sábado, 29 de julio de 2023

Salud mental juvenil - Abel Novoa/Javier Padilla

La salud mental de los jóvenes es una dramática cuestión que se ha puesto de moda. No se sabe muy bien por qué pero no deja de ser extraño si tenemos en cuenta que hay gravísimos problemas sin eco mediático.

Durante tres días de julio, en Torremocha de Jarama (Madrid), casi un centenar plural de personas de diferentes regiones y profesiones hemos compartido experiencias con profesionales de primera línea. El programa completo y algunos vídeos pueden verse en la web de Encuentro y Solidaridad.

Sobre Salud mental tuvo una reflexión Abel Novoa (www nogracias.eu) quién dejó constancia de que tenemos un problema de salud pública dado que aumenta el número de personas diagnosticadas como pacientes de salud mental. Además aumentan los pacientes crónicos. Citó como recomendable el libro "Anatomía de una epidemia".

El doctor Novoa explicó que hay realidades como la enfermedad que conllevan una forma de contarlas. En los 80 los EEUU cambiaron la narrativa. Antes las escuelas psico dinámicas dominaban; a partir de esos años la ciencia pasó a ser más psico farmacológica. A partir de ese momento bajaron mucho los datos de recuperacion real.

Abel Novoa nos desveló que "cuando damos falsa explicación empeoramos la enfermedad". Como muchos otros sanitarios cree que la sociedad nos enferma. A través de la vida laboral, el paro, la organización social etc, adquirimos enfermedades.

También explicó que desde hace mucho se afirma con I. Illich que SALUD ES CAPACIDAD DE ADAPTACIÓN. Hay personas con enfermedades que las van viviendo sanamente y eso es lo importante. Hay personas sin enfermedades importantes cuya vida no es sana.

También pidió comprensión para las personas con estas situaciones. Están realmente enfermos. No se debe restar importancia. El cerebro está ahí. Pero también hsy que buscar soluciones AGUAS ARRIBA. Ir más a la raíz y más arriba. Ante los problemas mentales no agudos lo PRIMERO es ESPERAR porque el organismo tiene capacidad de respuesta !añadiendo Comunidad! La primera respuesta tiene que ser más comunidad

Javier Padilla fue el otro contertulio. El coautor del libro "MALESTAMOS" nos informa con valentía de que la presencia social de este drama tiene que ver, en buena medida, con las perspectivas de ventas de psicofármacos.

Padilla cree que este problema no se resuelve solo -ni principalmente- de manera clínica. Señala que el número de psicólogos y reducir las listas de espera no son la solución.

Para el ponente hay que abordar problemas sociales, como la vivienda, que están detrás de la alta tasa de enfermedades mentales. Hay q mejorar lo clínico, defiende Padilla, pero hay sufrimientos que no se arreglan ni con un terapeuta por persona: los problemas sociales.

Otra cuestión importante es que el malestar no se distribuye de manera igualitaria. Javier fue crítico con quienes dicen que la enfermedad nos iguala y manifestó que "nada nos iguala menos que la enfermedad., la enfermedad se vive de manera muy desigual".

Javier Padilla cree que también hay diferencias por género. Los hombres consumen más tóxicos y las mujeres más fármacos. Los hombres se suicidan más y ellas lo intentan más. Considera interesante que el malestar femenino se ha colectivizado, mediante el feminismo, con éxito, mientras que los hombres no.

En  cuanto a las soluciones, el autor de "MALESTAMOS" cree que hablamos de un problema de salud pública. "Lo primero es poder llegar a fin de mes" dijo, para explicar que sin salarios dignos aumentan los problemas de salud mental. También sería muy deseables tener buenas infraestructuras sociales (bibliotecas por ejemplo). Así mismo el arraigo y una verdadera política de vivienda también pueden mejorar esta situación.

Ahora más que nunca: Verdad en salud

Eugenio A. Rodríguez Martín




lunes, 24 de julio de 2023

La Fecundación in vitro

Este tema forma parte del día a día de la sociedad española sin hacerse preguntas, ni buscar datos que apoyen o critiquen la posición que se ha tomado. La primera niña nacida por fecundación in vitro (FIV), Louise Brown, lo hizo el 25 de julio de 1978. En España fue Victoria Anna el 12-VII-1984.

