martes, 3 de octubre de 2023

El sufrimiento humano es muchas veces inescrutable y para ser creído no tiene por qué adaptarse a la simplicidad de la ciencia médica

"Hermana, yo te creo"










-Juan Gérvas, Doctor en Medicina, médico general rural jubilado, Equipo CESCA, España jjgervas@gmail.com

-Mercedes Pérez-Fernández, especialista en Medicina Interna y médica rural jubilada, Equipo CESCA, España mpf1945@gmail.com

-Esperanza Martín Correa, médica de familia, CAP Passeig de Maragall, Barcelona espemartin7@gmail.com

Variabilidad en el sufrir

En atención primaria tenemos el privilegio de celebrar la increíble variabilidad humana y por ello no hay nunca una consulta igual a otra, ni siquiera el mismo proceso patológico repetido en la misma persona. 

No hay pacientes iguales, tampoco a lo largo de su propia biografía, y no hay procesos iguales, ni siquiera “gripes”. No hay encuentros repetidos, hay encuentros renovados, nunca iguales. Cada día, cada consulta, es una caja de sorpresa, un tener que decir “Eso no viene en los libros”, “Esto no lo había visto nunca”, “Esto es un aprender de continuo, ¡cómo sorprende cada situación!”, etc. 

Las peculiaridades de cada persona, su constante y vibrante cambiar con el curso de la vida, convierten las consultas de atención primaria en un reto para la formación (e imaginación) de sus profesionales.

Sufrimiento personal e intransferible

El sufrimiento de cada persona es “personal e intransferible” y no tiene siempre “plausabilidad científica”. 

Para el profesional sanitario, la plausabilidad científica es garantía de verdad ya que da “crédito” a la queja del paciente y por ello siempre la busca. Pero si no existe no resta certeza al sufrimiento pues los caminos del sufrimiento son en muchos casos inescrutables y, además, nuestra “ciencia médica” occidental formal es muy limitada. 

El sufrimiento no siempre se adapta a la Clasificación Internacional de Enfermedades (CIE), ni la CIE cubre cuestiones elementales como el desasosiego de vivir una enfermedad que niega la propia CIE, por ejemplo. La ciencia médica es simple, los pacientes complejos.

Los pacientes son seres sufrientes que muchas veces no pueden (ni saben) expresar en correctas palabras sus quejas, y con frecuencia se niegan tales quejas por no adaptarse a lo esperable.

La queja como síntoma “honrado”

A veces incluso no hay palabras, sólo hay gestos y lenguaje corporal, que mal se adapta a la imperiosidad de la plausibilidad científica. Los pacientes aprenden a gritar sus quejas en silencio, con sus ojos y sus gestos, con sus posturas y con el lenguaje no verbal. Los médicos suelen estar ciegos y sordos a estos gritos, a esta expresión inconexa del sufrimiento. En su ignorancia no perciben al “Otro” y prefieren el lenguaje verbal, esperable, exacto y plausible que da crédito especialmente si existe plausibilidad científica (1). 

Pero la tarea clave profesional sanitaria es dar testimonio del sufrimiento, el escuchar sin juzgar ni negar. Es el arte de “no hacer nada” (nada de lo que habitualmente se enseña a hacer), el arte de estar presente escuchando y dando crédito a lo que se nos relata (2,3).

Somos testigos, no jueces

La enfermedad no es delito, ni vergüenza, ni pecado, ni castigo, es hora de olvidar aquello bíblico de “algo habrá hecho”. Como médicos, no somos jueces sino testigos.

El dar testimonio, el decir “hermana yo te creo”, es terapéutico en sí mismo. Lo contrario daña, produce iatrogenia (4).

No es el paciente quien tiene que adaptarse a lo “esperable”, sino el profesional quien debe aceptar la variabilidad humana, sin juzgarla.

No hay confianza si no se acredita el sufrimiento

La credibilidad que concedemos a lo que cuenta el paciente (a su experiencia y a cómo la cuenta) influye en la efectividad clínica y también en su seguridad. Se ha demostrado consistentemente que los tres aspectos (experiencia del paciente, eficacia clínica y seguridad) están vinculados y deben considerarse como un grupo (5). 

