jueves, 29 de enero de 2026
Medicalización, psiquiatrización y ecología - Jorge L. Tizón
miércoles, 28 de enero de 2026
Accidentes en una sociedad consumista

Si algún día llegáramos a vivir una sociedad comunitaria, amable y libre también habría accidentes. Sí, claro que habría accidentes. ¿Más, menos o igual? Date un momento para pensarlo si estas leyendo este escrito… Me parece que habría menos. Y menos despilfarro. Y menos derroche. Y menos dinero. Y menos… Pero también habría más. Más eficacia en el trabajo (o sea más trabajo en sentido de las leyes físicas), también más descanso, más solidaridad, más alegría. No solo allá lejos en la infancia nuestros mejores momentos fueron hacer cualquier cosa con otros. Eso pasa en la adultez también. Alguien dijo “el trabajo de los niños es jugar, el juego de los mayores es trabajar”.
El capitalismo ha logrado envilecer muchas cosas y una de ellas ha sido someter a los niños al consumismo. Todavía me río cuando cuento que a un niño que entre todos los tíos (el primer sobrino) le compraron un peluche que no cabía por la puerta (y entró por la ventana de una casa de planta baja en un pueblo pequeño de Salamanca) se llevaron la sorpresa de que Rubén prefería la caja. La caja hizo de casa, de barco y de todo lo imaginable. Al peluche solo le faltó llorar.
En familia y amistad cualquier juego es divertido. Es el sistema el que ha inventado, promovido y logrado hacer creer a muchos que para sonreír hace falta pagar. Y ahí se ha disparatado el turismo. Estoy cansado de ver vagar aburridos a los turistas por Las Palmas de GC. He visto que Salamanca se ha convertido en un auténtico parque temático. Todo caras largas. Pero me acerco al Parque de Cemento (el nombre ya lo dice todo) o a la cancha deportiva del barrio de al lado y veo chicos y chicas alegres simplemente jugando. La infancia no necesita a sus padres para ir a museos y menos a campos de futbol a cientos de kilómetros. Hay vida, cultura y deporte mucho más cerca. Resulta que -por ejemplo- lo que más contamina la ciudad de Barcelona son los cruceros. El consumismo (y no el ser humano) es el que perjudica al medio ambiente.
¿Cómo es posible que puedan volar con descuento las familias (o no familias) que van de Las Palmas a Madrid al teatro, al futbol, a pasar el fin de semana? ¿De dónde viene esta obsesión por entender que moverse es descansar? Mi hipótesis es que es la recompensa por dejarse explotar el resto del tiempo. Sí, lo he visto, personas que llevan una vida laboral cargada de tensiones y explotación que creen que la solución de eso es una simple compensación: “A mi me gusta que me sirvan”. Pero eso no arregla realmente nada. Solo alimenta al monstruo. No somos partidarios de clausurar a nadie en su pueblo. Libertad total. Pero libertad real. No llamemos libertad al toque de corneta del capitalismo.
Una vez preguntaron a Juan Pablo II qué hacía en su tiempo libre y contestó que todo su tiempo es libre. Eso hace pensar. Luego me fui fijando en que a los grandes mandatarios en sus viajes a veces (otras veces no) les preparaban visitas turísticas. A Juan Pablo II nada.
Imagino la difícil tarea de consolar a los que perdieron a alguien en accidentes. Saber que la culpa la tiene el capitalismo o el ministerio de Fomento, o los que se enriquecieron con las obras no creo que sirva de consuelo. Imagino que los más difíciles de consolar son aquellos que emprendieron viaje por algo innecesario. Será duro para aquellos que hasta desaconsejaron tal viaje. De lo ocurrido no sirve de nada culpabilizarse pero una sociedad adulta sí debe reflexionar sobre si moverse responde a una necesidad real o a una necesidad inducida por los que hacen negocio.