El primer dato que me hizo reflexionar fue una entrevista en la radio al Premio Nobel de Medicina, Severo Ochoa (1905-1993). La periodista le preguntó qué pensaba de la FIV y él respondió que pensaba que era buena para parejas que tenían dificultades para concebir, pero que no creía que fuera buena fuera de ese ámbito. Entonces la periodista le dijo: “¡Pero sí, esa es la posición de la Iglesia Católica!”. Ochoa respondió enseguida: "¡Y a mí qué me dice con eso! Lo otro no me parece serio". Ochoa se definía como agnóstico y el comentario de la periodista revela sus prejuicios.

Sin ser novedoso para mí, es interesante esta cita del libro de Pilar Gómez-Ulla, "Duelo perinatal", cuando escribe sobre los factores de riesgo de defectos congénitos en el desarrollo de la vida humana durante el embarazo, incluidos los tratamientos de infertilidad y las técnicas de reproducción asistida:

"La estimulación ovárica modifica la estructura del ADN en que se basa la regulación de los genes. A su vez gametos alterados de los progenitores, al ser forzada su fecundación, no aportan el genoma en la situación de 'estreno' que en cada generación pasa de progenitores a hijos. Y además, el cultivo in vitro del embrión causa modificaciones en el desarrollo embrionario del hijo, que están en la base del riesgo a padecer Defectos Congénitos que en una proporción mayor tienen los niños generados por estas técnicas, en comparación con los engendrados espontáneamente" (p. 117).

Han aparecido polémicas en los medios sobre personas que pueden tener cientos de hijos por FIV, como el holandés Joey Hoofdman, medios aseguran que podría superar los 400, de los cuales él reconoció al menos 60 y ya se han confirmado 22 por el ADN. Si esos hijos biológicos se asocian, podrían decidir: reclamar una cantidad por la ausencia de cuidados paternos, demandarlo por transmitirle alguna característica genética que no les gusta o la predisposición a padecer una enfermedad, hacerle un homenaje, reclamar una indemnización por distintos conceptos...No hace mucho entrevistaban en la radio a un joven y a una joven nacidos por FIV que crearon una asociación para reivindicar el derecho de los nacidos por ese procedimiento a conocer la herencia biológica de sus padres y familiares biológicos. La asociación quiere que eso sea un derecho, que la ley obligue a las clínicas y a las personas a dar esa información. El joven había nacido en un matrimonio que había recurrido a la FIV, porque el esposo transmitía una enfermedad a su descendencia y así la evitaron. La joven era hija de una mujer soltera que había recurrido a la FIV para ser madre. El joven había logrado acercarse a familiares del padre biológico a través de bancos de pruebas de ADN. Al final de la entrevista, la joven dijo que había nacido con la carga impuesta de ser una solución a carencias emocionales y que no había derecho a cargarles ese peso y terminaba con que no hay derecho a tener hijos, pero si a tener padres, cuestión que he defendido varias veces
Si nos preguntan: ¿son eficaces los procesos de FIV? Pocas personas lo saben porque estos datos rara vez se publican. La efectividad está entre el 30 y el 40% según un profesor universitario de biología o las mismas clínicas, con lo cual el fracaso es del 70 o 60%, un fracaso nada desdeñable (sin contar los mencionados Defectos Congénitos).
Llama mucho la atención la noticia de la revista 'Actualidad Económica' (12-18 de febrero de 2023), en la que se decía que las clínicas de fertilidad IVI habían sido vendidas el 4 de marzo de 2022 al fondo KKR (75% propiedad de Antonio Pellicer y José Remohí). ¡Imagina un precio a ver si aciertas! El precio estuvo entre 2.500 y 3.000 millones de euros. ¡Vaya negocio!

No ignoro que en esta sociedad se valora poco la justicia, el bien común, la solidaridad... Se pone el DESEO por encima de todo, de modo que si alguien desea algo que es científica o técnicamente posible, tiene derecho a poseerlo. Si además lo puede pagar, ¡cómo no lo va a adquirir! No se analiza si esto es justo, humano, un bien para la sociedad o si favorece la fraternidad. Lo que se constata es que la justicia está al servicio de las capacidades económicas, deseos o caprichos individuales. ¡Pobres empobrecidos! ¿Habrá lugar para una justicia basada en la dignidad humana y la verdad?

