domingo, 1 de febrero de 2026

EXPLOTACIÓN LABORAL, INFANCIA Y PARQUES DE ATRACCIONES

Hace años trabajé en un centro educativo, donde el 90% del alumnado era migrante, aprendí geografía, nombres de platos típicos y costumbres de una docena de países, y aprendí también a escuchar la vida de los migrantes en nuestro país, con sus alegrías y sus penas.

Probablemente no hemos reflexionado lo suficiente, sobre cómo la explotación laboral (de migrantes y no migrantes), afecta a las familias, a la juventud, a la infancia... Padres muy cansados, física y psicológicamente, llegan muy tarde a casa. A las espaldas cargan el estrés, las prisas, las humillaciones... Y con ese estado emocional, y después de jornadas eternas, la vuelta a casa, y el encuentro con los hijos, demasiadas veces acaba en gritos, conflictos, e incluso violencia.

La culpa, suele venir después, Y después de la culpa, el intento de compensar. Donde hubo un exceso de gritos, que haya un exceso de fiesta, como no se tiene tiempo para jugar, preguntar, ni escuchar en el día a día, que haya al menos una ocasión súper especial, donde celebrar por todo lo alto... Parques de atracciones, grandes viajes, compras desorbitadas y caprichos una vez al año, conviven con la triste realidad de no podernos dar los buenos días cada mañana, acostarnos sin un beso muchas noches, y no poder pagar a tiempo las facturas de muchos meses.

Y mientras muchas familias repiten estos patrones, y muchos profes vemos claramente cómo no funcionan, ni unos ni otros, ni familias, ni profes, ni juntos ni por separado, hablamos de lo importante: de un sistema laboral que oprime, asfixia, genera violencia, rompe parejas, destroza familias, malogra la infancia...

Un sistema, que está encantado con que nuestra respuesta sean las “compensaciones”, las familias siguen rompiéndose, y el sistema sigue haciendo caja y se sigue haciendo fuerte.

Ahora más que nunca: SOLIDARIDAD

Nuria Sánchez Díaz de la Isla

miércoles, 28 de enero de 2026

Accidentes en una sociedad consumista



Si algún día llegáramos a vivir una sociedad comunitaria, amable y libre también habría accidentes. Sí, claro que habría accidentes. ¿Más, menos o igual? Date un momento para pensarlo si estas leyendo este escrito… Me parece que habría menos. Y menos despilfarro. Y menos derroche. Y menos dinero. Y menos… Pero también habría más. Más eficacia en el trabajo (o sea más trabajo en sentido de las leyes físicas), también más descanso, más solidaridad, más alegría. No solo allá lejos en la infancia nuestros mejores momentos fueron hacer cualquier cosa con otros. Eso pasa en la adultez también. Alguien dijo “el trabajo de los niños es jugar, el juego de los mayores es trabajar”.

El capitalismo ha logrado envilecer muchas cosas y una de ellas ha sido someter a los niños al consumismo. Todavía me río cuando cuento que a un niño que entre todos los tíos (el primer sobrino) le compraron un peluche que no cabía por la puerta (y entró por la ventana de una casa de planta baja en un pueblo pequeño de Salamanca) se llevaron la sorpresa de que Rubén prefería la caja. La caja hizo de casa, de barco y de todo lo imaginable. Al peluche solo le faltó llorar.

En familia y amistad cualquier juego es divertido. Es el sistema el que ha inventado, promovido y logrado hacer creer a muchos que para sonreír hace falta pagar. Y ahí se ha disparatado el turismo. Estoy cansado de ver vagar aburridos a los turistas por Las Palmas de GC. He visto que Salamanca se ha convertido en un auténtico parque temático. Todo caras largas. Pero me acerco al Parque de Cemento (el nombre ya lo dice todo) o a la cancha deportiva del barrio de al lado y veo chicos y chicas alegres simplemente jugando. La infancia no necesita a sus padres para ir a museos y menos a campos de futbol a cientos de kilómetros. Hay vida, cultura y deporte mucho más cerca. Resulta que -por ejemplo- lo que más contamina la ciudad de Barcelona son los cruceros. El consumismo (y no el ser humano) es el que perjudica al medio ambiente.