Tenemos obligación moral y ética, como profesionales, de ofrecer en nuestras consultas una atención centrada en el paciente que sea respetuosa y receptiva con el relato, las preferencias, las necesidades y los valores individuales de cada paciente y, para eso, debemos escuchar a cada uno de ellos aceptando la verosimilitud de sus vivencias pues los pacientes son los verdaderos expertos en su situación (6). Esta manera de cuidar, más allá de ser un imperativo moral, perfecciona la utilización de los servicios sanitarios y logra mejores resultados en salud. 

Lo desconcertante no es equiparable a lo falso 

A lo largo de la historia, han aparecido a menudo síntomas heterogéneos y desconcertantes manifestados por los pacientes en las consultas de medicina con desarrollos complejos que los profesionales no hemos sabido reconocer empleando nuestros rígidos árboles diagnósticos basados en la CIE. Negar el conocimiento que aportan las pacientes no ha detenido el avance en estas nuevas enfermedades o dolencias a lo largo de la historia. Buena prueba de éxito fueron los movimientos activistas de lucha por los tratamientos de VIH/SIDA (7) y buena prueba del fracaso, el diario batallar de los pacientes con dolor de espalda y en general dolor crónico (1,8).

Covid persistente

Algo descorcentante ocurrió en 2020 con la pandemia por SARS-COV 2 y la afectación aguda y crónica de los pacientes. Una vez más, con la covid persistente (“long covid”), quedó acreditado que la forma cómo se va construyendo el conocimiento condiciona la terminología y la atención que luego prestaremos como profesionales en las consultas.

Creer a los pacientes es esencial en la práctica clínica

El dolor que causa en los pacientes la incredulidad por parte de sus médicos daña a los pacientes (9) y rompe la confianza, y sin confianza no hay relación médica sana (10). Por ello es imprescindible, y moralmente necesario, que los médicos crean a sus pacientes (11) y que las personas afectadas contribuyan a desarrollar el conocimiento profesional(12,13)

Tal incredulidad y rechazo es ejemplo de injusticia epistémica, pues se anula la capacidad del propio paciente para transmitir conocimiento y dar sentido a sus experiencias vitales, tanto personales como sociales.

Aunque la categoría de “conocimiento experiencial” parezca a priori vaga, deberíamos aceptar que el conocimiento que verbaliza el paciente en nuestras consultas es el conocimiento útil y práctico en su propio vivir con el enfermar. Del mismo modo deberíamos escuchar cuáles sus preferencias cuando planteamos una posible alternativa terapéutica. 

Se trata de escuchar, de dar testimonio, de ayudar a poner el sufrimiento en su contexto (en su mundo) y de proponer alternativas reparadoras que sean aceptables en ese momento y para esa persona. 

Todo ello es infrecuente en la práctica clínica diaria y nos obliga a pensar sobre porqué en estos contextos de rechazo no resulta fácil, como relatan los pacientes de covid persistente, encontrar el médico de cabecera adecuado (14,15). Precisamos otra actitud, de testigo no de juez y de sugerencias no imposiciones.

Referencias

1.- ¿Dolor de espalda? ¿Dolor de alma? Reivindicación de la queja como síntoma honrado

https://www.espaciosanitario.com/opinion/el-mirador/dolor-de-espalda-dolor-de-alma-reivindicacion-de-la-queja-como-sintoma-honrado_1051534_102.html

2.- The art of doing nothing

https://www.tandfonline.com/doi/full/10.3109/13814788.2012.733691

3.- La funesta manía de diagnosticar. Sobre todo, de diagnosticar precozmente

https://www.espaciosanitario.com/opinion/el-mirador/la-funesta-mania-de-diagnosticar-sobre-todo-de-diagnosticar-precozmente_1588003_102.html

