles y esperanzadores más allá de tanto ruido.

Ahora más que nunca Política solidaria
   
Moisés Mato
    

Margarita Mediavilla: NO NORMAL