¿Cómo es posible que puedan volar con descuento las familias (o no familias) que van de Las Palmas a Madrid al teatro, al futbol, a pasar el fin de semana? ¿De dónde viene esta obsesión por entender que moverse es descansar? Mi hipótesis es que es la recompensa por dejarse explotar el resto del tiempo. Sí, lo he visto, personas que llevan una vida laboral cargada de tensiones y explotación que creen que la solución de eso es una simple compensación: “A mi me gusta que me sirvan”. Pero eso no arregla realmente nada. Solo alimenta al monstruo. No somos partidarios de clausurar a nadie en su pueblo. Libertad total. Pero libertad real. No llamemos libertad al toque de corneta del capitalismo.

Una vez preguntaron a Juan Pablo II qué hacía en su tiempo libre y contestó que todo su tiempo es libre. Eso hace pensar. Luego me fui fijando en que a los grandes mandatarios en sus viajes a veces (otras veces no) les preparaban visitas turísticas. A Juan Pablo II nada.

Imagino la difícil tarea de consolar a los que perdieron a alguien en accidentes. Saber que la culpa la tiene el capitalismo o el ministerio de Fomento, o los que se enriquecieron con las obras no creo que sirva de consuelo. Imagino que los más difíciles de consolar son aquellos que emprendieron viaje por algo innecesario. Será duro para aquellos que hasta desaconsejaron tal viaje. De lo ocurrido no sirve de nada culpabilizarse pero una sociedad adulta sí debe reflexionar sobre si moverse responde a una necesidad real o a una necesidad inducida por los que hacen negocio.

Ahora más que nunca: VERDADERO SOCIALISMO

Eugenio A. Rodríguez Martín

lunes, 26 de enero de 2026

A VUELTAS CON EL TIEMPO

Muchos consideran que los mitos son un hecho del pasado de la humanidad, que no tienen cabida en estos “tiempos”, pero no es así pues los mitos son realidades actuales y no me refiero solo a figuras de gran trascendencia pública, porque el pensamiento mítico es una forma de conocimiento, de comunicación y de enfrentar esa realidad que llamamos “tiempo”.

A veces pregunto cuándo comienza el año y la respuesta común es el 1 de enero. También responden así los estudiantes, pero para ellos el año (curso) empieza en septiembre y finaliza en julio. Lo mismo sucede para los jugadores de deportes populares como el fútbol, baloncesto... mientras que para pilotos, atletas, tenistas... comienza en enero. Para los romanos el año comenzaba en marzo y finalizaba en febrero, de ahí que el séptimo, octavo, noveno y décimo mes sean septiembre, octubre, noviembre y diciembre. A los que eran quinto y sexto mes dos emperadores les cambiaron el nombre y le añadieron un día que quitaron al último mes, que quedó en 28, y así promovieron el llamado culto a la personalidad; se deduce que eran Julio César y Octavio Augusto. Para los judíos el año comienza en primavera con el mes de Nisán y el día 14 (luna llena) celebran la Pascua como vemos en el libro del Éxodo cap. 12, versículos 1 al 11.

Si le preguntamos por el comienzo del año a un musulmán devoto responderá que comienza con el mes de Muharram, que no tiene correspondencia exacta con ninguno de nuestros meses, pues su calendario consta de 12 meses lunares y, por tanto, su año dura unos 354 o 355 días (cada 33 años musulmanes se corresponde con 32 gregorianos). Así su famoso mes del Ramadán, el noveno, va rotando poco a poco por las diversas estaciones solares.

Hoy el mundo tiene en la base un calendario cristiano. El año empieza en el inicio del invierno y dura una vuelta completa de la tierra alrededor del sol, que son 365 días, 5 horas 48 minutos y 45,10 segundos. Por eso hay años bisiestos de 366 días. Es el calendario gregoriano (del Papa Gregorio XIII) que reformó el juliano (de Julio César) para adaptarlo al equinocio astronómico por llevar ya este un desfase de 10 días, según calculó la Universidad de Salamanca por petición papal. Del juliano jueves 4 de octubre de 1582 se pasó al gregoriano viernes 15 de octubre de 1582. Así Santa Teresa de Jesús murió el 4 de octubre y la enterraron el día siguiente, que fue el 15 del mismo mes y año.

El año, en vez de una vuelta completa alrededor del sol, podría ir de equinocio a equinocio o de solsticio a solsticio, de máxima cercanía a máxima cercanía o de máxima lejanía a máxima lejanía. Una vuelta completa alrededor del sol varía de los 88 días en Mercurio a los 60266 (165 años) en Neptuno... según lo que dura un día en la tierra, pero lo que dura una vuelta sobre sí mismo es diferente en cada planeta.