Ahora más que nunca: VERDADERO SOCIALISMO
Eugenio A. Rodríguez Martín
martes, 27 de enero de 2026
lunes, 26 de enero de 2026
A VUELTAS CON EL TIEMPO
A veces pregunto cuándo comienza el año y la respuesta común es el 1 de enero. También responden así los estudiantes, pero para ellos el año (curso) empieza en septiembre y finaliza en julio. Lo mismo sucede para los jugadores de deportes populares como el fútbol, baloncesto... mientras que para pilotos, atletas, tenistas... comienza en enero. Para los romanos el año comenzaba en marzo y finalizaba en febrero, de ahí que el séptimo, octavo, noveno y décimo mes sean septiembre, octubre, noviembre y diciembre. A los que eran quinto y sexto mes dos emperadores les cambiaron el nombre y le añadieron un día que quitaron al último mes, que quedó en 28, y así promovieron el llamado culto a la personalidad; se deduce que eran Julio César y Octavio Augusto. Para los judíos el año comienza en primavera con el mes de Nisán y el día 14 (luna llena) celebran la Pascua como vemos en el libro del Éxodo cap. 12, versículos 1 al 11.
Si le preguntamos por el comienzo del año a un musulmán devoto responderá que comienza con el mes de Muharram, que no tiene correspondencia exacta con ninguno de nuestros meses, pues su calendario consta de 12 meses lunares y, por tanto, su año dura unos 354 o 355 días (cada 33 años musulmanes se corresponde con 32 gregorianos). Así su famoso mes del Ramadán, el noveno, va rotando poco a poco por las diversas estaciones solares.
Hoy el mundo tiene en la base un calendario cristiano. El año empieza en el inicio del invierno y dura una vuelta completa de la tierra alrededor del sol, que son 365 días, 5 horas 48 minutos y 45,10 segundos. Por eso hay años bisiestos de 366 días. Es el calendario gregoriano (del Papa Gregorio XIII) que reformó el juliano (de Julio César) para adaptarlo al equinocio astronómico por llevar ya este un desfase de 10 días, según calculó la Universidad de Salamanca por petición papal. Del juliano jueves 4 de octubre de 1582 se pasó al gregoriano viernes 15 de octubre de 1582. Así Santa Teresa de Jesús murió el 4 de octubre y la enterraron el día siguiente, que fue el 15 del mismo mes y año.
El año, en vez de una vuelta completa alrededor del sol, podría ir de equinocio a equinocio o de solsticio a solsticio, de máxima cercanía a máxima cercanía o de máxima lejanía a máxima lejanía. Una vuelta completa alrededor del sol varía de los 88 días en Mercurio a los 60266 (165 años) en Neptuno... según lo que dura un día en la tierra, pero lo que dura una vuelta sobre sí mismo es diferente en cada planeta.
Hoy la vida de las sociedades está marcada por el reloj mecánico. Un invento de los monjes benedictinos en el siglo X para organizar el tiempo con la conciencia de que la vida es para Dios (Padre) y las personas (hermanos) según la máxima de Ora et Labora. De servir al Señor y a la comunidad, el artefacto fue degenerando para servir al capital con la máxima de time is money.... Es interesante leer lo que escribe sobre esto el estadounidense Jeremy Rifkin en el libro El sueño europeo (Paidós 2004. p. 139 a 149).
Al que cumple 30 años acostumbro decirle “bienvenido a la cuarta década de tu vida”. Este me responde que es la tercera la que comienza y hay que aclararle que la década de los 0 a los 10 años también la vivió. Si al que llega a los 60 le dices “bienvenido a la séptima década” es fácil que casi le dé un infarto.
Si me preguntan cuántos años tengo, respondo que lo no sé. Sí sé los que gasté, pero no los que me quedan y que seguiré gastando hasta que sea mi “paso”. Se gasta sin saber si ya están agotados como ilustra el libro más sabio, el evangelio. Tenemos el ejemplo del hombre que tuvo una gran cosecha y se le acabó la vida sin prepararse para rendir cuentas de ella (Lc. 12, 16-21). Los años que acostumbramos a decir que tenemos ya no existen, se gastaron, y de ellos solo podemos sacar enseñanzas y guardar recuerdos para no tropezar dos veces en la misma piedra.
Más que pasar los años, somos nosotros los que “pasamos” por la vida hacia el “paso” a la morada definitiva, en la que se nos hará y haremos la evaluación de si humanizamos o pusimos el corazón en las cosas materiales que ya no nos acompañarán. Volviendo al libro sabio: “Pues, ¿de qué le sirve al hombre haber ganado el mundo entero, si él mismo se pierde o se arruina?” (Lc. 9, 25).