4.- Trust, Distrust and Trustworthiness

https://www.ncbi.nlm.nih.gov/pmc/articles/PMC1495000/

5.- A systematic review of evidence on the links between patient experience and clinical safety and effectiveness

https://bmjopen.bmj.com/content/3/1/e001570

6.- When the patient is the expert: measuring patient experience and satisfaction with care

https://www.ncbi.nlm.nih.gov/pmc/articles/PMC6653815/pdf/BLT.18.225201.pdf/

7.- ‘Long live Zackie, long live’: AIDS activism, science and citizenship after apartheid

https://www.tandfonline.com/doi/abs/10.1080/0305707042000254146

8.- Investigating Trust, Expertise, and Epistemic Injustice in Chronic Pain

https://link.springer.com/article/10.1007/s11673-016-9761-x

9.- Epistemic Injustice and Nonmaleficence

https://link.springer.com/article/10.1007/s11673-023-10273-4

10.- La confianza en la relación profesional de la salud y paciente

http://scielo.sld.cu/scielo.php?script=sci_arttext&pid=S0864-34662020000300015

11.- Is there a moral duty for doctors to trust patients? 

https://pubmed.ncbi.nlm.nih.gov/11934933/

12.- Injusticia epistémica

https://herdereditorial.com/injusticia-epistemica-9788425439278

13.- How and why patients made Long Covid

https://www.ncbi.nlm.nih.gov/pmc/articles/PMC7539940/

14.- COVID persistente: elementos básicos para el médico de atención primaria 

https://dialnet.unirioja.es/servlet/articulo?codigo=8688846

15.- Finding the ‘right’ GP: a qualitative study of the experiences of people with long-COVID

https://bjgpopen.org/content/4/5/bjgpopen20x101143.abstract

NOTA

Este texto es fruto de la presentación y debate presencial de la ponencia de los dos primeros autores en el SIAP PORTO 2023. SEMINÁRIO DE INOVAÇÃO EM CUIDADOS DE SAÚDE PRIMÁRIOS. SIAP nº 49 (com sessão satélite nº 20)

Pessoas invisíveis ou invisibilizadas? Abrir os olhos ao sistema de saúde. ¿Personas invisibles o invisibilizadas? Abrir los ojos al sistema de salud

Porto (Portugal), fase presencial a 29 e 30 de setembro de 2023. -Seminário bilíngue português e espanhol

https://sites.google.com/view/siap-porto-2023/siap-porto-2023?authuser=0

http://equipocesca.org/seminario-de-innovacion-en-atencion-primaria-bilingue-portuguesespanol-portooporto-portugal-seminario-de-inovacao-em-cuidados-de-saude-primarios-siap-no-49-com-sessao-satelite-no-20-pesso/

domingo, 24 de septiembre de 2023

ELEGIR CONFIGURA LA VIDA

Voleibol en la Valla

Esta afirmación es de aplicación para toda persona humana en cualquier situación, pues también no decidir es una elección. Las condiciones libres para decidir deben ser: una aspiración constante para ampliar los horizontes del vivir humano y una realidad que esté en la base de las decisiones ya tomadas.

Los migrantes y refugiados son una preocupación constante en la Iglesia, ya que son personas afectadas por injusticias y sufrimientos, también en situación de empobrecimiento. Por eso no extraña que este 24 de septiembre sea ya la 109 Jornada Mundial de los Migrantes y Refugiados, lo que manifiesta un compromiso constante con ellos a favor de su liberación y emancipación.

El lema elegido para la jornada de este año es: “Libres para elegir si migrar o quedarse”. Este lema pone el eje de la vida social en la LIBERTAD como base fundamental del vivir humano. Esta demanda de libertad supone una exigencia para muchas instituciones que destaco a continuación:

a) Para los gobiernos de los países tanto de emigración como de inmigración, con lo que a ambos se les demanda que posibiliten las condiciones necesarias para que en los países respectivos haya esa libertad. La centralidad de la libertad lleva consigo la denuncia de las dictaduras que la quieren impedir mismo por ley. A algunos de esos regímenes se les llama hoy “iliberales”, con un lenguaje políticamente neutro para que pasen más bien desapercibidos.