Hoy la vida de las sociedades está marcada por el reloj mecánico. Un invento de los monjes benedictinos en el siglo X para organizar el tiempo con la conciencia de que la vida es para Dios (Padre) y las personas (hermanos) según la máxima de Ora et Labora. De servir al Señor y a la comunidad, el artefacto fue degenerando para servir al capital con la máxima de time is money.... Es interesante leer lo que escribe sobre esto el estadounidense Jeremy Rifkin en el libro El sueño europeo (Paidós 2004. p. 139 a 149).

Al que cumple 30 años acostumbro decirle “bienvenido a la cuarta década de tu vida”. Este me responde que es la tercera la que comienza y hay que aclararle que la década de los 0 a los 10 años también la vivió. Si al que llega a los 60 le dices “bienvenido a la séptima década” es fácil que casi le dé un infarto.

Si me preguntan cuántos años tengo, respondo que lo no sé. Sí sé los que gasté, pero no los que me quedan y que seguiré gastando hasta que sea mi “paso”. Se gasta sin saber si ya están agotados como ilustra el libro más sabio, el evangelio. Tenemos el ejemplo del hombre que tuvo una gran cosecha y se le acabó la vida sin prepararse para rendir cuentas de ella (Lc. 12, 16-21). Los años que acostumbramos a decir que tenemos ya no existen, se gastaron, y de ellos solo podemos sacar enseñanzas y guardar recuerdos para no tropezar dos veces en la misma piedra.

Más que pasar los años, somos nosotros los que “pasamos” por la vida hacia el “paso” a la morada definitiva, en la que se nos hará y haremos la evaluación de si humanizamos o pusimos el corazón en las cosas materiales que ya no nos acompañarán. Volviendo al libro sabio: “Pues, ¿de qué le sirve al hombre haber ganado el mundo entero, si él mismo se pierde o se arruina?” (Lc. 9, 25).

Ahora más que nunca: libertad

Antón Negro

lunes, 19 de enero de 2026

Accidente y más que accidente

Inmersos en la tragedia no resulta fácil decir que este accidente es mucho más que un accidente. La palabra accidente nos suena a inevitable. Y “accidentes” anteriores y la experiencia habitual nos hace sospechar que es mucho más. Hoy se responsabiliza hasta el exceso a las personas de los “accidentes” personales. Los de salud por ejemplo. Que si no se cuidaba, que si se veía venir. Pero los accidentes colectivos, los accidentes que se originan en una suma de decenas de decisiones a veces se nos intenta hacer creer que fueron muy difícilmente evitables. El caso es que a los individuos se nos obliga a trámites muchas veces excesivos en las ITVs etc.

Cuando el trágico “accidente” de Spanair me sorprendió la portada del diario El Mundo apuntando a la crisis económica de la empresa como causante del “accidente”. Por entonces las compañías aéreas daban periódicos y al día siguiente Spanair dejo de dar el periódico El Mundo. Esas cosas no se perdonan. ¿Exageraba el periódico? No le pareció eso a buena parte de la ciudadanía. El periódico no negaba que concurrieran algunas circunstancias fatales, simplemente afirmaba el peso de los aspectos socioeconómicos en que estaba inmensa la compañía.

En este caso he visto en redes sociales que una doctora muy sensata ha publicado las noticias de prensa en que se venía advirtiendo de que esto podía ocurrir. Nos recuerda hoy Mónica Lalanda que en un post del 10 de septiembre del 25 dijo en X que “los maquinistas de los AVEs avisan de su preocupación: los trenes vibran y habría que disminuir la velocidad y los trenes pesan demasiado y hay un gran deterioro en las vías”. Recientemente respecto de la tragedia valenciana ha dicho Antonio Muñoz Molina: “No se dio la voz de alarma porque se acercaba un puente largo y no se quería perjudicar a la hostelería”.

El sistema económico capitalista alardea de eficaz pero no lo es. Lo que sí hace bien es responder a la demanda de los adinerados aunque sea de cosas superfluas porque no busca resolver necesidades sino hacer negocio. Cuando llegan los problemas los mismos partidarios de privatizar los beneficios son partidarios de socializar las pérdidas. Los incrementos en las cuentas de resultados de las empresas y de algunos particulares están en la raíz del deterioro de las infraestructuras. Parece razonable afirmar que tras la pandemia se ha dado un incremento de las comunicaciones de tal calibre que ha presionado todo.