Ahora más que nunca: libertad
Antón Negro
miércoles, 21 de enero de 2026
El primer contrato también va por clases
Meritocracia: ¡porque yo lo valgo!
14 enero 2025
Cuánto agradezco a la innovación tecnológica que hoy me permite acceder y estudiar textos que durante buena parte de mi vida me resultaban inalcanzables por no conocer idiomas como el inglés, el alemán o el chino. Hoy, gracias a estas herramientas, puedo leer investigaciones que cuestionan —con datos y evidencias— algunos de los grandes dogmas ideológicos de nuestro tiempo. Entre ellos, el de la meritocracia, convertida en coartada moral de desigualdades que siguen teniendo un profundo origen de clase.
Porque resulta curioso —y políticamente muy significativo— observar cómo determinados jóvenes bien situados socialmente, los hijos e hijas de “papá”, se presentan como ejemplo de esfuerzo y superación personal, repartiendo consejos de autoayuda profesional desde la cómoda plataforma de sus ventajas iniciales. Bajo ese discurso del “si yo lo he conseguido, tú también puedes” o del “porque lo valgo”, se ocultan redes familiares, apoyos económicos, capital cultural y oportunidades que no están al alcance de la mayoría. Y así lo que es privilegio se presenta como mérito, y lo que es estructura social se disfraza de biografía individual.
Por eso me resulta tan valioso poder acceder —aunque sea en inglés— a estudios como Who Rides Out the Storm? The Immediate Post-College Transition and its Role in Socioeconomic Earnings Gaps. Un trabajo que ilumina un momento decisivo y casi invisibilizado en el debate público: la transición inmediata entre la universidad y el primer empleo. Ahí, precisamente ahí, es donde la retórica meritocrática se confronta con la realidad material de las desigualdades y donde las condiciones de origen siguen marcando, de manera silenciosa pero decisiva, el rumbo del futuro.
El estudio sigue las trayectorias de decenas de miles de graduados de un gran sistema público universitario urbano de Estados Unidos durante los cinco años posteriores a su titulación. No se basa en percepciones, opiniones o encuestas; se apoya en registros académicos, datos socioeconómicos y salarios reales. Y lo hace con una pregunta muy concreta: si dos jóvenes han estudiado la misma carrera, en la misma universidad y con resultados académicos similares, ¿por qué, cinco años después, sus salarios pueden ser tan diferentes?
Para responderla los autores controlan los factores que solemos asociar con el “mérito”: notas, institución, itinerario académico, rendimiento previo. Es decir, ponen en igualdad de condiciones aquello que el discurso meritocrático suele considerar decisivo. Y a partir de ahí dirigen la mirada a un punto del camino que raramente recibe atención: el primer empleo.
Ese primer empleo no se mide solo por el salario inicial. Importa si el graduado tenía un puesto asegurado al terminar la carrera, el tipo de empresa en la que entra, el nivel salarial medio de esa empresa, el ajuste del puesto con el campo de estudios y el grado de estabilidad o precariedad de la inserción laboral. Dicho de otro modo, importa desde qué peldaño entras en la escalera.
El resultado es tan contundente como políticamente incómodo: cinco años después de graduarse, los jóvenes de origen acomodado ganan como mínimo un 12 % más que los de origen humilde, aunque hayan estudiado lo mismo, en el mismo lugar y con las mismas notas. La desigualdad no se produce en el aula: aparece después, en ese pequeño pero crucial tramo que separa la universidad del primer contrato.
Y hay un dato especialmente revelador: cuando se introducen en el análisis las características del primer empleo, la parte de la brecha salarial que quedaba sin explicar se reduce en casi dos tercios. Es decir, una parte decisiva de la desigualdad futura no procede del talento o del esfuerzo individual, sino de la posición social desde la que cada joven inicia su vida laboral.
Ahí es donde la meritocracia deja de ser teoría moral y se convierte en ideología justificadora.
Quien cuenta con respaldo familiar puede rechazar ofertas malas, permitirse meses de búsqueda, hacer prácticas mal pagadas mientras acumula contactos, esperar la oportunidad adecuada. Ese tiempo no es un sacrificio: es una inversión sostenida por un colchón económico y afectivo.
