La profesión se dejó de poner en el DNI a mediados de los 80 del siglo pasado, pues esta dejaba de ser fundamental para la inserción de la persona en la sociedad. Entonces se comenzaba a tener que realizar diversos trabajos durante la vida con frecuentes períodos de paro. Antes cada uno ocupaba un lugar en la sociedad desempeñando una profesión, era su aportación al común, lo que demandaba un sentido de profesionalidad, había motivos para exigirse a uno mismo y que te exigieran.
En enero de 2026 la UE firmó el acuerdo comercial con MERCOSUR y los medios anunciaban un mercado de más de 700 millones de “consumidores”, no decían de “trabajadores, profesionales, ciudadanos...”. En el pasado así se presentaron los acuerdos comerciales de la UE con otros países, o cuando se incorporaba a la UE un nuevo país se decía que sumaba consumidores al club europeo.
La economía actual necesita a la población más como consumidora que como productora de bienes. Esto se ve en hechos como:
-Dar a los jóvenes 400 € al cumplir 18 años para gastarlos en bienes culturales (en cultura de consumidor).
-Las ayudas a la juventud para viajar casi gratis por España y Europa.
-Viajes del INSERSO para jubilados con alojamiento en hoteles, balnearios... en temporada baja.
-“Vales” de compra organizados por ayuntamientos y asociaciones de comerciantes para comprar en ámbitos y tiempos determinados.
-Bonos turísticos que ponen en marcha las autonomías.
-Concursos de los medios de comunicación que incentivan el consumismo.
Todo ello con el fin de “adiestrar” en el consumismo y sostener negocios para incrementar la economía.
Tratar a la persona como consumidora es una primera agresión a su conciencia que le dificulta interrogarse sobre quién es y lo que está llamada a ser en diálogo con la sociedad, para que no reflexione sobre sus responsabilidades en la historia personal, familiar, social, política, económica y cultural. Paso a paso le dirigen la conciencia para que no sea protagonista de la historia en solidaridad, constructora de una sociedad más justa con sus semejantes, hacedora de puentes de colaboración con el próximo, pero sí sea un ser pasivo con más necesidades de consumo cada día. La publicidad le descubre nuevas “necesidades que no sabía que tenía”.
La cultura consumista provoca que el ser humano sea alienado (alien-ado, viva ajeno a sí mismo) y, por tanto, sea parte de una muchedumbre que se reúne en espectáculos de consumo masivo en el que crezca el ser manada, el gregarismo o en apariencia aislado pero atrapado “en las redes sociales” en el sentido más despersonalizado. Lo aleja de la reflexión y del diálogo en un compromiso político para conseguir el bien común.
El consumismo mira los seres humanos desde la perspectiva material y biológica. Cuando Viktor Frankl tenía 13 años su profesora de Historia Natural explicó en clase la tesis de que la vida de los seres vivos, incluidos los humanos, no era más que un proceso de “oxidación y combustión”. Él le preguntó con pasión: “entonces, ¿qué sentido tiene la vida humana?” En el evangelio la primera tentación que sufre Jesús de Nazaret en el desierto viene a ser la del consumismo, el materialismo, y la respuesta de Jesús es “no solo de pan vive el hombre”, pues este es un ser cultural, simbólico y espiritual.
La persona está llamada a trascenderse, a ser libre eligiendo entre las posibilidades existentes o creadas en cada momento y, por lo menos, puede decidir que postura existencial tomar ante lo que sucede inevitablemente. Las elecciones hechas pueden ser conscientes o inconscientes, rutinarias o pensadas, personales o de la masa, dialogadas o cerradas en uno mismo, las de menos coste o las que más humanicen, las de la propaganda y medios de comunicación o de la propia conciencia en busca de la verdad.
No es bueno admitir la degradación de ser considerados consumidores cerrados en lo material y zoológico. Seamos personas de conciencia corresponsables del destino de la sociedad y creadoras de justicia, paz y solidaridad, las que hacen que la sociedad cada día sea más humanizada y fraternal a imagen del Dios Trinitario, Comunidad en perfecta solidaridad.
La dignidad personal nos llama a vivir con responsabilidad y libertad ante la propia conciencia, los demás, la historia y Dios. Necesitamos recursos para vivir, pero lo que define la persona no son los bienes materiales consumidos, sino su actitud existencial y los valores que asume en su vida diaria.
Ahora más que nunca: SER PERSONA
Antón Negro
Antón Negro


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