La FIV no es una simple técnica. Necesitamos mirar más allá de los deseos momentáneos y ver las diversas consecuencias que pueden surgir en el futuro y sus implicaciones éticas.


Antón Negro

domingo, 9 de julio de 2023

LA DESERTIZACIÓN POBLACIONAL

La desertización poblacional es un hecho en la mayoría del territorio español,la llamada “España vaciada”. No analizo el conjunto de las provincias afectadas, pues nos llevaría a pensar que eso afecta a los otros. Me centro en la diócesis de Lugo que abarca parte de tres provincias y que son 50 ayuntamientos (No incluimos algunas parroquias pertenecientes a los ayuntamientos de Arzúa, Guitiriz y Vila de Cruces). Examino datos de 1940 y 2022.

La diócesis lucense tenía 414.861 habitantes en 1940 y baja a 258.192 en el 2022, ¡un descenso de 156.669personas! Pero el ayuntamiento de Lugo creció en 54.406 en ese período.

La desertización del territorio diocesano se ve agravada excluyendo los ayuntamientos de Lugo, Lalín, Melide, Monforte y Sarria, al bajar de 306.922 a 102.047, ¡un descenso de 204.875 habitantes! Es decir, la población de los restantes 45 ayuntamientos no es un tercio de la de 1940. En varios ayuntamientos hay aproximadamente el 20 % de la población de 1940: por debajo en Carballedo, Cervantes, Folgoso del Caurel, Navia de Suarna, Negueira de Muñiz y Samos; apenas por arriba en Baleira, OIncio, As Nogais, Pedrafita do Cebreiro, Pobra do Brollón, Ribeira de Piquín y Sober. ¡Lo que supone bajar de 80.031 a 15.612 habitantes!

No se prevé un futuro optimista con los datos de 2022, pues de los 258.192 diocesanos son menores de 30 años 56.380 (poco más del 20 %) pero los mayores de 65 son 76.530. Los demógrafos se alarman cuando los mayores de 65 años superan a los menores de 15, ¡y aquí superanampliamente a los menores de 30! Es más, los menores de 10 años en la diócesis son 16.702 y los mayores de 85 son 18.416, de los que son niñas 8.153 y ancianas 11.683.

Ahora examino los 45 ayuntamientos que bajaron a 102.047 habitantes en el año 2022. En ellos son menores de 30 años 17.263 (un escaso 17 %) y mayores de 65 más del doble, 37.835. Pero hay que tener en cuenta que muchos de los empadronados entre 18 y 30 años viven fuera por estudios o comienzo de la vida profesional. Además los mayores de 85 años son 9.946, más del doble de los menores de 10 que son 4.804, ¡que en el sexo femenino las 6.091 ancianas casi triplican a las 2.353niñas!

Todo apunta a que la huida de jóvenes de la España desertizada continuará, por lo que en 20 años se perderá cerca de la mitad de su población. ¿Y qué respuesta se da desde la política? Veamos dos hechos de julio del pasado 2022:

-Los días 12-14 en el debate del Estado de la Nación Pedro Sánchez anuncia subvencionar los viajes de los trenes de cercanías de Madrid y Barcelona.

-El día 18 se acerca a Casas de Miravete (Cáceres) y culpa de los incendios al cambio climático.

Para el presidente donde hay bastante votantes hay medidas de política económica, pero si hay pocos y empobrecidos solo queda culpar a la “malvada naturaleza” que hace crecer la vegetación en primavera que luego seca o reseca y arde, o incluso culpar a los campesinos del cambio climático por ignorantes y mala fe. Pero, ¿no tendrán que ver los incendios con las medidas anunciadas en ese debate?

Debo constatar que las campañas antinatalistas iniciadas en el pasado tuvieron tanto éxito que van a dejar a muchos lugares sin antinatalistas. Incluso hay, al menos, dos libros, “Él Planeta Vacío” y “Suicidio demográfico en occidente y medio mundo” sobre el tema.