Quien no dispone de ese margen acepta lo que primero aparece. Y lo que aparece pronto, demasiadas veces, es un empleo peor pagado, menos estable o escasamente relacionado con la formación recibida. No es falta de ambición ni de mérito, es una urgencia material. Hay alquileres, facturas, responsabilidades familiares,…., pendientes. La necesidad empuja y la elección se convierte en imposición.
El problema es que ese primer empleo no se queda en el presente: se convierte en trayectoria. Un salario inicial más bajo supone progresiones más lentas, menor capacidad para cambiar de sector, menos redes profesionales. La desventaja deja de ser coyuntural y se vuelve estructural. Y entonces el relato del “so quieres, puedes” se transforma en una forma elegante de culpabilizar a quien nunca pudo elegir.
Porque hoy, más que medir méritos, el primer empleo clasifica destinos. Podríamos decir que la universidad forma. Que el mercado laboral jerarquiza. Y que el origen social, silencioso pero eficaz, ordena esa jerarquía.
Reconocerlo no es despreciar el esfuerzo ni negar el mérito. Es sacarlos del vacío y rebajar la inflamación de tantos egos que se exhiben en las redes sociales presumiendo —con gesto autosuficiente— “por que lo valgo”.
El orgullo de limpiar culos
Hoy volvió a sonar, con esa media sonrisa de superioridad:
«En el fondo, lo que haces es limpiar culos para ganarte la vida».
No es la primera vez. Ni la décima.
Por eso lo digo fuerte y sin bajar la mirada:
SÍ. Limpio culos.
Corto uñas de los pies que parecen fósiles de otra era. Desenredo cabellos que guardan meses de olvido. Visto cuerpos que ya no obedecen. Ducho personas que llevan demasiado tiempo sin sentir el consuelo del agua tibia. Les doy de comer cucharada a cucharada cuando las manos les tiemblan tanto que la comida termina en la barbilla. Hago todo eso y otras cien cosas que no caben en un tuit.
Y lo hago por personas que siguen siendo personas, aunque su cuerpo ya no les deje serlo como antes.
Pero claro, seguid reduciendo doce horas de empatía, técnica, paciencia y cariño a solo «limpiar culos». Es fácil. Provoca una risita rápida y barata.
Estoy harta del desprecio que esconden esas palabras.
No todos valemos para todo.
Yo, por ejemplo, jamás podría pasarme la vida sentada frente a una pantalla haciendo que unos pocos acumulen millones mientras otros pierden el techo. No podría vender humo con una sonrisa perfecta ni mentir por un bonus de fin de año. Y sin embargo, esos trabajos suelen venir con sueldos altos y palmadas en la espalda.
El mío, en cambio, parece quedar en el último escalón solo porque a veces incluye el culo de un adulto mayor.
A los que les parece tan gracioso: de corazón espero que nunca necesitéis que alguien os limpie el vuestro.
Lo deseo de verdad.
Pero la vida no pregunta opinión.
Un día puede llegar un ictus, una caída, una enfermedad degenerativa, la vejez implacable… y de repente estaréis en esa cama, vulnerables, dependiendo de unas manos ajenas.
Y os lo prometo: cuando ese día llegue, una de nosotras estará ahí.
Os limpiaremos con cuidado, con respeto, con profesionalidad.
Os hablaremos con cariño, os haremos reír si podemos, os miraremos a los ojos y nunca, jamás, os haremos sentir menos.
Dejaremos la habitación oliendo a limpio y la dignidad intacta.
Así que, por favor, dejad de usar «limpiaculos» como burla o como insulto.
Porque el día que estéis ahí tumbados, con el corazón acelerado y el orgullo herido, rogando en silencio que os traten como seres humanos y no como un estorbo…
en ese preciso instante entenderéis quiénes son los héroes de verdad.
Con la cabeza alta, los guantes bien puestos y el corazón en su sitio,
turno tras turno.
martes, 20 de enero de 2026
lunes, 19 de enero de 2026
Accidente y más que accidente
Cuando el trágico “accidente” de Spanair me sorprendió la portada del diario El Mundo apuntando a la crisis económica de la empresa como causante del “accidente”. Por entonces las compañías aéreas daban periódicos y al día siguiente Spanair dejo de dar el periódico El Mundo. Esas cosas no se perdonan. ¿Exageraba el periódico? No le pareció eso a buena parte de la ciudadanía. El periódico no negaba que concurrieran algunas circunstancias fatales, simplemente afirmaba el peso de los aspectos socioeconómicos en que estaba inmensa la compañía.