Los responsables políticos y muchos otros actores sociales esto lo saben pero el extendido mantra de “no alarmar a la población” se convierte en la norma numero uno de todos. Algún día se vera el alto grado de paternalismo que hay en ello pero en estos momentos esto es difícilmente cuestionable.

Habrá quien piense que hablar hoy de esta manera y no limitarse al respeto por el dolor de las víctimas es una falta de sensibilidad. No lo creo. Quizá sea una forma de sensibilidad mayor, más consciente, más responsable. Decir esto no significa que no creamos que hay que analizar bien lo ocurrido. Todo lo contrario. Creemos que debe irse al fondo de la cuestión, sin dejar a un lado las estructuras económicas del mercado ni la responsabilidad del Estado y cada persona.

Ahora más que nunca: Verdad

Eugenio A. Rodríguez



miércoles, 14 de enero de 2026

ROSA LUXEMBURGO - ANIVERSARIO


El 15 de enero del año 1919, Rosa Luxemburgo fue arrastrada por las escaleras, pateada y golpeada en el estómago. Malherida, la metieron en un coche y, tras ser abatida a tiros, fue lanzada al canal Landwehr de Berlín. No había cumplido los 50 años.

Sus últimas palabras fueron: Yo fui, yo soy, yo seré!

jueves, 8 de enero de 2026

Los locos son buenas personas. Los canallas, no.


Juan Gérvas (Doctor en Medicina, médico general rural jubilado, Equipo CESCA, Madrid, España, exprofesor de salud pública, Universidad Johns Hopkins, Baltimore, Estados Unidos) y Mercedes Pérez-Fernández (especialista en Medicina Interna y médica rural jubilada) Equipo CESCA, Madrid, España.

jjgervas@gmail.com  mpf1945@gmail.com  www.equipocesca.org  @JuanGrvas @juangrvas.bsky.social

 

“Trump está loco”, es explicación tranquilizadora, simple ¡y falsa!

Es frecuente tildar a personajes y dirigentes políticos de “psicópatas”, “locos” o “enfermos mentales”, sin más. Se escucha y lee para calificar, por ejemplo, a Donald Trump, Christine Lagarde, Ursula von der Leyen, Benjamin

Netanyahu, Emmanuel Macron, Javier Milei, etc.

Son discursos pobres que al examinar el desorden del mundo se centran en una única explicación personal: "Está loco". Y si se refiere a colectivos, más de lo mismo, más impulsos irrazonables, más “fuerzas oscuras”, más desvarío y trastorno mental como explicación, por ejemplo, de la violencia de los “hinchas” de equipos deportivos, de los fascistas, de las “fuerzas del orden”, de los pilotos y soldados israelíes, etc.

Estas interpretaciones, además de falsas, son ofensivas para quienes de verdad sufren por enfermedad mental pues tales dirigentes políticos y tales grupos violentos no sufren en “el ejercicio de su locura”, al contrario, disfrutan con su maldad, se regocijan con el daño que provocan, se ensañan con fanatismo, indecencia y provocación.

“Trump está loco”, es explicación tranquilizadora, simple ¡y falsa!

 

Se trata de una situación promovida por el neoliberalismo

Si alguien logra el poder, y recurre a obscenidades políticas, palabras indecentes y decisiones imperialistas y fanáticas, si cumple una agenda colonialista y racista, no se trata de una alteración mental sino de una situación promovida por la estructura capitalista desbocada, el neoliberalismo, como analizan en su libro “Pulsión”, Frédéric Lordon y Sandra Lucbert: “El fascismo no empieza con locos, empieza con estructuras. Las estructuras sociohistóricas determinan qué impulsos instintivos se permiten, distribuyen permisos y, al hacerlo, favorecen la trayectoria de ciertas estructuras psíquicas, aquellas más aptas para ejercer estos permisos, con mayor vigor cuanto más reciben el pleno respaldo de un orden de dominación. Por lo tanto, podemos llegar a decir que las estructuras sociales seleccionan las estructuras psíquicas que les resultan apropiadas[1].

No son los líderes los que se desmandan, sino son las estructuras las que hacen posible estos excesos y, sobre todo, los legitiman. El capitalismo ha logrado una desregulación que le permite todo, absolutamente todo, y promueve líderes deshumanizados que se satisfagan con el poder sin control, para tenerlos a su servicio.

El capitalismo desregulado ha aumentado el poder económico a través del dominio de los medios de comunicación, de las Redes y del “aparato de los partidos” y, por consecuencia, de la democracia. Además, ha manipulado para prometer la gratificación sin contención de los impulsos, personales y colectivos.