b) También supone exigir que en la relación entre los estados desaparezca todo colonialismo e imperialismo. Ese tipo de relación de dominación debe ser desterrada para pasar a unas relaciones de colaboración entre los diversos países.

c) La demanda de libertad es un llamamiento a todas las instituciones internacionales para que hagan justicia en el planeta, y esta posibilite un auténtico desarrollo de los países en todos los lugares, así como que se garanticen las condiciones socioeconómicas necesarias para un ejercicio real de la libertad para todas las personas. Es una tarea exigente dadas las realidades que vemos en nuestro alrededor. Las instituciones con sus representantes no pueden dimitir de esa responsabilidad compartida e inaplazable.

d) Igualmente pone de manifiesto el necesario compromiso que toda persona de buena voluntad y todos los ciudadanos tenemos para trabajar a favor de la libertad de todas las personas de la humanidad. Esto exige que promovamos el bien común mundial.

El mensaje del papa Francisco de este año 2023 nos llaman a comprometernos contra las causas de las migraciones forzadas al decir: “Entre las causas más visibles de las migraciones forzadas contemporáneas se encuentran las persecuciones, las guerras, los fenómenos atmosféricos y la miseria. Los emigrantes escapan debido a la pobreza, al miedo, a la desesperación. Para eliminar estas causas y acabar finalmente con las migraciones forzadas es necesario el trabajo común de todos, cada uno de acuerdo con sus propias responsabilidades".

Es de justicia que todos trabajemos en garantizar la participación equitativa de todos en el bien común, en el respeto a los derechos humanos fundamentales y en el acceso al desarrollo humano integral. Al migrante se le debe garantizar que pueda tomar la decisión con información correcta y condiciones serenas. Hoy se hace necesario reivindicar el derecho a no tener que emigrar y a poder vivir en la propia tierra con paz y dignidad.

La población extranjera en España se acerca el 14 % y en Galicia supera el 4 %, a los que se podrían sumar los ya nacionalizados como españoles. Viven en situación irregular administrativa unos 500.000, siendo unos 150.000 menores de edad.

En la cultura europea desde del nacimiento de Jesús en una cuadra y acostado en un pesebre cerca de Belén se sabe que la intemperie es el lugar de Dios. La huida de Jesús a Egipto y su afirmación de que “fui migrante y me acogisteis” lo convierte en el inmigrante por antonomasia, y acompaña a los migrantes en las rutas migratorias, en los CIE, en las deportaciones... Jesús en la Cruz les muestra una radical solidaridad.

Es tarea humanizadora para toda persona “ser hacedor de puentes de encuentro” entre personas, culturas, religiones y países, cada uno en su nivel de responsabilidad. En eso habrá que superar los miedos y el etnocentrismo siendo conscientes de que solo hay una única humanidad.

Ahora más que nunca: Verdad en migraciones

Antón Negro

lunes, 18 de septiembre de 2023

Greta Thunberg potenciando la esclavitud infantil

Cerca de 40.000 niños, solo en el Congo, trabajan esclavizados para que Greta Thunberg y otros niños europeos justifiquen que los autos eléctricos salvarán la Tierra del cambio climático.

No es tan simple, querida Greta, no es tan simple. Un sistema tan voraz como este capitalismo que nos ahoga, no se discute, ni se reformula, ni se le ponen tiritas para frenar la herida: se destruye para iniciar un nuevo mundo más igualitario. Querer es poder.

Ahora más que nunca: Conciencia

Mer Santiago

domingo, 3 de septiembre de 2023

Tener un poco de humanidad


España es el segundo país más longevo, después de Japón, con un promedio de vida de 82,1 años y donde el 34% de las personas mayores de 65 necesita ayuda.

¿Dónde están las políticas orientadas a las personas mayores? Por muy jóvenes que sean algunos de los que esto lean, todo se andará. Lo contrario, no llegar, no es deseable, así que, de llegar, llegar bien, con calidad de vida.