En este caso he visto en redes sociales que una doctora muy sensata ha publicado las noticias de prensa en que se venía advirtiendo de que esto podía ocurrir. Nos recuerda hoy Mónica Lalanda que en un post del 10 de septiembre del 25 dijo en X que “los maquinistas de los AVEs avisan de su preocupación: los trenes vibran y habría que disminuir la velocidad y los trenes pesan demasiado y hay un gran deterioro en las vías”. Recientemente respecto de la tragedia valenciana ha dicho Antonio Muñoz Molina: “No se dio la voz de alarma porque se acercaba un puente largo y no se quería perjudicar a la hostelería”.
El sistema económico capitalista alardea de eficaz pero no lo es. Lo que sí hace bien es responder a la demanda de los adinerados aunque sea de cosas superfluas porque no busca resolver necesidades sino hacer negocio. Cuando llegan los problemas los mismos partidarios de privatizar los beneficios son partidarios de socializar las pérdidas. Los incrementos en las cuentas de resultados de las empresas y de algunos particulares están en la raíz del deterioro de las infraestructuras. Parece razonable afirmar que tras la pandemia se ha dado un incremento de las comunicaciones de tal calibre que ha presionado todo.
Los responsables políticos y muchos otros actores sociales esto lo saben pero el extendido mantra de “no alarmar a la población” se convierte en la norma numero uno de todos. Algún día se vera el alto grado de paternalismo que hay en ello pero en estos momentos esto es difícilmente cuestionable.
Habrá quien piense que hablar hoy de esta manera y no limitarse al respeto por el dolor de las víctimas es una falta de sensibilidad. No lo creo. Quizá sea una forma de sensibilidad mayor, más consciente, más responsable. Decir esto no significa que no creamos que hay que analizar bien lo ocurrido. Todo lo contrario. Creemos que debe irse al fondo de la cuestión, sin dejar a un lado las estructuras económicas del mercado ni la responsabilidad del Estado y cada persona.
miércoles, 14 de enero de 2026
ROSA LUXEMBURGO - ANIVERSARIO
El 15 de enero del año 1919, Rosa Luxemburgo fue arrastrada por las escaleras, pateada y golpeada en el estómago. Malherida, la metieron en un coche y, tras ser abatida a tiros, fue lanzada al canal Landwehr de Berlín. No había cumplido los 50 años.
Sus últimas palabras fueron: Yo fui, yo soy, yo seré!
domingo, 11 de enero de 2026
Alice Thornton
Alice Thornton fue arrestada por lanzar una piedra a través de una ventana del parlamento en 1913. Su demanda: votos por las mujeres. Su sentencia: seis meses. Su respuesta: huelga de hambre. La respuesta de la prisión: alimentación forzada tres veces al día. Las correas de cuero la sostuvieron a una silla. Los guardias abrieron su mandíbula con abrazaderas de metal. Un tubo de goma fue metido por su garganta en su estómago. Se vertió comida líquida a través. Alice vomitó sangre durante semanas.
jueves, 8 de enero de 2026
¿Dónde estás? Carta de una madre a su hijo migrante.
Extracto publicado por Por Aurora M. Alcojor - 8 septiembre, 2014.
Mad people are good people. Scoundrels are not.
Juan Gérvas (MD, retired rural general practitioner, CESCA Team, Madrid, Spain, former professor of public health, Johns Hopkins University, Baltimore, USA) and
Mercedes Pérez-Fernández (specialist in Internal Medicine and retired rural physician) CESCA Team, Madrid, Spain.
jjgervas@gmail.com mpf1945@gmail.com www.equipocesca.org @JuanGrvas @juangrvas.bsky.social
“Trump is crazy” is a reassuring, simple, and false explanation!
It is common to label political figures and leaders as “psychopaths,” “crazy,” or “mentally ill,” without further explanation. This is heard and read used to describe, for example, Donald Trump, Christine Lagarde, Ursula von der Leyen, Benjamin Netanyahu, Emmanuel Macron, Javier Milei, etc.