 

No son aberraciones inesperadas, son perfectamente esperables

Los líderes como Trump y Netanyahu no son una aberración sino la expresión esperable de un régimen donde la mediación se desmorona, donde el Estado se funde con los deseos del líder y donde la obscenidad se convierte en una respuesta política legítima. Así, la “locura” de acusar de terrorismo a quien escribe o grita “¡Viva Palestina libre!, o el control tipo Gran Hermano de las Redes para mantener una narrativa oficial de “asuntos espinosos” como el asedio estadounidense a Venezuela o el apartheid y el genocidio en Palestina.

En realidad no es "locura", sino un mecanismo perverso conectado a instituciones que promueven y autorizan desmanes hacia “arriba” (líderes) y hacia “abajo” (colectivos violentos).

Pretendemos aceptar que la enfermedad justifica todo, la progresiva medicalización de la vida cotidiana, incluyendo en este caso la presencia abrumadora de canallas entre los líderes (por arriba) y las organizaciones violentas (por abajo). No son enfermos, no. Son canallas seleccionados, promovidos y legitimados en sus acciones.

Los políticos suelen ser canallas, no psicópatas ni enfermos mentales. Los políticos suelen representar a la hez de la sociedad, a lo peor del género humano, ya que son capaces de aguantar lo indecible durante años con tal de colmar su ambición de poder.

La estructura de los partidos políticos (“el aparato”) controla el flujo de candidatos y sólo promueve a quienes son corrompibles, insensibles, manipulables, obscenos y taimados.

 

Las estructuras económicas y políticas seleccionan y promocionan a los líderes canallas

No es que todos los políticos sean canallas, es que los canallas tienen más posibilidades en política pues el capitalismo los necesita y los partidos los promueven.

Es decir, las buenas personas tienen pocas posibilidades de promoción para llegar al poder. Alguna lo consigue, pero es infrecuente lograrlo.

No todos los políticos son iguales, por supuesto. Algunos, ya lo hemos dicho, no son canallas.

En todo caso, es muy injusto calificar de psicópata, loco o enfermo mental a los canallas que nos dirigen. No tienen ningún sufrimiento mental. Son, simplemente, malas personas (del estilo de aquel que se metió en política “para forrarse”).

Ponen su obscena ambición por encima de cualquier ética y valor, y su ambición la sostienen cumpliendo los mandatos de quienes poseen la riqueza.

 

No son psicópatas, no son locos, no son enfermos mentales

Son malas personas.
Son sinvergüenzas.
Son miserables.

Son criminales.
Son canallas.

No son psicópatas, no son locos, no son enfermos mentales.
Son personas seleccionadas por las estructuras económicas y políticas para facilitar el enriquecimiento creciente de las élites con desprecio a todo derecho, solidaridad y ternura.

Vivimos “tiempos recios”, en palabras de Teresa de Ávila para referirse al peligro de la Inquisición en la España de 1559 (en su autobiografía “Vida de la Madre Teresa de Jesús”, capítulo 33), al ambiente de recelo que rodeaba su libertad para hablar de Dios y su experiencia mística: «Iban a mí con mucho miedo a decirme que andaban los tiempos recios y que podría ser me levantasen algo y fuesen a los inquisidores».

En la actualidad también los tiempos son recios pues todo lo justifica la “lucha contra las drogas” y la “lucha contra el terrorismo”, incluyendo las obscenidades políticas y las decisiones imperialistas que pretenden justificarse por la locura de los líderes. Lo mismo cuenta para los desmanes de, por ejemplo, los militares israelíes, las fuerzas de “orden público”, los “hinchas” y otros grupos similares.

No es locura, no, es la estructura del capitalismo sin control.

Por favor, no tildes a canallas (malas personas) de psícópatas, ni de locos, ni de enfermos mentales. Los enfermos mentales sufren. Los enfermos mentales son buenas personas.

 


[1] Frédéric Lordon & Sandra Lucbert. Psychés débridées pour capitalisme déchaîné. https://www.monde-diplomatique.fr/2026/01/LORDON/69186 Unbridled psyches for unbridled capitalism. https://communispress.com/unbridled-psyches-for-unbridled-capitalism/

EXPLOTACIÓN LABORAL, INFANCIA Y PARQUES DE ATRACCIONES

Hace años trabajé en un centro educativo, donde el 90% del alumnado era migrante, aprendí geografía, nombres de platos típicos y costumbres ...