Los datos anteriorestambiénmanifiestan que hay niños sin hermanos a los que sus padres,abuelos y bisabuelos intentan“comprar” su cariño, ya que son el centro de atención de todos. Por eso, cuando se junten en una clase con otros 20, se sentirán postergados, despreciados, abandonados, ninguneados, marginados, maltratados... Con todo esto, ¿a quién le puede sorprender que aumenten sus problemas psíquicos y de convivencia?

De la misma manera afecta a la vida de la Iglesia y se expresa entre otras cosas en el poco clero, pero cuando me dicen esosuelo preguntar: “¿para qué quiere curas una sociedad que no cree en la vida según los datos sociológicos?”. Esta falta de curas, ¿no será unaclara señalanunciadora delsuicidio deesta sociedad? ¡Es preciso despertar! Estamos en un tiempo en el que hay que cultivar el “resto de Israel” que cree y apuesta por la vida y el futuro...

Antón Negro

sábado, 1 de julio de 2023

CARTA A UNA MAESTRA Y LORENZO MILANI (1923-1967)

Carta a una maestra (Lettera a una professoressa) se publicó en Italia en mayo de 1967. Justamente un año antes del famoso mayo francés del 68, al que se adelantó en muchas de sus reivindicaciones sociales. Como se sabe, el libro es el manifiesto de los chicos suspensos y de sus padres, que se sublevan contra la insoportable selección escolar que los expulsa del sistema educativo, denunciando la injusticia de una escuela clasista y selectiva. Y la definen certeramente: «Un hospital que cura a los sanos y rechaza a los enfermos». 

Una primera lectura de la Carta puede sorprender, decepcionar e, incluso, irritar, porque no es lo que podría parecer o esperarse de ella. Es decir, la consabida alabanza a los maestros a través de una maestra en particular, con la almibarada retórica habitual acerca de la abnegada y noble profesión docente, sino que está escrita para los padres como “una invitación a que se organicen”, y al profesorado en tanto que cómplice de la injusticia de un sistema que se deja por el camino a un intolerable porcentaje de alumnos, y tendiéndole la mano para que comprenda y cambie. 

Así definen, al respecto, el arte de escribir: «Una mano tendida al enemigo para que cambie», genial definición que admiró al propio P.P. Pasolini, de la que escribió: «Es una de las definiciones más hermosas que yo haya leído nunca». Y es que su justificada indignación alcanza momentos realmente líricos, porque, en el fondo «La escuela no tiene más que un problema. Los chicos que pierde». 

En síntesis, la Carta propone tres reformas principales: que no haya repetidores; una escuela a pleno tiempo, especialmente para los alumnos que más la necesiten, y a los vagos que no quieren estudiar, darles una finalidad para que no se pierdan. Es decir, un ideal noble, un proyecto ilusionante y un objetivo realista de vida; un fin honesto que active la natural generosidad del alumno, le haga sentirse útil y eleve su autoestima. 

Un mes más tarde, hace 56 años, el 26 de junio de 1967, fallecía de leucemia a los 44 años Lorenzo Milani, el maestro de esos chicos de la Escuela de Barbiana que escribieron con él uno de los libros clásicos de la pedagogía del siglo XX, cuyo mensaje no ha perdido vigencia, sino que está más vivo que nunca.

viernes, 23 de junio de 2023

La autonomía del paciente en la práctica clínica. Seis cuestiones de fondo

En mayo de 2003 entró en vigor la Ley de Autonomía del Paciente[1] y veinte años después celebramos un Seminario de Innovación en Atención Primaria (SIAP) sobre  “Pasos firmes en la autonomía del paciente. En la consulta y siempre con zapatos de paciente”[2]. El trabajo se desarrolló primero por correo electrónico, desde el 3 de mayo sobre los resúmenes de las ponencias, y finalmente en un encuentro presencial los días 2 y 3 de junio de 2023. Hubo 159 inscripciones (mayoritariamente de médicas/residentes de medicina de familia), 23 ponencias y en total 541 intervenciones. ¿Qué podríamos destacar de un SIAP que tuvo por objetivo debatir “sobre la autonomía como uno de los pilares de la ética, y sus aspectos prácticos en el día a día”?