These are impoverished narratives that, when examining the world's disorder, focus on a single personal explanation: "S/He's crazy." And when referring to collectives, it's more of the same: more unreasonable impulses, more "dark forces," more delusion and mental disorder as explanations, for example, for the violence of sports fans, fascists, law enforcement, Israeli pilots and soldiers, etc.
These interpretations, besides being false, are offensive to those who truly suffer from mental illness, because such political leaders and violent groups don't suffer in "the exercise of their madness." On the contrary, they revel in their wickedness, they delight in the harm they cause, they act with fanaticism, indecency, and provocation.
"Trump is crazy" is a reassuring, simple, and false explanation!
This is a situation fostered by neoliberalism
If someone attains power and resorts to political obscenities, indecent language, and imperialist and fanatical decisions, if they pursue a colonialist and racist agenda, it is not a mental disorder but a situation fostered by the unbridled capitalist structure, neoliberalism, as Frédéric Lordon and Sandra Lucbert analyze in their book "Drive": "Fascism does not 'start with madmen,' fascism begins with structures. Socio-historical structures determine which instinctual drives are permitted, they distribute permissions, and in doing so they favor the trajectory of certain psychic structures — those that are best suited to exercise these permissions, with all the more vigor as they receive the full endorsement of an order of domination. We can therefore go so far as to say that social structures select the psychic structures that are appropriate to them"1.It is not the leaders who run amok, but rather the structures that enable these excesses and, above all, legitimize them.
Capitalism has achieved a deregulation that allows it to do absolutely everything and promotes dehumanized leaders who are satisfied with unchecked power, so they can have others at their service.
Deregulated capitalism has increased economic power through the control of the media, social networks, and the "parties apparatus," and consequently, through the manipulation of democracy.
Furthermore, it has manipulated the system to promise unrestrained gratification of personal and collective impulses.
These are not unexpected aberrations; they are perfectly predictable
Leaders like Trump and Netanyahu are not an aberration but the expected expression of a regime where mediation collapses, where the state merges with the leader's desires, and where obscenity becomes a legitimate political response.
Thus, the “madness” of accusing of terrorism anyone who writes or shouts “Long live free Palestine!”, or the Big Brother-style control of social media to maintain an official narrative on “thorny issues” such as the US siege of Venezuela or apartheid and genocide in Palestine.
In reality, it is not “madness,” but a perverse mechanism connected to institutions that promote and authorize excesses “above” (leaders) and “below” (violent groups).
We tend to accept that illness justifies everything; it's the progressive medicalization of daily life, including, in this case, the overwhelming presence of scoundrels among the leaders (at the top) and violent organizations (at the bottom). They aren't sick. They are scoundrels, selected, promoted, and legitimized in their actions.Politicians are usually scoundrels, not psychopaths or the mentally ill Politicians often represent the dregs of society, the worst of humankind, since they are capable of enduring the unspeakable for years in order to satisfy their ambition for power.
The structure of political parties (“the machine”) controls the flow of candidates and only promotes those who are corruptible, insensitive, manipulable, obscene, and cunning.
Economic and political structures select and promote these scoundrel leaders.
It's not that all politicians are scoundrels; it's that scoundrels have more opportunities in politics because capitalism needs them and political parties promote them.
In other words, good people have little chance of rising to power. Some succeed, but it's rare.
Not all politicians are the same, of course
Not all politicians are the same, of course. Some, as we've already said, are not scoundrels. In any case, it's very unfair to label the scoundrels who govern us as psychopaths, crazy, or mentally ill.
They don't suffer from any mental affliction.
They are, simply, bad people (like those who went into politics "to line their pockets"). They put their obscene ambition above any ethics or values, and they sustain their ambition by fulfilling the mandates of those who possess wealth.
They are not psychopaths, they are not crazy, they are not mentally ill.
They are bad people.
They are shameless.
They are wretched.
They are criminals.
They are scoundrels.
They are not psychopaths.
They're not crazy, they're not mentally ill.
They're people selected by the economic and political structures which facilitate the ever-increasing enrichment of the elites, with contempt for all rights, solidarity, and compassion.