No olvidemos a nuestros dependientes ni a sus cuidadores y cuidadoras. Como dice una de estas, "la labor del cuidador es muy dura, incluso más que la hostelería, porque cuando trabajaba en esta, aunque sí es de las más duras, en el momento en que se acababa la jornada “desconectaba”, pero como cuidadora me ocupo las 24 horas diarias”.

Ahora más que nunca: humanidad

Mer Santiago

martes, 29 de agosto de 2023

La necesidad de consuelo

"Piedad" - Manolo Velázquez
Pintura "escucchando" la piedra
Jaime Nubiola

Hace un mes falleció inesperadamente mi hermana pequeña Eulalia. Tenía 64 años y gozaba de buena salud. Su corazón se detuvo al levantarse de la cama en la mañana del domingo 23 de julio. Para mí ha sido un golpe devastador del que, conforme pasan los días, poco a poco he ido recuperándome. La actividad me ha ayudado, por así decir, a anestesiar el dolor. También la oración. Además he podido estar una semana en Buenos Aires con ocasión de una reunión académica y he aprovechado para encontrarme con numerosos amigos argentinos.

Me ha llamado la atención cómo el compartir el dolor de la muerte de mi hermana con mis amigos y personas queridas, aunque traiga al presente la pena, alivia su intensidad al sentir el cariño y el apoyo de los demás. Probablemente sea esta una experiencia universal, pero cuando uno la vive en primera persona, en la propia carne o más bien en el propio corazón, se ilumina algo muy profundo de la condición humana. No somos islas, no podemos aislarnos con nuestro dolor a solas. Compartir nuestra pena nos alivia al unirnos a los demás, al estrechar los lazos afectivos con aquellas personas a quienes queremos.

Esta necesidad de consuelo no es debilidad, ni tampoco es amargar la vida de los demás. El que nos apoyemos afectivamente unos en otros es en un sentido muy profundo lo que nos hace humanos. Todos tenemos bien comprobado cómo los niños recién nacidos adquieren su humanidad al calor del cariño de sus padres. Algo parecido podría decirse de la muerte: el compartir la pena nos hace más humanos.

Como destacó el filósofo escocés Alasdair MacIntyre, los seres humanos somos animales racionales y dependientes, esto último, sobre todo, al comienzo y al final de la vida. Frente a la imagen individualista moderna del hombre aislado y solitario, el reconocimiento de que dependemos unos de otros es un logro formidable: el descubrimiento de que en nuestra vida social hay tanta interdependencia como puede haberla en una familia, ayuda a restaurar el sentido fraterno de una genuina vida comunitaria. No quiero tener una pena a solas: no solo necesito el consuelo de los demás, sino que los demás necesitan también que les deje adentrarse en mi pena y eso no solo alivia mi dolor, sino que también a ellos y a mí nos hace más humanos.

Nuestra sociedad tiende a ocultar el dolor o a privatizarlo, a considerarlo un asunto privado que quizás incluso puede gestionarse con medicación analgésica. Por el contrario, lo que estoy queriendo decir en estas líneas es que el compartir el dolor es también una forma de amor, pues convierte las relaciones afectuosas en verdaderas relaciones familiares, ya que en cierto sentido nos hace hermanos. Como se dice en las coplas de Jorge Manrique, «la muerte a todos iguala», nos ayuda a descubrir que somos vulnerables y que estamos muy necesitados de los demás.

En este sentido, los centenares de mensajes de condolencia y los diversos modos en los que tantas personas me han expresado su afecto y solidaridad no me han parecido en modo alguno un formalismo social vacío de sentido. Al contrario, me han parecido una maravillosa afirmación de nuestra común humanidad, de nuestra capacidad solidaria de compartir el dolor.

El día del fallecimiento de mi hermana venían con fuerza a mi memoria aquellos versos de Miguel Hernández en la muerte de su joven amigo Ramón Sijé "con quien tanto quería":

Temprano levantó la muerte el vuelo,
temprano madrugó la madrugada,
temprano estás rodando por el suelo.
No perdono a la muerte enamorada.