Algunas cuestiones de fondo:

 

1.- Los derechos de los pacientes son obligaciones para los profesionales. Los pacientes son sujetos de derecho que están sometidos al orden jurídico, con sus obligaciones y derechos. Más que “conceder”, el respeto y la promoción de la autonomía del paciente “cumple” con las obligaciones que se derivan de dicha autonomía en el día a día de la atención clínica. Ello implica múltiples valores clínicos, desde reconocer la dignidad que tiene toda persona por serlo a legitimar la discrepancia sin menoscabo de la confianza, desde el derecho a saber (contra el “pacto de silencio”) al derecho a no querer saber. Se refleja en una atención en que brilla benevolencia, comprensión, delicadeza, dulzura, humanidad, sensibilidad, ternura y tolerancia. En los despachos de los centros de salud y urgencias, en las habitaciones de los hospitales y en los domicilios de los pacientes habría que entrar “pidiendo permiso”, “descalzos” en el sentido de que se entra en un espacio sagrado en el que se expone el cuerpo y el alma de quien sufre, que espera un trato exquisito, compasivo y piadoso de quien le atiende. Dicho respeto puede expresarse con ritos y símbolos, como la cortesía en la recepción de pie en la puerta de la consulta, el pedir permiso en caso de presencia de residente-estudiante, el mirar a los ojos, un ambiente de respeto o unas flores naturales en un jarrón sobre la mesa. Se trata de recorrer acompañando en la toma de decisiones, adaptando las propuestas a cada caso y situación, con respeto también a los cambios e indecisiones pues no es fácil convivir con la enfermedad y el sufrimiento.

 

2.- Sin autonomía del profesional no es posible la autonomía del paciente. Por ejemplo, es común la formación profesional sesgada sobre vacunas de forma que resulta difícil el debate sereno acerca del uso apropiado de estos medicamentos y muy fácil el descalificar y rechazar a los pacientes que tienen dudas al respecto. Lo mismo sucede, en otro ejemplo, con el conocimiento necesario para transmitir información en la toma de decisiones teniendo en cuenta el riesgo absoluto y relativo y la reducción del riesgo;si hay profesionales sanitarios que son casi analfabetos estadísticos sus pacientes quedarán huérfanos en su autonomía ante pruebas preventivas, diagnósticas y terapéuticas de incierto balance daños/beneficios[3]. Con sólida formación y buenas relaciones con otros profesionales, es más fácil tener coraje para discrepar en caso necesario de los superiores y sus expertos, y de sus normas, guías y protocolos, lo que es la garantía de información adecuada al paciente, ya que solo así podrá ejercer el consentimiento de forma libre, sobre todo en las decisiones de casos de especial complejidad e incertidumbre. Es clave ese coraje, también, para saber decir “no sé”, “no tengo idea”, “la ciencia no tiene respuesta”, lo que llamamos “ética de la ignorancia”[4]. La negación de la ignorancia y la intolerancia a la incertidumbre, por parte del profesional, impiden que el paciente pueda tomar decisiones informadas y prudentes, con la consiguiente pérdida de autonomía y el posible daño (iatrogenia)[5] generado por una Medicina Defensiva que es más bien “ofensiva”, ya que ofende al ejercer un poder científico y social en provecho propio. En el mismo sentido de humildad conviene reconocer que los profesionales “se gastan” en el ejercicio clínico y que se requieren tiempos y actividades de “recarga”, más imprescindibles, si cabe, en trabajos como guardias de 24 horas o cuando se han atendido consultas de alta carga emocional (por ejemplo, paciente que llora, o petición/valoración de eutanasia), o si hay sobrecarga en la actividad diaria. Por ese “gastarse” es imprescindible el autoconocimiento del propio profesional, de las propias emociones y del propio cuerpo (“médico, cúrate a ti mismo”).