Difficult times
We live in “difficult times,” in the words of Teresa of Ávila, referring to the danger of the Inquisition in Spain in 1559 (in her autobiography “Life of Mother Teresa of Jesus,” chapter 33), to the atmosphere of suspicion that surrounded her freedom to speak of God and her mystical experience: “They came to me with great fear to tell me that difficult times were upon us and that I might be arrested and taken to the inquisitors.”
Currently, times are also difficult, as everything is justified by the “war on drugs” and the “fight on terrorism,” including political obscenities and imperialist decisions that attempt to justify themselves through the madness of leaders.
The same applies to the excesses of, for example, the Israeli military, the “law enforcement” forces, football hooligans, and other similar groups. It's not madness, no, it's the structure of unchecked capitalism.
Please don't label scoundrels (bad people) as psychopaths, or crazy, or mentally ill. The mentally ill suffer. The mentally ill are good people.
[1]Frédéric Lordon & Sandra Lucbert. Psychés débridées pour capitalisme déchaîné. https://www.monde-diplomatique.fr/2026/01/LORDON/69186Unbridled psyches for unbridled capitalism. https://communispress.com/unbridled-psyches-for-unbridled-capitalism/
Los locos son buenas personas. Los canallas, no.
Juan Gérvas (Doctor en Medicina, médico general rural jubilado, Equipo CESCA, Madrid, España, exprofesor de salud pública, Universidad Johns Hopkins, Baltimore, Estados Unidos) y Mercedes Pérez-Fernández (especialista en Medicina Interna y médica rural jubilada) Equipo CESCA, Madrid, España.
jjgervas@gmail.com mpf1945@gmail.com www.equipocesca.org @JuanGrvas @juangrvas.bsky.social
“Trump está loco”, es explicación tranquilizadora, simple ¡y falsa!
Es frecuente tildar a personajes y dirigentes políticos de “psicópatas”, “locos” o “enfermos mentales”, sin más. Se escucha y lee para calificar, por ejemplo, a Donald Trump, Christine Lagarde, Ursula von der Leyen, Benjamin
Netanyahu, Emmanuel Macron, Javier Milei, etc.
Son discursos pobres que al examinar el desorden del mundo se centran en una única explicación personal: "Está loco". Y si se refiere a colectivos, más de lo mismo, más impulsos irrazonables, más “fuerzas oscuras”, más desvarío y trastorno mental como explicación, por ejemplo, de la violencia de los “hinchas” de equipos deportivos, de los fascistas, de las “fuerzas del orden”, de los pilotos y soldados israelíes, etc.
Estas interpretaciones, además de falsas, son ofensivas para quienes de verdad sufren por enfermedad mental pues tales dirigentes políticos y tales grupos violentos no sufren en “el ejercicio de su locura”, al contrario, disfrutan con su maldad, se regocijan con el daño que provocan, se ensañan con fanatismo, indecencia y provocación.
“Trump está loco”, es explicación tranquilizadora, simple ¡y falsa!
Se trata de una situación promovida por el neoliberalismo
Si alguien logra el poder, y recurre a obscenidades políticas, palabras indecentes y decisiones imperialistas y fanáticas, si cumple una agenda colonialista y racista, no se trata de una alteración mental sino de una situación promovida por la estructura capitalista desbocada, el neoliberalismo, como analizan en su libro “Pulsión”, Frédéric Lordon y Sandra Lucbert: “El fascismo no empieza con locos, empieza con estructuras. Las estructuras sociohistóricas determinan qué impulsos instintivos se permiten, distribuyen permisos y, al hacerlo, favorecen la trayectoria de ciertas estructuras psíquicas, aquellas más aptas para ejercer estos permisos, con mayor vigor cuanto más reciben el pleno respaldo de un orden de dominación. Por lo tanto, podemos llegar a decir que las estructuras sociales seleccionan las estructuras psíquicas que les resultan apropiadas[1].
No son los líderes los que se desmandan, sino son las estructuras las que hacen posible estos excesos y, sobre todo, los legitiman. El capitalismo ha logrado una desregulación que le permite todo, absolutamente todo, y promueve líderes deshumanizados que se satisfagan con el poder sin control, para tenerlos a su servicio.
El capitalismo desregulado ha aumentado el poder económico a través del dominio de los medios de comunicación, de las Redes y del “aparato de los partidos” y, por consecuencia, de la democracia. Además, ha manipulado para prometer la gratificación sin contención de los impulsos, personales y colectivos.