Nunca estamos preparados para la muerte de una persona querida, más todavía, como en el caso de mi hermana, si muere "antes de tiempo".

En medio del dolor he descubierto que el compartir la pena nos hace más humanos, más cercanos, mejores personas. La necesidad del consuelo nos ayuda a descubrir la hondura de nuestra común humanidad, de nuestra fraternidad.

viernes, 25 de agosto de 2023

BESOS, CANCIONES, RUBIALES Y OTROS ABUSOS Y LA LIBERTAD




“… puede usted besarla en la mano
O puede darle un beso de hermano
Asi la besará cuando quiera
Pero un beso de amor
No se lo dan a cualquiera”
Miguel Molina. El beso (1947)

Miguel Molina, tiene todo un tratado sobre el beso, en el famoso pasodoble, que tantas veces hemos cantado y bailado en las verbenas populares. Dice esta clásica canción “de verbena”, hablando de los diversos “besos”, “que un beso de amor, no se lo das a cualquiera”. El beso entrañable que inmortalizó Gustav Klimt, no puede ser un beso no consentido. La Oreja de Van Gogh, en la preciosa balada titulada “Rosas” (2003), también lo deja claro: “Me pediste que te diera un beso. Con lo baratos que salen mi amor ¿Qué te cuesta callarme con uno de esos?” De cajón. Evidente querido Rubiales. Un desastre de beso. Un beso que es un delito.

Y sobre todo si esa persona “no quiere”, “no lo desea” “no lo espera”… Queda claro que el beso de Rubiales es un intento fallido de beso de amor (o beso íntimo, o beso pasional, o beso erótico…), dado a destiempo, sin pudor, sin rubor… y sobre todo ¡sin licencia!, es decir, sin que la persona besada (la jugadora Jennifer Hermoso) lo permita, lo desee y lo admita. A eso se le llama “acoso”. Con todas las letras. Y más si viene de tu “jefazo”. Además (gracias a Dios, diría yo), en público, con todas las cámaras del país y de medio mundo enfocando, con cientos de periodistas como testigos… Vaya “patinazo”… Ni Pepe Gotera y Otilio harían una chapuza más desastrosa. Tan sólo superado, si me lo permiten citar, por aquel “beso de Judas”, que lejos de ser un gesto de ternura, respeto y amor hacia Jesús de Nazaret, resultó ser una contraseña para “prenderlo, juzgarlo, condenarlo y ejecutarlo”.

Más allá o más acá de todas las consecuencias que ese “beso de Rubiales” haya podido traer (dimisión o no dimisión; cese, juicio, críticas, burlas, “beso hasta en la sopa” aunque ahora -en medio de esta semana de ola de calor- mejor hay que decir “hasta en el gazpacho”, opiniones, artículos, crónicas, reportajes, entrevistas, posicionamientos públicos e políticos, presidentes de equipos, jugadores, analistas… en la prensa escrita, en la radio, en la tele, en las redes… ¡una pesadez!) , yo quiero reflexionar en alto sobre LOS BESOS NO DESEADOS QUE NO SE DAN EN PÚBLICO, NI A PERSONAS FAMOSAS…, los besos que ocurren en el anonimato, en la humillación de la víctima, en la angustia de quien se siente explotado(a), humillado(a), acosado(a), arrasado(a)… Todos sabemos que no son pocos. Y no sólo besos en la boca, sino manoseos intimidatorios, magreos asquerosos y violaciones indignas. Y todo un catálogo de prácticas, propio del arsenal de un depredador, que comienza por la boca (insultos, descalificaciones, vejaciones verbales), y termina con las retorcidas y variadas prácticas del psicópata.

