lunes, 2 de marzo de 2026

VIVIR 150 AÑOS

De vez en cuando los medios de comunicación proclaman que la ciencia va a hacer que las personas vivamos muchos años y felices, incluso que evitará la muerte y será la salvación de los humanos. A primeros de febrero entrevistaban al experto en longevidad, José Póveda, y afirmaba que íbamos a vivir 150 años siendo jóvenes siempre y sin enfermedades...

Estas afirmaciones son miopes ya que aíslan la vida de las personas de toda la problemática social, en concreto de las realidades del poder y de las diferencias económicas, del contexto ecológico de la naturaleza y, por supuesto, de si la vida humana merece la pena ser vivida o no para cada persona. Esto supone prescindir del complejo mundo de la realidad humana con sus diversas dimensiones existenciales.

Cuando escucho estos mensajes tan optimistas me vienen a la mente cuestiones serias cómo: ¿tendríamos que aguantar a dictadores, que murieron en la cama, como Franco otros 67 años, Stalin 74, hasta que cumplieran los 150? Eso sería poco esperanzador. Si uno padece depresión, ¿tendría que vivir con ella más de cien años? El problema de la vida humana y del sufrimiento inevitable es encontrarle un sentido, descubrir la misión que tenemos en la vida y que eso nos ayude a vivir, aprender, mejorar y ayudar a los demás.

Es muy viejo el mito de “comprar” vivir siempre. Recordemos uno de los personajes culturales-literarios claves de la historia europea, FAUSTO, que mediante un pacto con el diablo va a conseguir la eterna juventud, y así llegar a la felicidad por la alianza con el mal en vez de la fidelidad a Dios, antepone el materialismo en esta vida frente a la vida espiritual que continua después. A este personaje junto con D. Quijote, Hammlet y D. Juan les dedica un capítulo J.A. Jáuregui en el libro, “Europa tema y variaciones”.

En la Biblia, libro básico de la cultura europea, en el capítulo 5 del Génesis aparecen 10 patriarcas antediluvianos que duraron entre 365 y 969 años de vida. Cierto que ese número de años es simbólico y representa que a más años vividos más unión con Dios, más allegados a Dios.

El problema para la persona no radica en que la muerte no crea interrogantes si sucede cuando se tienen 80, 110, 150, o más años. Los interrogantes son los mismos que con 60, 40 ó 20 años. La pregunta es: ¿qué le sucede a la persona después? ¿Se desaparece siendo la vida un paréntesis breve entre nada y nada? ¿O con el Descanse En Paz (DEP) se va a la casa de Dios Padre a una plenitud amorosa?

Por otra parte, no podemos evitar preguntarnos: ¿Qué pasaría si no hubiera muerte? Esta posibilidad vital nos llevaría probablemente a no vivir, pues todo se podría posponer, dejar para el día de mañana, no se cumpliría la tarea única y específica que cada quién tiene en la vida para los años que viva y acoja en libertad, pues el ejercicio de ésta supone decir no a las otras posibilidades.

Por eso es de vital importancia descubrir la misión, vocación, a la que el Señor nos llama en la vida y realizarla en todo momento. No olvidemos la máxima clásica de “no dejes para mañana lo que puedes hacer hoy”. La vida nos demanda una respuesta personal ante las situaciones que nos acontecen. Responder adecuadamente es vivir haciendo que nuestra vida sea fecunda, cumplir nuestra tarea al tiempo que no les fallamos a las personas de nuestro alrededor.

La huella en la vida social e histórica no depende de cuantos años se viva, pues como apunta el libro de la Sabiduría (4,7-9): “El justo, aunque muera prematuramente, halla el descanso. La ancianidad venerable no es la de los muchos días ni se mide por número de años; la verdadera canicie para el hombre es la prudencia, y la edad provecta, una vida inmaculada”.

Jesús de Nazaret solo vivió 33 años y es quien fue más decisivo en la historia de la humanidad, pues relatamos la historia con AC (Antes de Cristo) y DC (Después de Cristo). Aunque para ser más exactos sigue siendo el más decisivo hoy según confiesan sus seguidores, pues consagran su vida a vivir en unión con Cristo, prefiriendo la muerte antes que romper la unión con Él. También tiene influencia en ámbitos de otras religiones y de no creyentes, pues es un patrimonio de la humanidad.

Lo realmente importante es intentar llevar una vida verdaderamente humana, justa, honesta... y para eso es una alegría contar con la ayuda y la Gracia de Cristo.

Ahora más que nunca:  JUSTICIA

Antón Negro

No hay comentarios:

Publicar un comentario

La migraña y su tratamiento. Propaganda de fremanezumab (Ajovy, un medicamento que no aporta nada) al público general.

Juan Gérvas Doctor en Medicina, médico general rural jubilado, Equipo CESCA, Madrid, España, exprofesor de salud pública, Universidad Johns ...