 

3.- La autonomía del paciente concreto requiere una aproximación que tenga en cuenta las violencias estructurales sociales. Aunque no lo parezca, todo encuentro paciente-profesional es un encuentro público, en el sentido de representación que se ajusta a parámetros mediados por la cultura, los hábitos, el momento, la organización sanitaria, la situación, los sesgos ideológicos y la sociedad. Además, cada encuentro es parte de una cadena histórica de cuidados sanitarios, con sus costumbres, improntas y normas, que vienen del pasado y se proyectan en el futuro. En mucho es la rutina que, por ejemplo, lleva a aceptar como “normal” que la cita con el especialista focal en el hospital conlleve largos traslados y tiempos de espera que tienden a infinito si se comparan con la duración del propio encuentro. También parece normal en España un papel excesivo de la familia, que a veces pretende imponer su voluntad, por ejemplo con el citado “pacto de silencio” o determinando el momento de la sedación terminal. Entre las violencias estructurales, las consecuentes al mercado, a la economía capitalista que genera e incrementa la desigualdad social y al tiempo convierte en “consumidores de salud” a los sanos. También las provocadas por las situaciones de pérdida de libertad, por ejemplo condena en la cárcel donde la pena se confunde muchas veces con la pérdida de todo derecho, entre ellos el de la autonomía como paciente y el de la intimidad como persona; o el ingreso en una residencia (de ancianos o para discapacitados) que también disminuye la libertad pero no debería limitar la autonomía por más que la pasada pandemia covid19 haya demostrado que en muchos casos se abusó en todos los sentidos. Falta un impulso legislativo y social que ponga en valor los cuidados “informales”, ejercidos fundamentalmente por mujeres, que permitan la vida autónoma en el propio domicilio y en otros entornos no institucionalizados. Las barreras estructurales entre el sistema sanitario, sociosanitario, judicial y policial agrandan la desigualdad, la inequidad y la injusticia social y disminuyen la autonomía personal y familiar. No basa con tener un sistema hiper-garantista pues para ponerlo en práctica se precisa un decidido apoyo constante polìtico y social que haga realidad una sociedad democrática. Por último, la violencia de un sistema sanitario que está muchas veces organizado pensando más en los profesionales que en los pacientes (en el Mayo francés de 1968 el lema de los sociólogos críticos fue “los pacientes son el combustible del sistema sanitario”), y como ejemplo el acceso a la historia clínica electrónica, cada vez por más profesionales y por más cuestiones, o las formas de pago que implican “convencer” al paciente (por ejemplo incentivos por objetivos en vacunaciòn contra la gripe), o los programas que, con sus citas y controles, convierten casi en una profesión el ser paciente crónico.

 

4.- La autonomía del paciente no existe si no hay tiempo para el paciente pues el tiempo es clave para la toma de decisiones informadas[6]. Es tiempo no tanto en cantidad como en calidad ya que es tiempo para la escucha activa, la deliberación y el diálogo. “La escucha es la principal habilidad profesional y es una tarea activa. Hace falta escuchar lo que se dice y lo que no se dice, “escuchar” el lenguaje no verbal y respetar los silencios. Escuchar también atentamente, con toda nuestra presencia, que incluye el contacto visual y la actitud corporal; escuchar con interés genuino y con empatía, sin hacer otras tareas a la vez. La percepción de ser escuchado depende más de la calidad de la escucha que de la duración de la misma, y tiene efecto terapéutico”[7]. La autonomía es imposible sin información comprensible, sin un proceso deliberativo basado en el diálogo y la escucha respetuosa. Es más, conviene recordar que quien tiene un problema tiene, muchas veces, su solución (si se le escucha). Y en todo caso, “si te escucho, te entiendo, y si te entiendo, no te censuro y te respeto” y, aunque muchas veces hablamos “idiomas” distintos, podemos llegar a construir y compartir “paisajes”[8]. Estos paisajes son interpretaciones comunes entre pacientes, familias y comunidades y profesionales para comprenderse mutuamente y generar una imagen compartida que ayude a hacer “vivibles” las adversidades, las enfermedades-accidentes y el enfrentarse a la muerte. Dichos “paisajes” son imaginarios, en la mente de profesionales y pacientes, familiares y comunidades y en mucho se reflejan en el registro en la historia clínica, que debería contar con la aprobación del paciente, al menos en el sentido de conformidad con el relato registrado. En su construcción es clave el conocer a fondo la comunidad, como bien comprenden, por ejemplo, muchos agentes comunitarios. Conocer las condiciones materiales y comunitarias en que se desenvuelven los pacientes ayuda a comprenderlos, a respetar su autonomía y a no responder con medicamentos a problemas sociales, de ahí la importancia de “empotrarse” en las comunidades que se atienden.