Víctor Manuel San José tiene una preciosa canción de amor que si titula “A dónde irán los besos que guardamos, no damos”… (1994). Es una verdadera poesía que trata sobre “los besos” y “los abrazos” que se han quedado sin dar, los besos de aquellas parejas que iniciaron una relación y quedó cortada por la distancia, el tiempo y todo ese cúmulo de cajón de sastre al que llamamos “la vida es así”…

Yo, tirando de la ilustración de estas canciones de Miguel Molina y Víctor Manuel y aprovechando la coyuntura del acontecimiento que se ha hecho viral y social del famoso beso del “patán (remito al artículo de mi amigo J.M. Ferrera Cunquero en el periódico digital “La crónica de Salamanca” del 24 de agosto, ¡leanlo, por favor!) me pregunto:

¿Dónde irán los besos -abrazos, manoseos, relaciones sexuales, violaciones…) que se han dado sin permiso y sin luz y taquígrafos?, ¿dónde están esas relaciones sexuales cometidas sin desearlas en el más profundo anonimato, donde la única prueba es tu palabra contra la de tu agresor?... ¿Dónde se almacenan tantos episodios cotidianos de violencia de género, de homofobia, de mobbing (acoso laboral), de bullying (acoso escolar), de pederastia (acoso sexual al menor), de racismo… ¿O CUALQUIER TIPO Y FORMA DE ACOSO EN GENERAL A CUALQUIER SER HUMANO, personal o colectivamente?

Me temo, y sufro por ello, que muchas veces, las más, languidecen en el corazón solitario de la víctima y ahí se pudre para toda la vida, hasta la eternidad, que es la solución a todos los problemas. Sólo Dios sabe dónde van esos besos, esos abrazos, esos manoseos, esas violaciones no consentidas y no denunciadas y si denunciadas, no creídas.

Lo de Rubiales pasará… Se olvidará… Se recordará sólo de vez en cuando, pero como dice Ferreira Cunquero: “Pero una vez que te encabronas con el personaje, vuelves a visionar repetida la acción y caes en la cuenta de que tan despreciable hecho podría recordar a muchas, muchísimas mujeres víctimas de abusos a causa del dominio que da el poder, en cualquiera de los ámbitos sociales de la vida”.
Y como “consejos vendo que para mí no tengo (o no he tenido)”: termino con otras dos magníficas letras, de Amaral y Rozalén que nos invitan a la acción. Las canciones, (cuyos videos oficiales aconsejo visionar) “Salir corriendo” (de Amaral, 2002) y “La puerta violeta” (de Rozalén, 2017).

Amaral se hace (nos hace) muchas preguntas: ¿Cuántas lágrimas puedes guardar en tu vaso de cristal?... ¿Cuántos golpes dan las olas a lo largo del día en las rocas?, ¿Cuántos peces tienes que pescar para hacer un desierto del fondo del mar?, ¿Cuántas veces te ha hecho callar? ¿Cuánto tiempo crees que aguantarás? ¿Cuántas lágrimas vas a guardar en tu vaso de cristal?”. Para terminar, cantando con fuerza: “Si tienes miedo, si estás sufriendo, tienes que gritar y salir, salir corriendo. Si tienes miedo, si estás sufriendo tienes que gritar y salir, salir corriendo”.

Por su parte Rozalén entra dando voz a la víctima y a su angustia: “Tengo todo el cuerpo encadenado, las manos agrietadas, mil arrugas en la piel. Las fantasmas hablan en la nuca. Se reabre la herida y me sangra. Hay un jilguero en mi garganta que vuela con fuerza. Tengo la necesidad de girar la llave y no mirar atrás”. Pero finalmente nos cuenta un final precioso, de la angustia a la libertad: “Así que dibujé una puerta violeta en la pared. Y al entrar me liberé, como se despliega la vela de un barco. Desperté en un prado verde muy lejos de aquí. Corrí, grité, reí. Sé lo que no quiero. Ahora estoy a salvo”.Gracias a todos los que dan voz a las víctimas y las ayudan a hablar. Gracias a quienes las creen y las ponen en el centro. Gracias a todos los que abren las puertas de todos aquellos (as) que salen (salimos) corriendo. Contra gestos como el de Rubiales, seamos lúcidos para ver a los que no salen en las cámaras y de los que nadie habla.

Ahora más que nunca: Verdad

Policarpo Díaz Díaz. Sacerdote diocesano de Salamanca
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