No son aberraciones inesperadas, son perfectamente esperables
Los líderes como Trump y Netanyahu no son una aberración sino la expresión esperable de un régimen donde la mediación se desmorona, donde el Estado se funde con los deseos del líder y donde la obscenidad se convierte en una respuesta política legítima. Así, la “locura” de acusar de terrorismo a quien escribe o grita “¡Viva Palestina libre!, o el control tipo Gran Hermano de las Redes para mantener una narrativa oficial de “asuntos espinosos” como el asedio estadounidense a Venezuela o el apartheid y el genocidio en Palestina.
En realidad no es "locura", sino un mecanismo perverso conectado a instituciones que promueven y autorizan desmanes hacia “arriba” (líderes) y hacia “abajo” (colectivos violentos).
Pretendemos aceptar que la enfermedad justifica todo, la progresiva medicalización de la vida cotidiana, incluyendo en este caso la presencia abrumadora de canallas entre los líderes (por arriba) y las organizaciones violentas (por abajo). No son enfermos, no. Son canallas seleccionados, promovidos y legitimados en sus acciones.Los políticos suelen ser canallas, no psicópatas ni enfermos mentales. Los políticos suelen representar a la hez de la sociedad, a lo peor del género humano, ya que son capaces de aguantar lo indecible durante años con tal de colmar su ambición de poder.
La estructura de los partidos políticos (“el aparato”) controla el flujo de candidatos y sólo promueve a quienes son corrompibles, insensibles, manipulables, obscenos y taimados.
Las estructuras económicas y políticas seleccionan y promocionan a los líderes canallas
No es que todos los políticos sean canallas, es que los canallas tienen más posibilidades en política pues el capitalismo los necesita y los partidos los promueven.
Es decir, las buenas personas tienen pocas posibilidades de promoción para llegar al poder. Alguna lo consigue, pero es infrecuente lograrlo.
No todos los políticos son iguales, por supuesto. Algunos, ya lo hemos dicho, no son canallas.
En todo caso, es muy injusto calificar de psicópata, loco o enfermo mental a los canallas que nos dirigen. No tienen ningún sufrimiento mental. Son, simplemente, malas personas (del estilo de aquel que se metió en política “para forrarse”).
Ponen su obscena ambición por encima de cualquier ética y valor, y su ambición la sostienen cumpliendo los mandatos de quienes poseen la riqueza.
No son psicópatas, no son locos, no son enfermos mentales
Son malas personas.
Son sinvergüenzas.
Son miserables.
Son criminales.
Son canallas.
No son psicópatas, no son locos, no son enfermos mentales.
Son personas seleccionadas por las estructuras económicas y políticas para facilitar el enriquecimiento creciente de las élites con desprecio a todo derecho, solidaridad y ternura.
Vivimos “tiempos recios”, en palabras de Teresa de Ávila para referirse al peligro de la Inquisición en la España de 1559 (en su autobiografía “Vida de la Madre Teresa de Jesús”, capítulo 33), al ambiente de recelo que rodeaba su libertad para hablar de Dios y su experiencia mística: «Iban a mí con mucho miedo a decirme que andaban los tiempos recios y que podría ser me levantasen algo y fuesen a los inquisidores».
En la actualidad también los tiempos son recios pues todo lo justifica la “lucha contra las drogas” y la “lucha contra el terrorismo”, incluyendo las obscenidades políticas y las decisiones imperialistas que pretenden justificarse por la locura de los líderes. Lo mismo cuenta para los desmanes de, por ejemplo, los militares israelíes, las fuerzas de “orden público”, los “hinchas” y otros grupos similares.
No es locura, no, es la estructura del capitalismo sin control.
Por favor, no tildes a canallas (malas personas) de psícópatas, ni de locos, ni de enfermos mentales. Los enfermos mentales sufren. Los enfermos mentales son buenas personas.
[1] Frédéric Lordon & Sandra Lucbert. Psychés débridées pour capitalisme déchaîné. https://www.monde-diplomatique.fr/2026/01/LORDON/69186 Unbridled psyches for unbridled capitalism. https://communispress.com/unbridled-psyches-for-unbridled-capitalism/