 

5.- La autonomía es una autonomía solidaria. Es decir, que, de acuerdo con los desarrollos éticos actuales globales, no se trata de “la soberanía del consumidor” al estilo anglosajón, de un libre albedrío para actuar en la búsqueda del beneficio egoísta, sino de un ejercicio deliberativo que potencie las condiciones de vida personales y sociales mediante la solidaridad y corresponsabilidad con los “otros” hacia la construcción de una sociedad más cohesionada, equitativa y democrática[9]. El paciente es al tiempo el paciente presente y “los otros”. En ese sentido, cabe ejercer una “ética de la negativa” por parte de los profesionales[10], por ejemplo ante un paciente que pide antibióticos para una infección respiratoria alta probablemente vírica, tipo catarro. Trabajar con la ética de la negativa supone decir “no” de forma apropiada y justificada, con suavidad y cortesía, ante las solicitudes excesivas de pacientes y familiares, compañeros y superiores. Conviene saber decir “no”, sin acritud, y con la tolerancia apropiada al acto clínico, a la necesaria amabilidad imprescindible para mantener la buena relación profesional-paciente. Decir no, incluye la capacidad para acompañar sin necesidad de recetar, aconsejar o "hacer" nada, una manera de ser y estar junto a la persona que acude a la consulta.  Es importante distinguir entre “autonomía del paciente” (que se asocia a mejores resultados en salud[11]) y “satisfacción del paciente” (que se asocia a más hospitalizaciones, aumento de la medicación, incremento del gasto y mayor mortalidad[12]). Decir no, incluye la capacidad para acompañar sin necesidad de recetar, aconsejar o "hacer" nada, una manera de ser y estar junto a la persona que acude a la consulta. Es importante distinguir entre “autonomía del paciente” (que se socia a mejores resultados en salud 11 ) y “satisfacción del paciente” (que se asocia a más hospitalizaciones, aumento de la medicación, incremento del gasto y mayor mortalidad 12 ).

6.- Se precisa investigación y docencia continuada sobre la autonomía del paciente, especialmente en situaciones en que sabemos que hay problemas. Por ejemplo, acerca de la legibilidad de “consentimientos informados” en caso de técnicas de riesgo, o de su ausencia en intervenciones consideradas erróneamente “de rutina” como la vacunación. También en el caso de la ancianidad pues se tiende a negar la toma de decisiones autónomas como si los años supusieran una degradación cognitiva per se. Lo mismo en la infancia y adolescencia, que se suelen ver como inmadurez en todos los casos cuando son personas que pueden participar apropiadamente con su propia progresiva autonomía. Se precisa investigación y docencia, también, para delimitar el impacto de la clase social en la autonomía del paciente ya que es de esperar una mayor dificultad para construir los “paisajes” antes aludidos cuando chocan las culturas de profesionales y pacientes (con sus propias actitudes, creencias, historias, lenguajes, prácticas, rituales y valores). Es también necesaria la investigación y docencia sobre la participación de pacientes en investigación, por ejemplo en los ensayos clínicos, ya que conocemos poco acerca del proceso de aceptación y de la mejor forma de superar un consentimiento que muchas veces es más firmado que informado. Por último, investigación y docencia sobre la autonomía al final de la vida, sobre el proceso de atención y sobre la cuestión vivencial, la atención clínica desde las emociones, los mejores cursos de acción ante la sedación terminal y la eutanasia, etc.


Iván Illich, en el centenario de su nacimiento. Demostró que la mayor amenaza para la salud mundial es la medicina, que el patógeno clave es la obsesión por la salud perfecta y que la escuela es una agencia de publicidad de la sociedad enferma.

Juan Gérvas (Doctor en Medicina, médico general rural jubilado, Equipo CESCA, Madrid, España, exprofesor de salud pública, Universidad Johns...